¿Cómo enfrentarnos a las cosas que no nos salen bien?

por Alicia Soto

Correo: alysotoc@gmail.com

Facebook: @alysotopsicologa

Esta semana, escuché una frase en la televisión que me hizo reflexionar: “No te preocupes porque algo pueda salir mal, seguramente algo saldrá mal”. Esto me hizo pensar en la obsesión por el perfeccionismo; en el desgate constante por no dejar pendientes en el trabajo, -sabiendo que siempre va a ver algún pendiente-, en la ansiedad generada por evitar cualquier percance y tener todo bajo control.

Lo interesante de la vida, es que nada puede estar totalmente bajo control, siempre habrá algo que no saldrá como lo esperamos. Por más listas que hagamos, olvidaremos algo necesario en el mandado, la casa nunca estará totalmente limpia ni la ropa totalmente lavada. En fin, siempre habrá algún pendiente que realizar.

Desde de niños, se nos enseña a buscar el control: de esfínteres, de emociones, de psicomotricidad, etc. pero no se nos enseña, que habrá momentos en los que no tengamos el control, ya sea de niños o de adultos; y que eso está bien, que los humanos lloramos, nos equivocamos y somos enteramente descoordinados y eso hará que caigamos de vez en cuando.

Cuando crecemos con la idea de ser perfectos, la ansiedad y el estrés se vuelven compañeros perdurables, la constante preocupación del “qué dirán” atormenta nuestras decisiones; como si de la opinión de los otros, naciera nuestra plusvalía. La autoestima se ve opacada, por la acumulación errores del pasado, aunque estos sean menores a los éxitos alcanzados.  El autorreproche, es necesario para apaciguar la culpa y la constante sensación de prisa, impedirá disfrutar de los momentos. 

Entonces, lo importante no es evitar los percances, si no estar preparados para enfrentarlos. Preocuparse, angustiarse o enojarse no cambiarán las cosas, solo impedirán que veamos con claridad la solución que tengamos enfrente.

Cuando algo no sale como la planeamos, lo primero que debemos hacer es mantener la calma, olvídate de buscar explicaciones o justificaciones, son totalmente innecesarias y no te ayudaran a salir del problema; así que relájate, eso facilitara la pronta solución.

Posteriormente, determina si es un problema grande o un problema chico. Si es un problema chico y no tiene mayores repercusiones: improvisa. En muchas ocasiones, el que las cosas no salgan como las planeamos, no brinda la oportunidad de ser creativos: si olvidaste algún ingrediente, crea un nuevo platillo, si comenzó a llover el día de la cita, organiza una cena en casa, si se fue la señal del internet, lee un libro. Siempre habrá alguna opción para mejorar la situación.

Ahora, si tu problema es grande. Investiga más acerca de él; en muchas ocasiones el conocimiento nos brinda la oportunidad de tomar mejores decisiones. Muchos problemas, son tan comunes, que no se te dificultara encontrar información  al respecto. También, tiene la opción de buscar a un experto. Los problemas compartidos, son mucho más sencillos de superar, si bien no dudo de tu capacidad para enfrentar problemas, también se que acompañado será menos duro.

Otra opción que tienes, para enfrentar tus problemas es acudir a alguien que haya pasado por lo mismo; en muchas ocasiones, estas personas te brindaran consejos valiosos que podrás seguir al pie de la letra o adaptar a tu estilo de vida, personalidad y circunstancia.

Escribe. Hacer una lluvia de ideas o plasmar nuestro problema en un papel, permite despersonalizarnos del mismo. Brinda una visión diferente de lo que estamos enfrentando; reduce la ansiedad y expande el panorama. Los pensamientos son obsesivos  y no permiten salir de la misma emoción; pero las ideas escritas en papel, son estáticas y a su vez maleables.

Evalúa todas las posibles soluciones y ejecuta aquella que se adapte más a tus metas y deseos. Pero sobre todo recuerda: “Si tiene solución, ¿para qué te preocupas? y si no la tiene ¿para qué te preocupas?”

por Alicia Soto

Correo: alysotoc@gmail.com

Facebook: @alysotopsicologa

Por: Eduardo León
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