¿No que no?

Diacrítico Chihuahua
Jorge Camacho Peñaloza

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, declara con un fervor nostálgico de otros tiempos, que es anti-imperialista, proclama con la devoción que exige la actualidad su anti-neoliberalismo.

Germán Martínez, en su carta-renuncia, exhibía el neoliberalismo del Secretario de Hacienda de la administración Federal. Donald Trump, un día sí y otro también, felicita a su homólogo mexicano por su imperialismo. Así las cosas, el antimperialismo y el anti-neoliberalismo de López Obrador son sólo consignas para amenizar las mañaneras, sin otra consecuencia que negar con palabras lo que acredita en los hechos.

Lo importante no es que Andrés Manuel sea anti-imperialista, que no lo es según Trump, ni siquiera que sea anti-neoliberalismo, sino que lo diga. Lo cual no es novedad porque es la estrategia preferente de la 4T. En lo que se refiere a discurso, la 4T no puede ir mejor, el presidente ha cumplido casi todas las promesas de campaña: el país es seguro, la economía más sólida que nunca, se ha rebajado el índice de pobreza, la Fiscalía General es independiente, hay estricta separación de poderes, las becas llegan con puntualidad marcial a ninis y adultos mayores, etcétera. En los hechos no sucede nada de esto. El ciudadano tiene que optar por una realidad u otra; por la que le presenta el presidente o por la que vive diariamente.

En tanto que anti-neoliberal es contradictorio que niegue al liberalismo al mismo tiempo que habla de libertad. El neoliberalismo reside en la libertad de los ciudadanos a la hora de adoptar sus decisiones sin intervención gubernamental. Reducir el neoliberalismo a una práctica económica es ignorar qué es. Una consecuencia del ejercicio de la libertad es el libre mercado. Negarlo es renunciar a la libertad de los ciudadanos. Sólo puede negar la libertad quien no cree en ella como sucede con los autoritarismos, pero no porque en sentido estricto no la reconozcan sino porque esa misma libertad pone en riesgo su ejercicio del poder. No se puede estar en contra del liberalismo y defender la libertad, a no ser que ambas, su afirmación y su negación, sólo coexistan en las palabras como es el caso.

Más interesante es el imperialismo o anti-imperialismo de López Obrador que en su discurso son lo mismo según convenga uno u otro. En campaña, Andrés Manuel se cansó de repetir que Trump tendría en su persona a un presidente que defendería por encima de todo la soberanía nacional. Como presidente no se cansa de repetir en los hechos que tiene a un aliado incondicional. Al convertirse en achichincle de Trump, Andrés Manuel renuncia a la soberanía nacional, para convertirse en un aliado del imperialismo.

En las mañaneras declara que se opone a Trump; en los hechos, comprobables en ambas fronteras, se presenta como cómplice. López Obrador, el amigo de los pobres sin serlo, el dueño del pueblo sin serlo, el defensor de los desfavorecidos sin serlo, viola los derechos humanos de los migrantes por una amenaza recibida del otro lado. No le importaron ni los derechos humanos, ni el pueblo, ni los pobres, ni los desfavorecidos, ni los migrantes. Secundar a Trump devolvió a la realidad a los mexicanos: como cómplice de Trump, López Obrador es imperialista; al poner la economía por encima de los derechos humanos, es un neoliberal radical. Sin embargo, en las mañaneras no hay nada de esto; allí, en donde sólo hay palabras y más palabras.

En los hechos Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, es imperialista y neoliberal.            

Tips al momento

A tapar el pozo...

No dejará Loera que la “Marcha por el Hambre” organizada por indígenas de la Sierra Tarahumara llegue a la capital del Estado.

Hoy mismo se adelantó en el camino para encontrarlos en su viaje de San Juanito a la comunidad Las Cebollas para ofrecer el inicio de mesas de trabajo. El súper delegado federal ya sabía que comunidades indígenas se organizaban para una caravana desde Creel a Chihuahua y tal parece que no hizo nada hasta que no tuvo el problema enfrente.

Habrá que ver si los manifestantes ceden ante el súper delegado federal o si proceden con su marcha de 22 días hasta Chihuahua pues lo que ellos demandan está más claro que el agua: acceder a los apoyos del programa “Sembrando Vida” ¿A poco para eso se necesita armar mesas de trabajo?


¿Será?

Extraño ha parecido a las organizaciones que impulsan la realización del plebiscito el que a partir del pasado jueves que la alcaldesa María Eugenia Campos acudió a votar a favor de que se realice la consulta ciudadana, la afluencia de chihuahuenses para firmar se haya incrementado significativamente, pues el fin de semana contabilizaron hasta 400 personas, cuando anteriormente si mucho acudían 20 personas al día.

Otro aspecto que llama la atención es la notoria presencia de empleados del Municipio entre los firmantes.

Nayo Rodríguez, representante de la organización Wikipolítica, señalo que si bien la intención es realizar una consulta libre e informada, la gente llega sin tener conocimiento de lo que se trata, lo que ha hecho pensar que se trata de "acarreados".

"Vemos bien que la gente llegue y al mismo tiempo pensamos que no son las formas en un proceso como éste, pues en la democracia participativa las formas son fondo".

En tanto, la alcaldesa María Eugenia Campos ha rechazado que se obligue a los empleados del Ayuntamiento a que firmen a favor de que se realice el plebiscito y aclaró que  gente que ha asistido es porque tiene quieren un mejor alumbrado para la capital...  ¿Será?

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