Muera el Rey, Viva el Rey

Jorge Camacho Peñaloza

@Camacho_Jorge

Nunca había acabado tan disminuida la figura de un Presidente de la República al final de su mandato como con Enrique Peña Nieto. A sus desaciertos personales antes y durante su mandato, se sumó el abrumador resultado de la elección del pasado primero de julio, expresión de no sólo la desaprobación a su gestión, sino a su partido como máxima representación de todo el sistema político identificado con la corrupción, la frivolidad, el desinterés por la sociedad y la desatención a los principales problemas del país. El ejercico del poder basado en raíces imperiales, mediante unos gobernantes que siempre creyeron y quisieron hacer creer al pueblo que su poder devenía providencialmente; sin embargo hoy, a escasos días de dejar el poder, Enrique Peña Nieto a pesra de que casi no gobierna nada, no pierde la forma y figura; es un rey en plena agonía política en medio del griterío: ¡muera el rey!, abrumado por el poder que un histórico voto ciudadano depósito en manos de Andrés Manuel López Obrador, quien partiendo plaza recorre el país en medio del vitoreo: ¡viva el rey!

De modo inédito se mueve hoy nuestro régimen político en una extraña forma doblemente incentivada: por un lado, con bodas al estilo imperial francés de uno de los más simbólicos representantes del grupo que lidera la cuarta transformación, en lugar de la prometida moderación republicana de los servidores públicos; y, por otro, con destellos de dictadura proletaria en la falsa idea de que la llegada de Andrés Manuel López Obrador fue resultado de una lucha de clases y no de una contienda democrática definida por el voto ciudadano. En consecuencia, no pueden disimular el dictadorcito que llevan dentro, puesto que los actuales representantes del morenismo en los poderes legislativos locales y federal creen que cuentan con la venia del pueblo para lo que se les dé la gana.

Esta situación que debiera dar certeza por el hecho de que el próximo gobierno ya está en funciones sin esperar a que desaloje el actual, más bien está provocando una cierta incertidumbre derivada de formas más autoritarias que democráticas, aderezadas con usos populistas y gustos de realeza, que pareciera que en lugar de ir a la cuarta regresaremos a la tercera transformación de la República. Esta es el mutis de la política, que no es mecánica ni teórica, sino artesanal, hecha por humanos con vicios y virtudes, que puede llevarnos a la vanguardia de la reorganización de la sociedad o, sin saberlo, regresarnos a estadios que creíamos haber superado, alejándonos de la posibilidad de una política leal y respetuosa a las instituciones.

Así, en lugar de decidir una obra pública como el aeropuerto a partir de los más avanzados estudios de expertos, se turna esa responsabilidad a una consulta popular. La contradicción no se esconde. La consulta sobre el aeropuerto es consecuencia de una estrategia para sortear semanas de campaña formal, que en su momento cumplió su cometido, pero que ahora se presenta como rémora. Una deuda que López Obrador tiene la obligación de saldar una vez que la falacia le redituó no pocos votos. Por eso no se consulta a los trabajadores de las dependencias que se trasladarán a otro Estado. MORENA sabe el resultado de la consulta sin necesidad de realizarla. No importa. El autoritarismo es arbitrario. Las mismas razones existen para una consulta sobre el aeropuerto o para la descentralización de Secretarías. La conveniencia de una consulta en lugar de otra es consecuencia del autoritarismo y no, como se pretende, del talante democrático. La China de Mao-Tse-Tung votaba todos los días, también eran frecuentes las consultas en la Cuba de Fidel Castro y en la España de Franco. El voto no es privativo de la democracia. El primer reconocimiento a una democracia es el respeto a sus instituciones. Una evidencia de la ausencia de convicción democrática es la falta de criterio para establecer qué es susceptible de una consulta popular. De manera que si unos proyectos se votan y otros no sin justificación alguna, si el círculo cercano a López Obrador es devoto de los fastos y del exhibicionismo obsceno contrario a la famosa austeridad republicana, todo indica que la cuarta transformación podría ser la primera, la tercera o la vigésimo quinta. Para tener claridad acerca de si regresamos a la tercera o vamos a la cuarta, habría que discutir qué se entiende y en qué consiste cada una de ellas para saber exactamente a dónde vamos. Algo que no sucederá porque nuestra clase política no entiende que las palabras están al servicio de la acción y no de sí mismas.

Jorge Camacho Peñaloza

@Camacho_Jorge

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