¿Cómo elegimos a nuestra pareja?

Por: Alicia Soto

Correo: alysotoc@gmail.com

Facebook: @alysotopsicologa

Elegir a nuestra pareja es un proceso que puede llegar a ser muy interesante para algunos y muy engorroso para otros, como podrá confirmar cualquier persona que se encuentre en esta tarea. 

La manera en la que elegimos a nuestra pareja ha ido cambiando a lo largo de la historia; de hecho, años atrás las personas que iban a formar un nuevo  matrimonio, tenían poco que decir al respecto; a ellos se les elegían la pareja incluso desde que eran niños.

El día de hoy, el amor es un factor muy importante para considerar, antes de decidir compartir - para siempre - tu vida con alguien más. Por tanto, en la actualidad, la elección de la pareja se deja en su gran mayoría a cargo del interesado; sin embargo, eso no significa que el proceso de selección no sea predecible, al contrario la persona que se elige como pareja es una de elecciones más predecibles que podemos hacer.

Existe una teoría sobre la elección de pareja, desarrollada por Kerkoff y Davies, que sugiere que el proceso de selección pasa por una serie de filtros que eliminan a los candidatos no aptos, durante los diferentes estadios de la relación íntima (Schaie &Willis, 2003).

Durante el primer filtro, el total de las posibles parejas se selecciona a través de la proximidad; es decir, a través de la proximidad geográfica. Si dos personas, están relativamente cercas, su posibilidad de conocerse, platicar, salir, enamorarse y casarse aumentan significativamente. Ahora, debido a los avances tecnológicos, existe la posibilidad de conocer a nuestra pareja ideal, fuera de nuestra ciudad, de nuestro país e incluso en otro continente; sin embargo, una vez que se han conocido, un romance que se viva con contacto personal frecuente, generalmente tiene más posibilidades de tener éxito que aquel que se haga mediante correo electrónico, llamadas telefónicas y visitas ocasionales. Es importante recordar, que los seres humanos necesitamos del contacto y de las atenciones íntimas, para desarrollar relaciones interpersonales sanas.

Una vez que la infinidad de posibles parejas es reducida por la proximidad, se activa el filtro de la atracción. Este tamiz se divide en dos etapas: la atracción física y la atracción de la personalidad. Durante la primera etapa, se lleva a cabo un proceso inconsciente, en la que nuestro cerebro se encarga de identificar y seleccionar aquellos rasgos que son agradables para nosotros (color de cabello y de piel, estructura ósea, altura, peso, etc.), esta etapa es inmediata y sencilla; mientras que la atracción de la personalidad, requiere de más tiempo y contacto con la posible pareja, para poder conocer profundamente su manera de ser y de sentir.  Un detalle a considerar durante este filtro, es que si las características físicas de una persona son muy atractivas, puede ejercer una influencia indebida, provocando que uno esté más predispuesto a pasar por alto rasgos importantes de la personalidad.

Ahora bien, existe otro filtro importante que nos ayuda a seleccionar al amor de nuestra vida. El contexto social. Las personas tienden a casarse con aquellas personas que tiene similitud en ideologías y creencias, preferencias políticas, niveles educativos, profesiones y clases sociales, etc. Si bien, alguno de estos factores han ido perdiendo fuerza a través de los años, como es en el caso de la religión y las preferencias políticas, otros aspectos como el caso de la profesión y el nivel educativo, se han tomado más en cuenta. Casarse con alguien que tiene las mismas ideas, es un factor muy importante para la estabilidad de la pareja.

Una vez que seleccionamos a una persona con ideologías similares a las de nosotros, comienza otro filtro: el consenso. Aunque existan personas que compartan nuestra religión o nivel académico, no necesariamente esto significa que tengamos que estar de acuerdo en todo, por lo tanto este tamiz, separar  las personas con actitudes especificas, es decir, en este punto es necesario que las parejas tengan el mismo punto de vista sobre algún determinado tema, por ejemplo: si la mujer debe o no trabajar, como se van a educar a los niños, si están a favor poligamia, etc.

Después vendría el filtro de la complementariedad que implica que más allá de la similitud de actitudes, valores y metas, buscando una pareja que nos complemente, alguien que sea fuerte en lo que nosotros fallamos.

Finalmente, hay un filtro de disponibilidad, que básicamente significa que tan dispuesto esta la persona en casarse, aquí la edad, el status socioeconómico, el nivel educativo, entre otros son factores significativos para que este filtro se lleve a cabo.

Para concluir, podemos afirmar que no existe una única manera de encontrar, al a persona que va compartir su vida con nosotros. Encontrar al amor de nuestras vidas, depende de infinidad de factores, de tal manera que lo que es funcional para una persona, no necesariamente lo es para otra; lo importante es estar emocionalmente estable y con la entera disposición de pasar por este proceso abrumador.

 

Por: Alicia Soto

Correo: alysotoc@gmail.com

Facebook: @alysotopsicologa

Facebook

La Gente Opina

¿Quien sea detenido en ilegal portación de un arma de fuego debería recibir prisión preventiva?
Comentarios