Política, corrupción y oportunismo

Jorge Camacho Peñaloza

@Camacho_Jorge

 

Extraviado en el laberinto de sus terquedades, Javier Corral Jurado olvida con demasiada frecuencia que es Gobernador de Chihuahua. Su obcecación contra la corrupción ha dejado de ser una directriz de gobierno para convertirse en asunto personal, con el costo previsible no ya para los ciudadanos que lo votaron sino para los siguientes comicios. Lo que comenzó siendo una reivindicación legítima ha mudado en evasión de las tareas de gobierno. No se sabe muy bien si la persecución de corruptos está debidamente justificada en términos políticos o, por el contrario, únicamente opera como maniobra de distracción y encubrimiento frente a la incapacidad de su gobierno. Se antoja que la presión a la que Corral somete al poder judicial excede con mucho las atribuciones del ejecutivo estatal, invadiendo una competencia cuya independencia se consigna en la Constitución. Hay una contradicción de fondo: no se puede reclamar justicia violando el mismo código desde el que se clama justicia. La impartición de justicia se subordina a las leyes y no al revés. El respeto a las leyes garantizan los derechos de todos los ciudadanos hoy y mañana. Forzar el aparato judicial termina por volverse en contra de quien lo manipula en virtud de esa misma arbitrariedad.

En recientes declaraciones, Javier Corral ya no habla de que la corrupción es un delito: “Lo más importante en el combate a la corrupción política, no es perseguir a los corruptos ‘per se’ o llevarlos a la cárcel por llevarlos”; sino que “lo más importante del combate a la corrupción política es recuperar el dinero robado, el dinero que es del pueblo y que fue desviado indebida, ilegalmente para fines de enriquecimiento personal o también para favorecer campañas políticas, como fue el caso de Chihuahua” (El Heraldo de Chihuahua, 23/11/2019). La declaración exhibe la torpeza. La corrupción es un delito a perseguir independientemente del monto defraudado. La aseveración del Gobernador es revelante porque expone a la vez irresponsabilidad e ignorancia. Apropiarse de cinco pesos es equiparable a hacerlo de un millón en lo moral. La falta no está en la cantidad sino en el hecho. Javier Corral deja la puerta abierta a cualquier corrupción que no sea mesurable económicamente o que sea insignificante en este rubro. La corrupción económica es una manifestación más de la corrupción moral, que ni siquiera tiene porqué ser la expresión más importante aunque sea la más llamativa. El Gobernador definitivamente padece el desconcierto de su propia ceguera. En su vértigo, asume palabras de López Obrador como si fueran propias. El dinero robado no es del pueblo sino de los ciudadanos que pagan los impuestos. La salvedad merece consideración puesto que no todos los ciudadnos pagan impuestos por diferentes razones y, en muchos casos, de manera justificada. El dinero público no es del pueblo, masa idefinida y anónima, sino de individuos con nombres y apellidos que contribuyen al bienestar de la sociedad con una parte de los ingresos derivados de su trabajo. Conviene la precisión. No es lo mismo que un ciudadano se beneficie de los servicios públicos sin pagar impuestos a que lo haga quien sí contribuye. Por encima o por debajo o al lado de las leyes hay una justicia social que Javier Corral olvida con facilidad. Quizás esta desmemoria oportunista resida en que su administración no impulsa políticas para reducir el trabajo informal, ni para fomentar el mercado laboral, ni condiciones para una fiscalización eficiente.

            Devolver el dinero de la corrupción al erario no cambiará la vida de quien tiene una existencia precaria, de quien carece de oportunidades, de quien no tiene trabajo. Pero perseguir la corrupción desde las instituciones competentes, respetar la independencia de poderes, aceptar los fallos de los tribunales contribuye decisivamente a fomentar el Estado de Derecho y a fortalecer la democracia. La independencia judicial es decisiva para que la igualdad sea efectiva, remedio para que las brechas sociales y económicas se cierren. La corrupción no exime al gobierno en funciones de cumplir el mandato ciudadano que no es otro que servir de la mejor manera a la sociedad, combatiendo a la corrupción no en consideración de las cantidades defraudadas, sino como delito consignado en las leyes.

              

Jorge Camacho Peñaloza

@Camacho_Jorge

Notas recientes

Facebook
Comentarios