Juez y verdugo

Columna | Gajes de la Vida

Alicia Soto

Correo: alysotoc@gmail.com

Facebook: @alysotopsicologa

Tener ideas y criterio propio, son vitales para el desarrollo personal. Son las diferencias individuales  lo que nos hacen únicos; sin embargo, hay ocasiones en las que creemos que nuestro punto de vista es objetivo y lo defendemos con puños y dientes, cuando en realidad está cargado por experiencia y creencias personales, lo que inmediatamente lo hace subjetivo.

Tenemos la falsa idea, de que nuestros conocimientos (teóricos, técnicos, pragmáticos, etc.) son los únicos aceptables,  y está bien, porque para ti son útiles; lo que no está bien, es creer que nuestro interlocutor tiene que creer lo mismo que nosotros creemos, tener las misma prioridades, o los mismos gustos; cuando no es así.

Tendemos a juzgar duramente a aquellas personas, que tiene una idea diferente de cómo se debe vivir; cuando olvidamos que no siempre supimos lo que sabemos ahora y que al mismo tiempo ignoramos muchas cosas; que nuestras malas experiencias cambiaron nuestra perspectiva de la vida y que nuestros buenos momentos, endulzaron nuestros pasos; y de igual manera olvidamos que los demás no han vivido nuestra vida y por tanto, no tienen la misma perspectiva de la misma.

Condenamos a aquellas personas que actúan diferente a nosotros, ante diversos sucesos, cuando no todos tenemos las mismas habilidades, fortalezas y aptitudes. Forzamos a los demás (hijos, parejas, hermanos, amigos, etc.) a actuar de cierta manera, limitando su libre albedrio, su creatividad, su esfuerzo, su criterio, terminamos desvalorizando y  frustrando a la persona que está a nuestro lado.

Quizás no estemos de acuerdo con la manera de ser de los demás, con sus creencias u opiniones ¿y sabes qué?, está bien; no tienes que estar de acuerdo con alguien en algún tema; pero sí, en su derecho a pensar diferente. Pensar diferente no te hace mala persona, pero forzar a los demás a pensar como tú, sí.

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Alicia Soto

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El negocio de los uniformes... sí es negocio

Como se recordará, en días pasados el gobernador Javier Corral convocó a una reunión de gabinete, el la cuál estuvo incluso su representante en la Ciudad de México el dr. Agustín Basave, quien por cierto echó buenos bostezos en esa junta, donde la mayoría de los asistentes fueron captados jugando con su celular, chateando en el whatsapp mientras su jefe, el titular del ejecutivo daba instrucciones. 

También se recordará así mismo que uno de los puntos que se dio a conocer de manera pública fue que se había decidido que del presupuesto destinado a la manufactura de uniformes, el 30% fuera para empresas locales.

El dato no habría sido ni medianamente trascendente de no ser porque el propietario de una firma de uniformes con sede en Aguascalientes, vino a Chihuahua y por órdenes superiores ¿de quién? saque usted sus conclusiones, fue atendido por tres secretarios del gabinete, a quienes propuso encontrar a 40 artesanos locales que realizan hechura de uniformes... cosa curiosa porque en Chihuahua las empresas de este rubro están muy localizadas y no llegan ni a diez, a pesar de aquellas que son micro empresas.

El dato es sobresaliente porque el presupuesto para hacer uniformes es de 160 millones de pesos, lo que llamó la atención del sector empresarial de Chihuahua porque sonó muy extraño que se le diera una atención de esa manera a un tipo que, proviniendo de Aguascalientes, se llevaría al bolsillo más del 70% del presupuesto para uniformes, cuando de manera local y con la participación de empresas muy preparadas en el ramo, con gente que elaboran uniformes con gran calidad en ese tipo de proveeduría...

Así que un contrato millonario, que se gesta bajo esas circunstancias con la anfitrionía de tres secretarios de Estado a un empresario hidrocálido, llama bastante la atención y por supuesto a la suspicacia.

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