Puro frufrú y puro fifí

Arq. Mario C. Contreras Figueroa

Todas las personas nos preparamos, cuando nos vamos a casar, para el gran día de la boda. Dependiendo del presupuesto, las costumbres familiares y sociales, los gustos, cada pareja toma decisiones para celebrar y para compartir con la gente más cercana.

De hecho, en estos tiempos de falta de compromiso, que un hombre y una mujer deseen unirse para formar una familia, es algo que todos los ciudadanos festejamos.

Normalmente, cuando se trata de personas muy conocidas y con más recursos, solo los invitados se enteran de los alcances del evento. Algunas veces se filtran fotografías en las columnas de sociales, lo cual no necesariamente sucede. Otras parejas deciden casarse fuera de su ciudad de origen y se trasladan, con su comitiva, a lugares tan disímbolos como Las Vegas, Cancún, Valle de Allende o Colombia. Si los novios son ya “mayorcitos” la discreción es obligada, particularmente si alguno o los dos estuvieron casados con anterioridad.

Las bodas de los políticos rompen, casi siempre, con estos patrones. Por ejemplo, cuando Beatríz, la hija del expresidente Miguel Alemán se casó, en 1952 y este, conocido por sus excesos -a cargo del erario- construyó lo que ahora se conoce como el salón Miguel Alemán, para efectuar el enlace.

Otro expresidente conocido por su buen gusto y sus dispendios, José López Portillo, celebró el enlace de su hija Paulina con Pascual Ortiz Rubio Downey (nieto de otro expresidente), también en Los Pinos, teniendo como variedad nada menos que a Luis Miguel, quien tenía escasos 11 años.

Por último, Vicente Fox, en el año 2001, se casa con su secretaria de prensa, ambos divorciados, en Los Pinos, en un sencillo enlace civil.

Quizás hubo y habrá otras, pero ninguna tan sonada como estas tres, unas por el despilfarro y otra porque se trataba del propio presidente.

Aunque se supone que hubo ceremonias religiosas, no queda mucha constancia de las mismas, probablemente para marcar la supuesta separación Iglesia y Estado.

A principios de julio, millones de mexicanos en las urnas le dijeron “no” a estas prácticas frívolas y eligieron a un presidente que, entre sus discursos de campaña rechazaba a la que él llama sociedad fifí. Atrás iban a quedar este tipo de eventos tumultuarios y ostentosos y se daba inicio a la “honrada medianía de los servidores públicos”, tan cacareada por Benito Juárez.

Todo lo anterior nos da pie a comentar la boda de César Yáñez, próximo coordinador general de Política y Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, con la señora Dulce Silva.

No hubo necesidad de que algún aventado filtrara, a través de las redes sociales, los pormenores del enlace. Al más puro estilo de la época de oro de la dictadura príista, se dio parte a todos los medios, particularmente al preferido de los políticos y de los nuevos ricos mexicanos: “Hola”. Del menú, ni hablar, sólo lo mejor: filetes y langosta. El salón de fiestas lució centenares de miles de flores de todos tipos y calibres. Vajillas y cristalería mejor que la de Navidad. Nada quedó en descuido.

Puro frufrú y puro fifí.

Los invitados, la nueva clase social de la política mexicana: empresarios arribistas, políticos convenencieros, funcionarios del futuro gabinete (y se supone que del actual), gobernadores, senadores y diputados que, sólo por esta ocasión, permanecieron despiertos hasta que se acabó la fiesta. Para dormir, mejor en la curul.

Por cierto, no se sabe si no los dejaron entrar o se disfrazaron de fifís, pero no se ve ningún chairo en las fotografías.

¿Es ésta la forma como será gobernado México durante los próximos seis años? Sin necesidad de simulación o de disculpas, sólo el grosero espectáculo de excesos y abusos, no filtros, no son necesarios. Total, la gente sigue creyendo lo que les decimos, aunque hagamos otra cosa.

Para eso están los todavía miles de “porros” y “paleros” del futuro presidente quien, por cierto, aparece sonriente también en la primera plana de “Hola”, en una foto más chiquita, pero más arriba, para que se sepa.

Si por las vísperas se conocen los días, no nos augura un buen clima en el futuro. La insustancial encuesta sobre la construcción del aeropuerto de la ciudad de México solo será eso: una consulta. Y luego, se hará lo que se quiera. Carlos Slim aparece ahora como el enemigo a vencer, representado por su yerno, que aparece como prestanombres del prestigiado arquitecto Norman Foster en el proyecto. Pero, por otro lado, Miguel Torruco, consuegro de Slim, será el próximo secretario de turismo.

Dios nos ampare con este carnaval que inicia en diciembre.

Nos preocupamos tanto del ascenso de Donald Trump al poder y descuidamos la casa. Pero esto no tiene comparación con nada que hayamos conocido, ni siquiera las dictaduras bananeras del Caribe.

Me gustaría soñar que lo recordaremos en alguna película de humor negro y surrealista, dentro de varios años y no como el principio de la caída de México.

Arq. Mario C. Contreras Figueroa

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