Me ganó Lord Peanuts

Sin sesgo
Arq. Mario C. Contreras Figueroa

Estaba a punto de terminar mi colaboración de esta semana cuando sale la nota de que se cancela indefinidamente la aplicación de aranceles a productos mexicanos que entren a los Estados Unidos.

Si nos quedamos ahí, es un triunfo de la diplomacia mexicana (cualquier cosa que eso signifique) pero, siendo realistas, es el costo de seis meses de decisiones irresponsables y viscerales por parte del desgobierno de AMLO.

Inaudito que lo más importante de la negociación no fue el fondo, sino la frivolidad de un funcionario comiendo cacahuates en la mesa.

Ahora los mexicanos tendremos que acoger no solo a los migrantes ilegales que crucen por nuestra frontera Sur, sino también darles techo, alimentación y servicios a los que ya se encuentran en el país y que, con toda seguridad, no van a cruzar al vecino país del Norte.

Diría que habremos de buscarles trabajo pero, para el peje, esto no es importante, solo hay que repartirles dinero. Dinero que se va a dejar de invertir en mejores condiciones de vida para los mexicanos.

Ya no solo es que se hayan tirado a la basura los recursos del gobierno -que, a final de cuentas son de los ciudadanos- al cancelar la construcción del aeropuerto de Texcoco a cambio de uno inventado sobre las rodillas a más de dos horas de la ciudad de México, sin estudios técnicos ni nada.

O la ocurrencia de construir una refinería o un tren fantasma.

O cancelar recursos para la construcción de hospitales y dotarlos de medicamentos.

O cancelar el seguro popular.

O destinar 500 millones de pesos para la promoción del béisbol, nada más porque al viejito le gusta.

O los 300 millones de pesos que, hasta ahora, han costado los migrantes.

O pensar en cuestiones tan trascendentes como el que los niños puedan usar falda en lugar de pantalón en las escuelas de CDMX (bueno, esta tontería es del gobierno local de Claudia Chairobaum pero, igual, aplica).

O bailar la danza de la lluvia, o del venado, o volar en vuelos comerciales porque el presidente y su gabinete deben de ser austeros, aunque le den en la torre a todos los mexicanos que tienen que tolerar malos tratos, retrasos, romances cursis, cancioncitas tan chafas que ni a Juangabriel se le hubieran ocurrido, cantadas con voz aguardentosa.

O aguantar que nos digan fifís nada más porque usamos la cabeza para otra cosa que no sea criar piojos.

O reclamarle al rey de España los malos tratos que nos da cuando ni siquiera nos tiene en el radar.

No.

Ahora la ocurrencia es que tenemos que pagar cada vez que alguno de sus brillantes pensamientos truena, como petardo de feria de pueblo, porque no se sostienen con nada.

Un gobierno de ocurrencias, de repartir dinero que no tiene.

Un gobierno que mira al pasado y no al futuro, al que no le interesa más que el pan y el circo. Que tiene contentos a sus seguidores por las promesas de que les van a dar cinco pesos de domingo, si se portan bien.

No, no pienso dejar de consumir mercancías y servicios de empresas gringas, como represalia. No veo la razón si ellos, igual que nosotros los mexicanos, nos esforzamos todos los días por ofrecer lo mejor a nuestros clientes.

Tampoco voy a hablar mal de Trump, por lo menos en el tema de los aranceles y su exigencia de que México controle el flujo de centroamericanos indocumentados. Es su país y a nadie le gusta que lleguen desconocidos a su casa, queriendo tirar la puerta a golpes y exigiendo algo a lo que no tienen derecho.

Lo que sí voy a decir es que esta situación de los aranceles a los productos mexicanos se debió, sin ninguna duda, a la actitud irresponsable e indolente del gobierno mexicano.

Con quien debemos de tomar represalias es con el señor López y todo lo que representa. Está destruyendo todo lo bueno que hemos construido los mexicanos.

No pensé que iba a decir esto alguna vez en mi vida, pero extraño a los gobiernos corruptos del PRI.

No pudieron los mexicas, no fueron suficientes trescientos años de Colonia, dos imperios, dos dictaduras (la de Juárez y la de don Porfirio) una revolución que no fue revolución, porque siguieron los mismos, con las mismas mañas y diferentes caras. Setenta años del PRI y doce del PAN.

Enrique Peña Nieto parece un genio, comparado con este gobierno. ¿Quién lo iba a pensar?

Han bastado seis meses para destruir todo lo que teníamos y todavía hay quien esté contento con AMLO.

Es increíble, ni Rulfo lo hubiera podido concebir, ni quiera Walt Disney.

Ningún presidente había despertado tantas reacciones entre los mexicanos. Nunca en el primer año de su mandato y nunca tan negativas.

Muchas son de burla por su ignorancia, sus prejuicios y sobre todo, por su pensamiento retrógrada. Por preocuparse por nimiedades y por despilfarrar los recursos del pueblo en una serie de tonterías. Estupideces tales como quitarles a los que trabajan para darles a los que no hacen nada, sólo con el fin de mantenerlos contentos.

Otras son tan graves como desearle la muerte o, por lo menos, una súbita desaparición de la faz de la tierra, muerto o no. Con todo y su gabinete INAPAM.

Por increíble que parezca, su popularidad, aunque no en ascenso -obviamente- sigue estando alta. Por lo menos esos son los datos que ellos dicen tener.

Siguen teniendo la esperanza de destruir a los ricos opresores para crear una nación de desarrapados pero, eso sí, muy dignos y muy repartidos de billetes. Todavía no se dan cuenta de que, si la economía cae, no va a haber recursos para regalar.

Mucha gente sigue creyendo que los empresarios, de todos los tamaños, se hacen ricos a costa de ellos.

Muchos creen que los servicios de salud y educación los paga el gobierno de su bolsa. ¿Cuál bolsa?

Esta dictadura, que apenas empieza, nos llevará rápidamente a lo que en Venezuela tardaron tantos años en llegar, si no hacemos algo.

Pero la solución no está en Starbucks o en Walmart. La solución está en detener al mal gobierno. Si no se aprueba la revocación de mandato, detenerlo en las elecciones intermedias para debilitarlo antes de que llegue el 2024.

Porque ya ni siquiera nos queda irnos de indocumentados. Vamos detrás de los centroamericanos.

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