¿Se podrá vivir del aire?

Por Federico Guevara 

@Guevarafe

Años atrás incluso lo denominaban cuarto poder, ahora en estos tiempos de opiniones disfrazadas de información y realidades “bajo diseño” aquella prensa qe gozaba de prestigio entre la opinión pública ha visto como todo se ha derrumbado sistemáticamente, empezando por la confianza del radio-escucha, televidente o lector lentamente.

Si bien en algunos casos por su propia culpa en otros por razones que nada tiene que ver con el oficio, ni con las actitudes voraces de los propietarios de medios y su afán de generar el mayor provecho económico, en fin razones que no son del todo atribuibles a los periodistas.

Antiguamente los filtros del propio proceso artesanal del periodismo no daban cabida a “errores” el estándar es ver errores no solo “de dedo”, sino de criterio, debidas, en parte, a la velocidad con que se trabaja y también al exceso de confianza en fuentes que no son siempre de fiar; como las redes sociales. 

Gracias a internet –y sobre todo a la omnipresencia de plataformas como Facebook, WhatsApp o Twitter– ahora circula en el mundo más información que nunca; lo cual en principio tiene muchas ventajas, pero también conlleva muchos riesgos.

La tecnología no solo ha cambiado de manera radical la forma como la gente consume noticias y opiniones, sino que le da al público la posibilidad de generar contenidos propios y de compartir sus puntos de vista.

El problema está en el juicio y la responsabilidad con los cuales los medios recogen, procesan y distribuyen dichos contenidos. En no pocos casos, algunos medios pecan al dejarse llevar por el 'hashtag' del día, en vez de plantear ellos mismos la agenda informativa, como ocurría antes de la invasión digital.

En el otro extremo están aquellos que menosprecian el papel de los internautas y se desconectan por completo de una realidad que antes era virtual y que ahora es mucho más tangible. 

El año pasado, repleto de guamazos y sorpresas como el triunfo presidencial de Donald Trump en Estados Unidos, se produjo , un punto de inflexión que pulverizó la influencia de los medios en la sociedad. 

El factor común terminó siendo el escepticismo y la pifia de los medios (analistas y encuestadores incluidos), que iban por un lado mientras la realidad iba por otro muy diferente. 

Lo que actualmente vivimos no es sorpresivo ni repentino, es simplemente el producto de este desprestigio gradual de una ciudadanía hastiada de un oficio que ahora pondera lo económico y deja en segundo plano el desarrollo del mismo periodismo.

La realidad es que, hoy por hoy con este cambios de comportamientos sociales acostumbrados ya a no pagar por información noticiosa en el entendido de que de alguna manera se enterarán de lo que “pasó” por alguna vía ahora digital de un público cada vez más esquivo y renuente a pagar o esperar hasta las 10:00pm para ver un resumen informativo, escuchar y desperdiciar 60 minutos de su vida en la radio, si lo que sobra son propuestas on-line, en donde lo que menos interesa es el contenido, sino los balazos ya que nos estamos acostumbrado a ver la vida en 140 caracteres o videos de un minutos que sintetizan imágenes con conjeturas pero sin sustento informativo.

Lo peor del caso es que ahora el público cree que todo debe ser gratuito y queda la pregunta en el aire... ¿De que vivirán aquellos que hacen de este oficio una forma de sustento?

Por: Eduardo León
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