Implicaciones psicológicas de la obesidad

Por: Alicia Soto

Correo: alysotoc@gmail.com

Facebook: @alysotopsicologa

“Las penas con pan son menos”…

“Al hombre se le conquista por el estómago”…

Las dos frases anteriores, son un reflejo inmediato de la cultura alimenticia que practicamos.  La alimentación, es algo básico e inherente al ser humano, es esencial para la supervivencia de nuestra especie; sin embargo, el tema respecto a la  comida, es más complejo de lo que debería ser.

Las personas, dejamos de comer por motivos nutricionales hace tiempo. Tanto para los niños, como para los adultos, comer tiene más significados emocionales, que alimentarios. Por ejemplo, es común que las personas que se sienten tristes o deprimidas, deseen ingerir hidratos de carbono (pan, arroz, cebada, azúcar, dulces, etc.), ya que estos hidratos ayudan a elevar los niveles de neurotransmisores que producen un efecto tranquilizante.

Cada uno de nosotros, tenemos hábitos alimenticios que regulan nuestra hambre y saciedad; sin embargo, existen cambios en nuestra rutina diaria que pueden alterar estos hábitos; por ejemplo cambiar el horario laboral de matutino a nocturno, al principio se sufrirá un importante desorden alimentario, aun así, al cabo de poco tiempo, su organismo vuelve a recuperar su equilibrio.

Sin embargo, existen situaciones especiales en las que algunas personas, son incapaces de restablecer este equilibrio, y por tanto, la comida se vuelve un motivo de angustia y sufrimiento. Es en este momento, que se puede hablar de un trastorno alimentario, entre los más comunes se encuentra la anorexia y bulimia; sin embargo, la obesidad también pertenece a esta condición. 

La obesidad o exceso de peso, es un problema importante de salud; según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición ENSANUT, realizada en el 2016, en México 7 de cada 10 adultos padece obesidad. Este trastorno es el resultado del desequilibrio entre la ingesta calórica (alimentación) y el gasto energético (actividad física).

Existen factores metabólicos, genéticos y psicológicos que contribuyen a que la obesidad de mantenga. Desde el punto de vista psicológico, específicamente desde una perspectiva conductual, al restringir voluntariamente la ingesta de comida, es decir, “hacer dieta”, tratamos de sustituir los controles fisiológicos por controles cognitivos; sin embargo, estos tiende a fallar, por la presión fisiológica (el hambre), el estrés, la ansiedad, los síntomas depresivos, el consumo de alcohol y la falta de voluntad.

Uno de los factores que fortalecen la obesidad, como mencione anteriormente, es el uso de los alimentos como objeto transicional. Desde las primeras etapas del desarrollo, se recurre a la comida como sedante emocional. Es habitual, consolar la tristeza  e ira con comida; si algún niño tiene algún accidente menor, inmediatamente se le ofrece alguna golosina como alternativa médica; de tal manera que los niños comienzan a asociar que la tristeza y dolor, se acallan comiendo. De esta manera, los niños pueden aprender durante su infancia diversa alteraciones alimenticias.

Empero, no solo las emociones que se consideran negativas, influyen el sobre ingesta de alimentos; la felicidad también es un buena excusa para comer en exceso.  Muchas personas, acuden a la comida como una manera de celebrar su alegría, por ejemplo, durante las reuniones familiares, se puede ingerir más alimento que el habitual, y que el cerebro no está al tanto de la saciedad, por satisfacer las necesidades sociales.

Por tanto, una característica importante de la obesidad, es la incapacidad de detectar y expresar las propias emociones, lo cual hace que la persona recurra a la ingesta alimentaria, para poderlas manejar.

Por otro lado, la disparidad cultural, es un factor importante que contribuye en este trastorno. Por un lado, la gordura está condenada por los estereotipos sociales y de moda, mientras que por el otro, un niño delgado es considerado enfermo y le incita a comer.  En la primera distinción, los seres humanos – pero principalmente las mujeres – tienen un ideal de figura corporal muy esbelta, que en ocasiones resulta imposible de alcanzar, causando culpa y baja autoestima, lo que motiva a las famosas dietas, que en muchas ocasiones resultan contraproducentes. Por el otro lado, para algunas personas ver comer a los niños resulta divertido, culturalmente, se considera que un niño sano, debe comer “bastante” y eso incluye refrescos, golosinas, hidratos de carbono, etc. Esta dicotomía, crea en las personas problemas importantes, sobre el concepto de alimentación.

Por tanto, podemos concluir que parte del éxito para mantener un cuerpo salúdale, esta menos en el plato y más en las emociones. El aprender a manejar nuestros sentimientos de manera adecuada, nos ayudara a manejar nuestra hambre y saciedad de igual manera.    

 

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