El aborto, ¿sí o no?

Por: Alicia Soto

Correo: alysotoc@gmail.com

Facebook: @alysotopsicologa

 

Me han cuestionado sobre mi opinión acerca del aborto y he meditado profundamente antes de escribir estas palabras.

Al igual que la política y  la religión es un tema de controversia, en la que no importan tus argumentos (a favor o en contra), las personas que piensan distinto a ti no cambiaran su punto de vista; sin embargo, me atreveré a emitir mi opinión al respecto, consciente de que quizás lastime susceptibilidades o me gane uno o varios comentarios descalificativos.

Este tema los abordaré desde tres puntos focales: como madre, como mujer y como psicóloga.

Como madre.

Al igual que muchas mujeres tengo la fortuna de conocer la maternidad, de gozar y de sufrir con ella, pero no siempre fue así; a decir verdad, mi niña es un bebé arcoíris, es decir que llego después de un aborto espontáneo. Llego después de muchos tratamientos de fertilidad, de mucho desgate físico (incluyendo dolor) y emocional, después de muchos tratamientos invasivos y bastante costo económico. Y de hecho, no soy la única que ha pasado o pasa por algo similar; la Organización mundial de la salud (OMS) estima que 1 de cada 3 familias lucha contra la infertilidad (Velázquez, 2018).

De tal manera, que como madre digo no. No puedo estar a favor del aborto, cuando miles de familias, dan todo lo que tienen por poder ser padres, cuando hay mujeres en este mismo momento llorando por otra prueba negativa, cuando hay parejas que sonríen tristemente cada vez que les preguntas ¿para cuándo el niño?, cuando hay hombres que se sienten responsables de la tristeza de sus esposas, cuando hay familias que están en listas de espera para una adopción desde hace años, cuando hay mujeres y hombres cansados de llorar, de rezar y de tratar. No, no puedo decir, que estoy a favor.  

Como mujer

Personalmente, soy una mujer que siempre ha luchado por salir de los estereotipos de género (sin irme a los extremos), disfruto trabajar fuera de casa, no me gustan las novelas, administro económicamente mi hogar, pero también me gustan los vestidos, el color morado y los libros con historias románticas; a decir verdad creo que soy tan ecléctica que no encajo en ninguna clasificación. Así que, como toda mujer que lucha por sus derechos y la igualdad, creo en el derecho de elegir ser o no madre. Creo que nadie puede ser obligado a tener hijos si no los desea.

Sin embargo, creo que el derecho de elección sucede antes del embarazo, sucede cuando debes elegir responsablemente, sucede cuando tienes opciones para cuidarte, sucede cuando estas informada, no cuando cometiste un error y lo quieres arreglar. Y es en este momento, cuando alguien  pueda argumentar o ejemplificar con alguna adolescente, de escasos recurso, abusada sexualmente por un familiar (para abarcar todos los escenarios posibles) y ¿saben qué? es un argumento válido. Y es en esos casos tan especiales que la ley debería analizar la situación y ofrecerle a la víctima opciones para que su salud e integridad sean rescatadas, pero solo en estos caso; no cuando te pasaste de copas, no cuando fuiste infiel, no cuando te gano la calentura y preferiste no cuidarte.

Además, como beligerante de la igualdad, creo que los padres de esos futuros niños deberías tener la posibilidad de elegir, si están de acuerdo o no con el aborto. Así como a los padres se les obliga legalmente a reconocer a un niño y mantenerlo, si la madre así lo desea, el hombre debería tener la misma opción legal. De tal manera que como mujer digo no, no estoy de acuerdo con el aborto.  

Como psicóloga

Me considero una persona muy profesional, de hecho, una vez que entro a mi oficina, mis ideologías políticas, religiosas y sexuales, se quedan afuera. Dentro de un consultorio psicológico y de cualquier otro ende, el cliente y sus necesidades son lo más importante; de tal manera que aunque personalmente, estoy a favor y en contra de muchas ideologías, no manifiesto estas opiniones en terapia.

Como terapeuta he escuchado sin fin de caso, algunos comunes, otros no tanto y otros tantos fuera totalmente de lo común. Así que he tenido la oportunidad de trabajar con chicas (mujeres entre 18 y 24 años) que han abortado intencionalmente, por diversos motivos. Sin embargo, las consecuencias psicológicas son las mismas:

Arrepentimiento

Coraje

Sentimientos de culpas

Vergüenza

Sentido de soledad o aislamiento

La pérdida de confianza en sí misma

Insomnio o pesadillas

Problemas en su relación de pareja o con sus padres.

Pensamientos  y sentimientos suicidas

Trastornos de la alimentación

Depresión

Ansiedad

Etc.

No quiere decir que todas las mujeres que abortan tienen estos sentimientos, pero la mayoría de las que acuden a terapia sí. He tenido la oportunidad de trabajar codo a codo con estas mujeres, he tenido la oportunidad de escuchar de su propia voz los motivos que las llevaron a abortar, he visto como una decisión que en ese momento parecía ser la mejor opción, con el tiempo la culpa no las deja avanzar. Así que como psicóloga digo no, creo que las consecuencias psicológicas de abortar son más significativas, que el de no hacerlo.

Como lo expuse inicialmente, habrá personas que estén de acuerdo con mi punto de vista y habrá quienes no, pero solo es eso, un punto de vista. Lo bonito de la libertad de expresión es poder decirle al mundo lo que piensas, consciente que ningún pensamiento es igual.

 

Por: Alicia Soto

Correo: alysotoc@gmail.com

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