Ying-Yang

Colaboración especial/Alexandra Medellín
Facebook: @AleMvaz
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¿Qué es “lo bueno” y qué es “lo malo”?, ¿por qué es fácil distinguir entre luz y obscuridad?, ¿realmente crees que se puede hablar de diferencias fatalistas entre lo que se califica como bien y mal?, o ¿existe la posibilidad de que lo blanco tiña con su pureza los espacios negros y lo negro a su vez llegue a colorear con matices grises  en lo blanco?. Imagino que así como yo, te has encontrado alguna vez ante cuestionamientos similares sobre el bien y el mal.

Desde que somos niños, nos han ido programando para aceptar lo bueno, lo moralmente aceptado, lo correcto, y rechazar sus antónimos, incluso nos enseñan a temerle al mal, nos enseñan a calificar y separar lo bueno de lo malo, a fascinarnos con la luz y aterrarnos ante la obscuridad, poco o nada nos enseñan sobre los matices intermedios, la cultura social estandariza cualidades sin atender a las calidades circunstanciales de los sucesos que tilda de buenos o malos.

Lo cierto es que vivimos en un mundo dual, en el que por cultura se tiende a distinguir para poder calificar, divide para asignar roles y de esta manera mantener reglas y preservar el orden social, por ejemplo distingue entre lo bueno de lo malo, riqueza y pobreza, bondad y maldad, buen ciudadano y delincuente, estos sólo por mencionar algunos ejemplos. Culturalmente y por estructura mental requerimos de estos calificativos divergentes y sus concepciones para poder encaminar nuestras decisiones y buscar el sendero más adecuado para cada uno de nosotros, pero, ¿realmente todo a nuestro alrededor puede ser tan simplista como para separar esas dualidades, o habrá un punto en el que esas brechas paralelas puedan converger hasta confundirse?

Recuerdo que desde que era una niña siempre había temido a la obscuridad, cuando salía de una habitación que quedaba en penumbra corría a toda velocidad como si mi vida dependiera de ello, incluso lloraba aterrorizada; en una ocasión, estaba en la casa de mi abuela materna, mis padres no se encontraban y mi hermana y yo estábamos ahí, no recuerdo bien que edad tenía, sólo recuerdo que era una niña pequeña, todo parecía estar bien, pero de pronto hubo un problema con el sistema eléctrico de toda la calle, y la casa quedó en completa obscuridad, mis abuelos inmediatamente comenzaron a buscar velas para aluzar un poco, pero en ese lapso de tiempo, comencé a sentir terror, y como es lógico lloré de miedo, lo que provocó que mi hermana menor también comenzara a llorar, “abuela, tengo miedo, no se ve nada” dije llorando, mi abuela astutamente para calmar la situación, nos tomó de la mano a mi hermana y a  mí y nos sacó al jardín, una vez afuera nos hizo mirar al cielo y nos dijo “¿de qué color se ve el cielo?”, “negro” dijimos mi hermana y yo, “y ¿qué es lo que se ve en el cielo?” , volvió a preguntar mi abuela, “las estrellas”, respondimos a la vez, fue entonces que mi abuela nos dijo que si la obscuridad fuera mala, no se podría ver algo tan bonito como las estrellas, incluso de la obscuridad que da miedo, se puede rescatar la belleza. Siendo honesta, era muy pequeña para entender lo profundo de esa reflexión, y la verdad no se me quitó el miedo a la obscuridad en mucho tiempo, pero tienes que aceptar que la anécdota está genial.

Todo este preámbulo me hace reflexionar en la filosofía taoísta, en la que se representa a la dualidad a través del concepto del ying y del yang, que es representada con el taijitu (ese dibujo de un círculo en blanco y negro, en donde el lado blanco tiene un punto negro y el polo negro tiene un punto blanco). ¿Qué es yin-yang?, pues muy simple, significa, obscuro-brillante, el taoísmo dice que todo en el universo es dual, habla de dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias que se encuentran en todo lo que es, y que a pesar de ser opuestas, una puede llegar a convertirse en la fuerza contraria, el yin es el principio femenino, la tierra, la obscuridad, la pasividad y la absorción, el yang por su parte es lo masculino, el cielo, la luz, la actividad y la penetración. Me gusta esta filosofía, pues encuentro verdad en ella, en el sentido de que todo se complementa, y que una situación aparentemente buena podría llegar a tener algo de mal, o viceversa, y volviendo a la anécdota de mi abuela, la noche es obscura y las estrellas son luz, no podría haber estrellas si no hubiera obscuridad que permitiese que estas brillen.

