Un país, dos realidades…

Por Federico Guevara
@Guevarafe
Los Paradise Papers pueden ser considerados como otra de las pruebas de la existencia de dos realidades sociales que coexisten en silencio y que se separan, de una manera puntual, por los velos de la ignorancia del mundo ordinario hacia el dinamismo de la cima. 
Son la evidencia de ese coexistir de dos realidades. El de los jodidos con más de 50 millones de personas viviendo en la línea entre la pobreza extrema y los que tan solo obtienen lo mínimo para subsistir y un México de grandes fortunas, de capitales bien o mal habidos pero deseosos de evadir sus responsabilidades tributarias, para los cuales buscar “oportunidades” es parte de la cotidianeidad. 
Y es que nadie de los pertenecientes al “mundo promedio” tienen el suficiente dinero para empezar a considerar las necesidades de los esquemas y arreglos que se ofrecen en los paraísos fiscales para pagar menos impuestos y, también, porque nadie de los pertenecientes a la cúpula entiende el “bien común” de la misma manera que lo hace una “persona promedio”. 
Para ellos su bien no es común, es privado y es precisamente aquí, que comienza la incomprensión que conlleva a la evasión, de una práctica que si bien no es ilegal, es amoral en el punto en el que los dos mundos se encuentran. Durante los últimos 40 años los paraísos fiscales han crecido exponencialmente como una manera de evadir, a través de acciones legítimas, los impuestos incómodos que amenazan el patrimonio de algunos. Perjudicando así a la recaudación de impuestos del país de origen, que en los casos avanzados y civilizados, se destina a la construcción del bien común. Una realidad distante de un país como el nuestro, en donde la corrupción equivale al 35% del PIB, pero que de igual manera se ve afectado por estas prácticas.
En contraste con los millonarios flujos de dinero mexicano que han pasado por paraísos fiscales como Bermudas, Islas Caimán, Barbados y Malta, la recaudación del Servicio de Administración Tributaria (SAT) es mínima: en los últimos 15 años se cobraron 7 mil 466 millones de pesos por Impuesto sobre la Renta (ISR), cifra equivalente a la derrama económica que dejaron los turistas en las últimas vacaciones de Semana Santa.
La recaudación proveniente de paraísos fiscales más baja para el SAT fue en el año 2003 con apenas 5 millones de pesos, mientras que la mayor fue en el año de 2016 por 2 mil 300 millones de pesos. Año en que gracias a la publicación de los Panamá Papers el SAT pudo detectar aproximadamente 31 empresas y recuperar 300 millones de pesos. La falta de honestidad es algo con lo que siempre tendemos que lidiar los humanos.
Sin embargo, lo que los Paradise Papers nos muestran, es que la falta de honestidad ocurre en una escala masiva y que lo amoral se está institucionalizando a nivel mundial. 
Repetimos, los Paradise Papers representan el encuentro de dos mundo y nos recuerdan que conflictos de interés, ética y leyes de transparencia financiera concebidos en otras épocas para revelar sobornos y favores son de poca ayuda en una época en donde a veces las escalas financieras nos rebasan, la vida nos revela otras dimensiones y, sobre todo, que lo que es el bien común para unos, no lo es para otros.

 

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