Más de lo mismo...

Por Federico Guevara

@Guevarafe

A todo político en determinado momento se le pide dar una muestra de su capital político como muestra inequívoca de que trae todo el punch. Y esto parte de la añeja idea de que si finalmente han sido elegidos por el pueblo sea una gran democracia o una de oropel, es justamente por que ese político ha acumulado un gran respaldo popular que reafirma él por que ya ostenta el poder.

Y justo en ese momento es donde casi todos pierden el piso, cuando se confunde liderazgo con popularidad. Si sus gobernados no le aplauden, no le vitorean sus medidas, las encuestas no apuntalan sus acciones, el asunto se complica ya que aceptando o no las realidades los propios dirigentes pierden esa capacidad de anticipación de los escenarios, de adelantarse a los momentos y generar cambios que requiere una sociedad y que para acabarla de amolar la misma sociedad, el ciudadano común no visualiza.

Difícilmente se puede valorar una gestión pública, se podrá evaluar y bajo distintos parámetros concluir sí se va bien o mal, se puede indicar si un mandatario, secretario de estado o cualesquier figura pública realiza sus tareas, se podrá incluso diagnosticar si efectivamente sus acciones corresponden con las tareas asignadas. Pero en una sociedad concentrada en sobrevivir, en una sociedad desigual las opiniones, las denuncias, las demandas a nuestros mandatarios suelen ser tan poco claras que dejamos éstas criticas para los momentos electorales en donde todo mundo se acuerda de los jodidos y prometen más de lo mismo, convirtiéndonos en un capital político tan poco fiel, que nuestra decisión se basará en el humor del momento, el mejor mensaje anti-todo o cuán conocido sea el gallo.

Y con esta “selección” sin conocimiento un perfil se convierte tan solo en un fenómeno de popularidad temporal, suficiente para ser tomado en cuenta que ganará aunque con esta forma de razonamiento automáticamente nos estamos impidiendo el que esos políticos de oropel  cumplan con un deseo natural que consiste en que los escogimos para que tomaran las grandes decisiones que no a todos convienen o gustan.

Por lo cual generalmente ya una vez en el poder, a estos políticos se les olvida las promesas y surgen las “fallas del sistema” los malos manejos administrativos y la inoperancia de muchas estrategias, acabándose día a día su capital político. Preparándose de esta manera para que llegue otro político, más romántico, más populista, más soñador que logre impregnar la enjundia al electorado, con lo cual el cuento de nunca acabar permanecerá vigente en la política mexicana.

Por Federico Guevara

@Guevarafe

Por: Eduardo León
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