“Siempre que pasa igual sucede lo mismo”

“Siempre que pasa igual sucede lo mismo”

Jorge Camacho Peñaloza

@Camacho_Jorge

 

 

Alguien soltaba el chistorete de que “siempre que pasa igual sucede lo mismo”. En esta tesitura se encuentra el PAN. Cuando las cosas van mal, siempre empeoran. Este es el escenario que enfrenta Acción Nacional. Hay quien piensa que el instituto político ha tocado fondo. En absoluto, se toca fondo cuando se toca. Quien lo decide no es el navío naufragado sino el fondo y, en este caso, parece que no existe. La decadencia del partido comenzó hace demasiado como para pensar que una elección puede invertir la inercia, aunque puede paliar la coyuntura. El 11 de noviembre, es decir, a escasos días, se decidirá a su nuevo Presidente. Optan a la investidura dos candidatos distintos y distantes pero con el mismo discurso. Síntoma de que uno de los dos miente, a no ser que lo hagan los dos. El discurso es el previsible en estas circunstancias: regreso a los principios, recuperación de la doctrina, lealtad al ideario fundacional. Menos sospechoso es Manuel Gómez Morín quien, ante esta situación, ha decidido presentarse asumiendo el legado de su abuelo, don Manuel Gómez Morín, y en contra de la opción encabezada por Marko Cortés (así, como lo leen, con k). Hay una contradicción de fondo y de forma -y no lo digo por la k- en esta opción. Marko Cortés formó parte de la guardia pretoriana de Ricardo Anaya, el mismo que manipuló el partido para desterrar la democracia interna, promover los moches, cooptar el padrón electoral, imponer su candidatura a la Presidencia de México a los militantes, aliarse en lo oscurito con el PRD y dejar sin opción de voto a muchos mexicanos. Es decir, en llevarlo hasta donde está hoy. En la actualidad, Acción Nacional es una alternativa desorientada, confundida, desacreditada. En realidad, no hay pretextos para que se haya deteriorado de esta manera. Y no los hay porque los principios panistas son claros.

El declive imparable se debe a que las últimas dirigencias del PAN, entre las que figuran de manera visible las de Gustavo Madero y Ricardo Anaya, relegaron entre tantas cosas la doctrina del partido. En este olvido premeditado tuvo papel principal Marko Cortés. Se antoja al menos contradictorio que quien tomó partido a la hora de prescindir de los principios panistas se erija ahora en su albacea. No es creíble que Marko Cortés esté preparado no ya para ser dirigente del PAN, sino panista aunque sea con k. Con Anaya y Zepeda, Cortés pertenece a una promoción oportunista y arribista, ignorante de lo que representa el partido, ávida de servirse con la cuchara grande. Lo que no se hizo cuando se debía no se hace cuando se puede. En estas circunstancias no es menor la responsabilidad de los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional que apoyaron a Anaya y a Zepeda en decisiones contrarias a los principios del partido. El problema de Acción Nacional no es de su Presidente sino de toda su dirigencia. Para garantizar un regreso a los principios habría, por lo menos, que darle la vuelta a todo el aparato. Algo que resulta impensable. Así las cosas, las próximas elecciones internas se asemejan a una farsa o a una tragicomedia, más lo segundo que lo primero. Una comedia porque al parecer las cartas ya están echadas; una tragedia porque el PAN seguirá hundiéndose hasta el previsible fondo. Pero no es sólo que los panistas por la inmoralidad de unos dirigentes se queden sin alternativa política, sino que ese desamparo cubrirá a muchos mexicanos. Cuesta entender como alguien que ha dañado sistemáticamente al partido, se presente ahora como candidato a su presidencia siendo apoyado, además, por los integrantes del aparato. El PAN no se recupera porque los panistas no quieren.

Manuel Gómez Morín concita por lo menos la curiosidad de la novedad o, al menos, la novedad de lo originario. A sus blasones personales y familiares, quiero pensar que habría que añadir generosidad y desinterés a la hora de servir al partido y a México. Me llama la atención la discreción con la que se está moviendo esta campaña, como si no le interesara a nadie o como si a alguien le interese que parezca que no le interesa a nadie. Da la impresión de que es una elección de cuates y para cuates. Es decir, para los de siempre hasta que desaparezca el partido. El gatopardismo o el tancredismo al servicio de los mismos.

Jorge Camacho Peñaloza

@Camacho_Jorge

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