Una puñalada en el corazón del PAN (o de los ninjas asesinos de la democracia)

Por Luis Villegas Montes.

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En estos días, el debate pareciera centrarse en un asunto que, ¡Oh, mi Dios!, tiene cimbrado al país de pies a cabeza y que, algún ocurrente, en un alarde de inteligencia, originalidad y buen gusto, decidió nombrar: “El asunto del fiscal carnal”. ¡Mocos!

Si usted no tiene claro de qué hablo googléelo y ya; no me voy a sabotear a mí mismo con los pormenores del caso; lo menciono sólo para destacar que el debate político de estas fechas se ocupa de ese asunto al que el PRI —aquí va otro “¡ay, Dios mío!”—, en su desfachatez y desvergüenza, tilda de “Cortina de humo” para eludir el asunto “de fondo”: la “fortuna” de Ricardo Anaya. De todos no se hace uno.

En el ínter, perdidos en los meandros de ese debate ocioso, reptan por las paredes de la patria sombras oscuras que, cual ninjas asesinos, van a partirle su mandarina en gajos a la incipiente —y nunca acabada de nacer— Democracia Mexicana (de los inadjetivos krausianos ni hablar).

Como buenos mexicanos —y, para colmo, especialistas electorales— se está trabajando para encontrarle tres pies al gato sabiendo que tiene cuatro; como ya no gustó la reforma para reelegir diputados y presidentes municipales, se está viendo la manera de darle la vuelta y dejar a los actuales colgados de la brocha, ¿cómo?, muy simple, conformando alianzas mandoblanas (a diestra y siniestra) para que sean las directivas de los partidos las que decidan quiénes sí y quiénes no, pasan a la segunda ronda (¡Laaaástima Margaritoooo!).

En efecto, inmersos en los dimes y diretes, el llevado y traído “Frente Opositor”,1 lejos de constituirse como una herramienta para integrar auténticas coaliciones de gobierno, se va a conformar para permitirle a las dirigencias partidarias integrantes, prefijar desde la cúpula candidatas y candidatos a modo para el 2018; por eso, quienes han avalado las recientes reformas electorales en las distintas entidades del país no saben que, lo único que están construyendo con esos afanes, es el cadalso de donde los van a dejar colgados (y no precisamente de la brocha).

Me explico: lo lógico sería que, aprobada la reelección legislativa y de cabildos, la segunda vuelta sirviera para reconocer y recompensar a quienes sí hayan dejado el alma y la vida en el desempeño de su cargo; pues bien, con esa “estrategia” y dado que el funcionario en turno sólo puede ser registrado “por el mismo partido” que lo haya postulado antes (art. 11, párrafo 5, inciso a), de la Ley Electoral local), por ejemplo, es obvio quiénes se van y quiénes se quedan: se van los que no sean del gusto del mandón en turno y se quedan sus “compas”, con el agravante, incluido, de que sean del mismo partido o no; cuestión irrelevante ésta, porque con la excusa del acuerdo de unión, se tiene la perfecta excusa para que quienes sean legítimos aspirantes a reelegirse se queden como el chinito: nomás milando.

De ahí también, que no sea casual el “respaldo total”2 de las dirigencias estatales a su líder formal, pues con independencia de si resulta el “destapado” albiazul o no, ellos ya tendrán en la mano la forma y el modo de hacerse, vía el mecanismo precitado, con todas las candidaturas que decidan pactar con sus allegados y afines (panistas o no).

¿Y el PAN y la famosa democracia interna? Bien, gracias… a la espera de que la degüellen los ninjas asesinos porque Anaya quiere ser candidato a la Presidencia.

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Por: Nestor García
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