Chihuahua, te quiero bien

Diacrítico Chihuahua
Jorge Camacho Peñaloza

Ayer salí de la Ciudad de México para asistir al inicio de las Jornadas Villistas que hoy comienzan y se prolongarán hasta el 21 de este mes en Parral. Un viaje que no tenía por qué ser diferente a otros que hago de manera cotidiana a Chihuahua, con la salvedad de que por vez primera, desde 2016, me toco compartir vuelo con Javier Corral, que ahora se desempeña como Gobernador del estado.

Estando sentado lo vi entrar, seguro que él no me vio, y se acomodó dos lugares frente a mí, en la misma fila pegado a la ventanilla.

El trayecto me sirvió para recordar la época en que Javier era Senador, yo era Secretario de Vinculación de Acción Nacional y se acercaba a pasos agigantados una elección, primero interna en el PAN, y luego constitucional para sustituir al entonces Gobernador, César Duarte.

Recordé reuniones, largas platicas de reflexión, comidas interminables hablando de la historia de Chihuahua, de la admiración que tengo por José María Morelos y Los sentimientos de la Nación, documento básico de la democracia constitucional del México de hoy. Reuniones donde se ponía en perspectiva lo que podría venir para Chihuahua, lo que sería ideal para un estado de estas dimensiones y muy lastimado por los últimos gobiernos.

Entre diciembre del 2015 y febrero del 2016 se constituyó lo que en aquel entonces creíamos era la última oportunidad que tenía Chihuahua para salir adelante, para prosperar, para constituir un gobierno honesto, para llevar a la justicia a quienes así lo ameritaran, para impulsar al estado, para mover las almas y lograr lo que nadie creía. Así se hizo y así se logró una campaña insólita, increíble, insospechada. Esa campaña unificó a los habitantes del Estado; todos se sintieron identificados, no importa si eran de Juárez, de Parral o de Jiménez, de Chihuahua y de Cuauhtémoc.

Todos estaban de acuerdo en que se habían cometido excesos, todos creían que Duarte debería pagar por lo hecho, todos estaban de acuerdo en que se corrigieran los problemas ancestrales de rezago, que la gente tenga agua, que los estudiantes mejores condiciones para estudiar, que el transporte fuera de mejor calidad, que las carreteras fueran eficientes y se mantuvieran en buen estado, que los empresarios vieran oportunidades para invertir, que se incrementara el turismo, que el deporte y los deportistas tuvieran más apoyos. Todos en Chihuahua estaban de acuerdo y creyeron que la seguridad mejoraría, que las familias estarían más tranquilas y que bajarían los niveles todos de secuestro, robo, crimen, etc.

Chihuahua creía y decidió.

El trayecto, de poco menos de dos horas me hizo recordar y también me hizo ver lo que se ha hecho. Todas esas ambiciones quedaron en nada, todos esos sueños se rompieron a la primera oportunidad. Hoy veo con desencanto el presente de Chihuahua, pero su futuro no doblega mi esperanza. Quizás no es el gobierno actual la oportunidad que esperaba el Estado, pero seguro será la siguiente.

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