No te vayas a aburrir con esta explicación filosófica, sí vamos a llegar a un punto importante y para ello, te comparto mi experiencia, tengo años practicando yoga, meditación, buscando respuestas interiores para poder encontrar mi camino, y lograr tener una vida más plena y feliz, estaba fascinada con la meditación y me encantaba visualizar mi vida en positivo, todo mi mundo se tornaba en decretos y actitud positiva (o al menos eso pretendía); todo parecía ir perfecto, pero no lograba mantenerlo, normalmente estaba contenta, con pensamientos y emociones de alta vibración, pero llegaban momentos en los que tenía bajas de frecuencia y se presentaban momentos depresivos, lo que seguía a eso era la frustración, pues pese a todos mis esfuerzos por mantenerme en una actitud siempre positiva, no lograba verdaderos cambios profundos, ¿ por qué?, porque me enfocaba en pensamientos positivos, pero daba la espalda a lo que me afectaba realmente. Si por alguna razón me sentía enojada, triste o agobiada, inmediatamente me reprimía, y me repetía a mí misma que no era posible sentir esas emociones, empezaba a reír y sofocaba esas emociones, si bien es cierto había un alivio momentáneo nunca lograba un cambio sanador fuerte, ¿por qué pasaba eso?, pues por la simple y sencilla razón de que estaba haciendo un trabajo a medias.

Alguna vez en una clase de yoga, recuerdo que la maestra dijo  que había posturas que a pesar de ser cómodas y sencillas, al practicante no le gustaban porque obligaban emocionalmente a mirar a tu interior, y eso normalmente siempre nos asusta, de momento esa lección no generó un impacto mayor en mí, pero en el proceso reciente de curación física, emocional y mental que inicié (más a la fuerza que por decisión) un buen amigo me invitó a un ritual de sanación para expulsar emociones negativas, la clave estaba en reconocer esas oscuridades internas que no me gustaba ver en mí, recuerdo bien que mi amigo me dijo “eres muy valiente para mirar en tu interior”,  yo pensé que no era precisamente valiente, pues en sí la vida no me estaba dejando más remedio que hacerlo. Otro ejemplo de estos mensajes me llegó cuando me diagnosticaron cáncer, inmediatamente comencé a poner en práctica todo lo que había aprendido (junto con mis tratamientos médicos), comencé a repetirme “no, no tengo nada, estoy sana”, constantemente repetía decretos positivos y reía, desconocía la enfermedad, la evadía, sofocaba el miedo y la tristeza, e incluso me sentía fuerte por evitar llorar y aceptar la situación, meditaba, leía libros de autoayuda, pero evadía el problema, lógicamente nada parecía funcionar. Para no hacer el cuento más largo, hace aproximadamente un mes llegó a mi vida un terapeuta holístico, él me dijo que todo lo que había hecho no estaba generando un impacto en mi salud porque no había reconocido el problema y el origen del problema, me dijo “las enfermedades son el resultado de emociones no sanadas, y ocultarlas, por más que busques una sanación y actúes para ello será difícil lograrla, pues no buscas la raíz, te da miedo ir a la razón verdadera”. Todos estos mensajes me hicieron sentido en un momento, caí en cuenta de que no quería reconocer el problema, y lo que resistes, persiste.

Todo ese drama emocional que comparto, no es más que un ejemplo, existen infinidad de problemas, cada quien tiene sus propios monstruos, puede ser falta de dinero, depresión, trabajos incómodos, relaciones tóxicas, soledad, duelos por pérdidas importantes en la vida, etc., todos ellos son “problemas” que queremos resolver y salir de ellos rápidamente, pero no queremos mirar la razón que los ocasionó, o qué es lo que nos vienen a enseñar para hacer un cambio significativo en nuestras vidas, actitudes o emociones, ¿a qué quiero llegar con esto?, muy simple, nuestra realidad obedece a un sistema de conductas, patrones, creencias, emociones y miedos (generalmente inconscientes), la mayoría de las veces vemos los problemas como obstáculos a saltar sin detenernos a analizar qué debemos aprender para resolverlos, me ha tomado años comprenderlo, y también debo confesar que bastantes golpes duros, es comprensible, pues nos programan desde niños a huir de lo malo, pero no nos enseñan que lo bueno a veces es producto de lo que nos asusta.

