Pretendiendo entender…

Por Federico Guevara

@Guevarafe

En política se le señala como radical a cualquier persona que asume posturas extremas, a quien olvida la existencia de matices y en definitiva se le cataloga como intransigente.

Dicho de otra manera, es la ruta sencilla para calificar a alguien de necio y terco o mejor dicho, para descalificar a una persona que defiende de manera tajante sus convicciones.

No se trata de hacer apología de la irracionalidad, sino simplemente explicar que en ocasiones es necesario ser radical, en el entendido de que los valores jamás pueden ser negociables. Ser conciliador en ocasiones resulta provechoso ya que invariablemente se escuchará planteamientos de las partes involucradas y comparar las diferentes versiones de una problemática, sin que esto se entienda como tener los elementos para traicionar.

Razón por la cual existen personas que se resisten, que no pactan y en determinado momento deciden jugársela en la arena política ellos solos. Llama la atención ya que son personas acuciosas, que no suelen andarse por las ramas, que defienden sus convicciones a capa y espada, pero que saben el daño que pueden asestar con sus decisiones, son entes que van a la esencia de las cosas y no reaccionan de manera superficial al ser conocedoras del tiempo que se vive, de los que se avecinan y del que les queda.

Nadie puede negar que México necesita una trasformación radical de la actual realidad, en donde se asuma un liderato para combatir la impunidad, inseguridad, la corrupción y generar el crecimiento del país.

¿Quién en México se opondría a una propuesta real para librarnos de traficantes, cárteles, extorsión, el secuestro y todas las modalidades producto de  infinitas cadenas de corrupción que neutralizan a nuestras fuerzas de seguridad pública e incluso las hacen suyas?.

¿A quién no le caen bien las personas honestas, que plantean causas y soluciones que permiten encontrar caminos y soluciones eficaces, que mediante la inoovación se puedan lograr soluciones correctas?.

En el entendido de que, ser radical pude ser perjudical si nos cegamos ante posiciones intermedias, si nos transforman en seres tolerantes y que cualesquier acuerdo generará cierto grado de desacuerdo y orillando al fatalismo político, en donde los extremos radicales pueden ser quienes sostinen la verdad absoluta como aquellos que la cuestionan. 

¿Cómo podemos lograr que los políticos nos comprendan y dejen de vernos como un bulto sin voz, pero con derecho a elegirlos? Si al aprecer en este país lo que prevalecen sobre los intereses de una República, son los intereses y posturas pesonales de quienes controlan a la misma.

A esta nación la tenemos que recostruir, los signos de una decadencia son por demás evidentes y el descenlace no es necesario ser prestidigitador para entenderlo y preverlo, en una realidad, en un entorno en donde los líderes ya no brillan y mucho menos poseen luz propia, en el cual ni ellos mismos saben que camino recorrer para iniciar la recostrucción de este país.

Salir de un proceso de destrucción y degradación como sociedad toma y tomará tiempo, en la medida de que no se quieran implementar medidas radicales para recuperar lo perdido, desde mejorar el sistema de salud, que realmente exista seguridad y certeza jurídica, no solo “adaptaciones” al orden mundial, pero sin cambiar las estructuras entre otros grandes flajelos.

Esta generación debe de hacer algo, para no lamentarse en un futuro cada día más cercano. A muchos de nosotros como generación nos fue negado el acceso y a otros las oportunidades las convitieron en temas de cre$imiento personal y a los que vienen, simplemente les importó un comino, al desconocer y mostrar evidente falta de interés por pensar en México.

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