Epítome: Laberinto de la Soledad de Octavio Paz

Por: Alicia Soto

Correo: alysotoc@gmail.com

Facebook: @alysotopsicologa

Desde  hace mucho tiempo el propio mexicano ha querido darle un significado a su existencia (a su peculiar existencia), quizás es lo que pretendió hacer Octavio Paz en su obra: “El Laberinto de la soledad”, partiendo de lo más recóndito de las raíces mexicanas, como la propia estructuración de nuestra sociedad – desde los mayas, aztecas toltecas etc.-, la conquista de los españoles y la liberación de estos (aunque en realidad, no creo que exista una liberación absoluta) raíces que siguen estando presente y siguen moldeando nuestras vidas, claro está que unas son más fuertes que otras y que de otras tantas nos quisiéramos enajenar.

Somos individuos con una búsqueda permanente e inagotable del significado de nuestra vida, de nuestro destino, del ¿Por qué? Y el ¿Para qué? En la presunción de estas respuestas nos encerramos en nosotros mismos, es decir nos volvemos herméticos, nos sumergimos en un mundo fantasma, un mundo de sombras y soledad, en el laberinto de nuestra propia esencia, no obstante es en este mundo donde nos sentimos  seguros de nosotros mismo y de los demás. Nos enmascaramos para que las otras personas no puedan hacernos daño, para proteger nuestra integridad, es decir, nos volvemos seres solitarios. Somos seres que siempre estamos a la defensiva y posiblemente esto se deba a nuestra raíz bilateral, por una parte de nuestro origen indígena, donde nuestra condición humana es penetrada, violada, arracada de nuestra propias manos y nuestro origen español, en donde se humilla, se abre, se acepta. Como dice Octavio Paz, en México somos “hijos de la chingada”, es decir producto de una madre violada, en cambio a los españoles donde se consideran “hijos de puta” es decir que perteneces a una mujer, por gusto propio se entrega, he de aquí nuestro miedo ser nosotros mismos ante los demás.

Tratamos de engañar o desviar la mirada de nuestros “enemigos” (personas ajenas a nuestra condición de ser mexicanos) por medio de nuestra religión, tradiciones y nuestras fiestas, sin embargo, es en estas últimas, donde por un momento logramos salir de nuestra soledad (claro que con la alta posibilidad de resultar lastimados), nos desgarramos para poder liberarnos de nuestra condición humana, nos volvemos parte de la celebración y de una viable tragedia al mismo tiempo,  nos emborrachamos, nos reímos, lloramos, matamos o morimos, en una fiesta en la que quizás ni siquiera recordemos el motivo de la celebración y si lo hacemos muy probablemente no nos importe, pero las amamos, porque en ellas podemos ser nosotros mismos, mezclarnos con los demás que se encuentran en la misma condición a la nuestra, volvernos parte de algo y al mismo tiempo de nada. Nos sumergimos en lugar imaginario, mágico en le cual todos nos reunimos por un solo motivo, compartimos un porque, y es así, que durante un instante nos sentimos acompañados.

Una de las cosas que más me encanta del ser humano, y en particular del mexicano, es la fascinación que le tiene a la muerte. No solo somos parte de ella, si no que la vivimos, la disfrutamos, la idolatramos, como dice Octavio Paz es uno de los pocos países donde no se teme hablar sobre ella y esto se debe a que “La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida.” Y a decir verdad, creo que es muy factible esta afirmación, ya que el mexicano se caracteriza, por vivir sin preocupaciones, el creer tener la posibilidad de hacer  lo que no se hizo hoy, el día de mañana y aunque estamos conscientes de que quizás el día de mañana no es seguro despertar, no nos aflige pensar en eso, es tanta nuestra admiración y respeto por ella, que incluso tiene un día especial, el 2 de noviembre, donde cada año, recordamos que ella es nuestro principio y fin.