Sé que te estás preguntando a dónde quiero llegar con esto, pues bien, el ejemplo sencillo: el yin-yang, nos enseña que los problemas, enfermedades, angustias, depresiones, y todo lo negativo que puedas imaginar en tu vida, no es tan malo como se piensa, porque gracias a esas circunstancias podemos desarrollar habilidades dormidas, y crecer, aprender, trascender; seguramente has visto frases muy bonitas que dicen que en la adversidad se crece, y sin duda es cierto, no significa que te vas a casar con lo negativo para dejarlo anidar en tu vida, no, pero sí se trata de reconocer la bondad que existe en cada adversidad para tomarla de impulso y convertirla en algo positivo.

Una vez leí que si el cielo existiera Hitler estaría ahí, tal vez tú como yo, al leerlo hayas soltado una carcajada dotada de incredulidad, pero luego viene una explicación en la que se encuentra sentido a semejante afirmación: Hitler, en su existencia hizo cosas atroces y dolorosas, pero obligó al pueblo judío a ser más fuerte (no por nada es sabido que las personas judías en su mayoría son personas con mucho éxito económico), y también obligó a toda la humanidad a ser más compasiva, generosa y amorosa con sus semejantes, es decir que creando caos, dolor, muerte y destrucción, provocó que el mundo entero se mirara con más amor, del odio más grande nació el amor, ¿ a que no habías pensado en eso?.

Traslada ahora ese ejemplo a tu interior, piensa en todas esas características negativas (no físicas) que consideras tener, lo más obscuro dentro de ti (y no digas que no las tienes, todos tenemos pequeños defectitos), normalmente esos defectos son lo que llamamos oscuridad interior, y ¿qué es lo que hacemos con ella?, la rechazamos, la ocultamos , pensamos inmediatamente en separarla de nosotros, dividirla, porque hemos aprendido erróneamente que todo eso nos convertirá en malos seres humanos. Todos buscamos ser felices, tener paz y salud física y emocional, todos deseamos ser mejores cada día, yo todavía no he conocido a una persona que diga que quiere ser depresivo, estar mal o ser mala persona, por el contrario, todo ser humano desea un crecimiento positivo, una evolución, ¿qué pensarías si te digo que esa evolución sólo podrá lograrse cuando seas capaz de abrazar todo lo que no te gusta de ti?, precisamente todos tus defectos, la obscuridad que reside en ti, es lo que te va a impulsar a mejorar. El problema más grande reside en que desde que somos niños nos programan para rechazar “lo malo” y aceptar exclusivamente “lo bueno”; sin embargo, piensa que el rechazo indudablemente genera división, y la división siempre va a generar una guerra, imagínate el drama de vivir siempre en una guerra interna, ¿cuándo lograrás ser feliz si constantemente te estás rechazando y no eres capaz de mirarte con aceptación?, y no, no malentiendas, no se trata de decir “así soy yo y punto”, eso sería más absurdo aún, por el contrario, se trata de aceptar, reconocer y transformar. ¿Recuerdas que en el taoísmo dice que no existe bien sin mal y que dentro del bien hay un poco de mal que incluso puede convertirlo totalmente en su contrario?, esa es la idea, que reconozcas tu propia oscuridad desde una perspectiva pacífica, sin juzgar, apreciarla y utilizarla como impulso para convertirte en una mejor versión de ti mismo, dice el Dalai Lama que casi todas las cosas buenas que suceden en el mundo, nacen de una actitud de apreció por todo lo demás, parece entonces que si eres capaz de aceptar tu obscuridad sin juzgarla, podrás permitir que brote la mayor expresión de tu bondad.

Los seres humanos somos capaces de lastimarnos a nosotros mismos encadenándonos a nuestros propios monstruos rechazándolos, pero ese rechazo sólo generará que nuestros propios demonios nos ataquen a través de realidades indeseadas (enfermedades, carencias, dolor), pero también tenemos el maravilloso potencial e inteligencia para transformarnos, crecer y ser felices, el trabajo consiste en reconocerte, aceptarte y amarte tal y como eres,  buscando siempre el crecimiento personal, pues como dijo Buda Gautama. “es mejor conquistarte a ti mismo que ganar mil batallas, sólo entonces la victoria será tuya”.

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