Y falta lo bueno

Por Federico Guevara

El efecto del gasolinazo ha resultado tan sólo una excelente herramienta de presión por parte de diversos grupos en el país, los cuales al grito de ¡bajen los combustibles! aprendieron en un dos por tres que el nivel del tolerancia de la sociedad mexicana es mínimo y la mecha fue por demás sencillo encenderla.

Otros, los empresarios, habilidosos en estos menesteres de nadar de pechito, incrementaron sus costos, los cuales se estima serán del orden del 8 por ciento, y los gritos de oposición en contra del Gobierno federal se limitaron a captar titulares en los medios de comunicación, pero de ahí en adelante nada más pasó o pasará con los precios de las gasolinas, la entrada en vigor de las reformas y ese nuevo rostro con gasolinas libres a las que nos tendremos que acostumbrar.

Pero, ¿qué pasa en realidad con nuestro petróleo, aquel que en el año 2012 costaba 103.96 dólares por barril? Simplemente que cada vez la mezcla mexicana es más requerida por los países que sí cuentan con refinerías, así de simple.

Recordemos que a partir de este 1 de enero entró en vigencia el recorte de producción acordado por la OPEP.

Como era de esperarse, los mercados internacionales abrieron con un aumento en el precio. Los dos principales crudos marcadores (los que sirven de referencia en las fórmulas para la determinación del precio) abrieron en alza.

El crudo europeo Brent (del Mar del Norte) se ubicó en $57.15 por barril y el crudo WTI de Texas alcanzó $55.08 por barril. La mezcla Venezolana se ubicó en los $45.66 y la mezcla Mexicana cotiza a $43.46 dólares por barril.

En pocas palabras, la estrategia de la OPEP al reducir su producción es forzar un aumento de sus mezclas. El problema no es esperar a que esta estrategia de la OPEP nos beneficie, en el entendido que ni miembros somos. Integrantes como Venezuela, quienes dejaron de ser atractiva su mezcla para los Estados Unidos al cambiar su fórmula con sus nuevas refinerías, ahora se ve obligada a recortar su producción en 95 mil barriles diarios, simple y sencillamente porque ya no tiene mercado su mezcla alta en azufre, por lo que se ve obligada a importar crudo del tipo WTI para diluir sus crudos y producir sus gasolinas en refinerías que ya están a punto de tronar, lo que ha generado la crisis en aquel país.

En el contexto internacional esta redirección de estrategias señala a la vez el dirigir acciones al famoso “fracking”, el cual, al menos en México, puede beneficiarse y no tardará en ser tema o bandera de lucha social, aunque sea sólo para gritar y protestar.

Resulta, y esta información la generó el investigador y experto en el tema José Hardy, quien asegura que frente a la caída del petróleo en los últimos años, las inversiones en “fracking” se habían reducido. Sin embargo, debido a los recortes de la OPEP y su efecto en los precios, ya comenzó a aumentar el número de taladros dedicados a esta actividad en los EU.

Entre el 2013 y el 2016 el costo de producción en las principales cuencas: Eagle Ford (Texas), Bakken (Dakota del Norte), Niobrara (Colorado y Wyoming), Permian Delawere (Texas) y Permian Midland (Texas) se ha venido reduciendo desde un máximo cercano a los 100 dólares por barril, hasta un promedio que oscila en torno a los 35 dólares y en algunos casos baja hasta 27.

La tendencia a la caída en el costo por barril se mantiene.

Recientemente el US Geological Service (USGS) anunció el descubrimiento del mayor yacimiento de petróleo de lutitas en los E.U., el Midland Wolfcamp, ubicado en Texas, cuyas reservas se estiman en unos 20 mil millones de barriles de petróleo y 16 billones de pies cúbicos de gas natural, con un valor estimado de 900 mil millones de dólares.

Parece obvio que el “fracking” ha introducido cambios estructurales en los mercados petroleros al imponer un techo a los precios. Los aumentos de precios derivados de una política de recortes de producción que la OPEP parecía haber abandonado desde hace algunos años, constituyen el mayor estímulo que se le puede dar a las inversiones en “fracking”.

Su reactivación conducirá a una nueva saturación de la oferta petrolera y a sacar del mercado a los productores con mayores costos.

En pocas palabras, es México un país petrolero que no supo cómo consolidar su economía y esta industria, que desde el 18 de marzo de 1938 a la fecha no logró crear una infraestructura sólida ante estos nuevos escenarios.

Ahora, con el tema del “fracking”, sus altos costos y reformas que permiten la perforación profunda, poco podremos hacer para pensar en la ahora utopía de que el petróleo de México es de y para los mexicanos.

Del 1 de enero en adelante el futuro será la perforación profunda a la que participarán otros capitales, no la industria petrolera mexicana, es decir, Pemex está viviendo sus últimos días y tan sólo veremos cómo el libre mercado, la competencia entre productores y los alquimistas de las mezclas decidirán qué gasolina se usará en un globo terráqueo sobreexplotado, a no ser que las nuevas tecnologías comiencen a ser liberadas por los mismos capitales que las mantienen frenadas por décadas.

Por eso insistimos... y falta lo bueno.

Por Federico Guevara

Por: Gerardo Aguilar
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