Un tema importante que toca Octavio Paz en su libro, es la particularidad de ser hombre y de ser mujer. En una parte coincido con su pensamiento, el hombre mexicano es malísimo para decir lo que piensa, sus sentimientos, emociones e ideas, y creo que eso se debe al miedo que tienen de ser lastimados y/o humillados, de dar armas a los demás para su propia destrucción, es por eso que al hombre mexicano se le considera, poco sensible y apático. Y para ser sincera, no me pareció justa la forma en que describe el  estado “sumiso” y “pasivo” de la mujer, para mi este concepto es el reflejo del machismo mexicano y no tanto una característica femenina, además de que los tiempo ha cambiado y las mujeres tenemos las mismas oportunidades que los hombre, aunque a decir verdad,  la igualdad entre hombres y mujeres nunca podrá ser total, porque siempre nuestra condición de “debilidad”, se hace presente en todas las situaciones, laborales, escolares, deportivas. Nos pintan como una imagen que necesita ser protegida, cuidada, venerada, idolatrada, por ser la dadora de vida, y aunque esta forma de ver a la mujer, la hace ser como un objeto inanimado pero entrañable, es aceptado y muchas veces exigido por el mismo sexo femenino.

Algo que realmente considero interesante y que me dejo reflexionado, es el hecho de que los mexicanos nunca hemos sabido bien lo que queremos o pretendemos, la prueba más evidente de esto, es la independencia de México. En la independencia de Sudamérica se crean estados y leyes, mientras que en la nueva España, no se pretendía cambiar la estructura socioeconómica, se buscaba simplemente una “liberación” y al final se logra, sin embargo, como expone Octavio Paz, se hereda el viejo orden español sin la visión futura de una sociedad moderna. De igual forma en Revolución mexicana se muestra el poco conocimiento de lo que realmente necesitaba el país. Pues en resumen, siempre estamos buscando algo de lo que realmente nunca estamos seguros de querer encontrar. Y a decir verdad, el mexicano siempre está paliando por algo, por alguien, pero muchas veces no tiene un ideal claro, el ejemplo más actual podría ser, el de el dicho muro entre México y Estados Unidos, ya que nos sentimos ofendidos por esto, pero la más grande ofensa no la hacemos nosotros mismo, porque si México se encontrara en una estabilidad socioeconómica, no habría la necesidad de tener que salir el país, pero simple y sencillamente nos gusta sentirnos víctimas de las demás.

Otro punto que considero importante es la falta de individualidad en el texto, describe a un pueblo mexicano, un solo modo de pensar y de vivir, pero donde queda la individualidad del ser humano, el yo y no el nosotros. Creo que cometió un error en no referir a la persona en sí, ya que todos somos diferentes, como se menciona en su obra, nuestros orígenes son tanto indígenas como españoles, por lo que  México no es un país tan igual, sino que está formado, por personas de diferentes índoles y continentes. Además con la emigración y globalización es difícil decir que existe un patrón para dar una característica general. México está formado por personas, por mujeres, niños, hombres, adultos mayores, por creencias, sentimientos, por millones experiencias personales y no por estándares. Pienso que lo más cercano a la individualidad es cuando se refiere a Sor Juana Inés de la Cruz y habla de su soledad y su manera de enfrentarla. Donde según el autor, “Su doble soledad, de mujer e intelectual” la coloca como la primera mujer moderna de México.

Considero que es un libro interesante, sin embargo me parece un escrito extemporáneo y arcaico, hay que recordar que se escribió en los años 50 (es decir medio siglo atrás). Sin embargo con esto no quiero decir, que no sea de utilidad, al contrario te deja la enseñanza de todos los “cambios”, que ha experimentado México y sus habitantes a lo largo de nuestra inconfundible pero única historia, además te deja pensando, qué tipo de papel o rol estás desarrollando en la sociedad, de qué manera el simple hecho de existir deja huella de una u otra forma y como incluso lo que haces o dejamos de hacer influye en la sociedad en, tanto mexicana como de algún otro país

Para último, creo necesario, dar mi opinión personal acerca de lo que es la soledad. Yo la considero parte esencial del ser humano, porque es el único momento en el que podemos estar con nosotros mismos, estar durante un momento enajenados del mundo, lo que nos gusta y disgusta. Es en esos instantes cuando buscamos un significado a nuestra existencia. Mucha gente le teme a la soledad, el sentirse perdido en un lugar desconocido, pero lo que reflexionamos es que en realidad, siempre estamos solos, aunque nos encontremos en compañía de alguien, porque la soledad, no es una enfermedad o una fase, es una parte de nosotros, es algo que nos acompaña siempre y que aunque le tengamos tanto miedo, siempre llega un momento que necesitemos de ella, más que de las otras personas.

Por: Alicia Soto

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