Un día en la vida de Quique Copetes

Sin sesgo | Arq. Mario Contreras Figueroa

 

Metepec, Edomex, en algún momento del año 2010 de nuestra era. En una elegante oficina se da el siguiente diálogo:

-Señor, acaba de llegar este catálogo de la televisora, vienen todas las opciones que solicitamos; hice una selección y las marqué, para no perder tiempo y sobre todo, porque usted no sabe leer.

-Ya les dije que me gusta Lucero de la mañana. Cómprenla y se la traen.

-Ya hablamos con ella varias veces y dice que no, que tiene otros planes. Además, es más lista y más alta que usted.

-De lo lista, ni hablar; de lo alta, que le corten las patas o que me hagan unos zapatos con elevador. No podemos seguir perdiendo el tiempo. ¡Arre, Lulú!

Pasan varias semanas y Lucero de la mañana sigue sin dar su brazo -y sus patas- a torcer. Las elecciones se acercan y Quique no tiene primera dama. Alguien ha llegado a sugerir que se case con la candidata del partido opositor, que es más bajita que él así, en cualquiera de los casos, los dos llegan a Palacio Nacional. Pero no es güerita y aparte, tiene maestría y se desecha de inmediato. Además, con el antecedente del Chente y la Martinica, Quique tiene miedo de que le vayan a hacer un mal de ojo.

La Televisora se acelera y envía un nuevo catálogo: bajitas, güeras y medio sonsas. Alguien sugiere a la Paloma, pero la descartan por ser casada y porque tiene muchos hijos, aparte de que tiene la idea de que es la gran actriz del momento, entre Yalitza y Belinda y pide mucho dinero.

Los más liberales sugieren buscar a un hombre o a un travesti, para acaparar los votos de los colectivos LGBTTABCXYZ y enviar un mensaje al país de inclusión. Pero todos ya tienen su político o su pareja millonaria y le sacan la vuelta. ¿Y si pierde? Mejor no.

Por fin, después de muchas negociaciones y pocas opciones disponibles, le ofrecen a la Paloma algo que no puede rechazar: una gran casa blanca, viajes, ropa de diseñador. Con asco y todo, la Paloma acepta y firma el contrato. Nadie entiende para qué quiere un libreto, pero le consiguen uno de una telenovela que no se realizó y siguen adelante.

Lo más complejo era anular el matrimonio, sobre todo porque no había ninguna causa válida para conseguirlo. Todo se había hecho correctamente: la ceremonia se realizó en secreto en una parroquia de la capital y después, ya casada, inventaron un rito maya en el mar.

El marido no se extrañaba tanto de su conducta, siempre había sido muy rara. Un sábado, se levantó temprano y salió de la casa con el pretexto de ir al OXXO a comprar cigarros. Nunca volvió, ni por sus cosas.

A pesar de los esfuerzos de la Televisora para manejarle una imagen adecuada, la Paloma sentía que estaba realizando el papel de su vida y daba entrevistas a diestra y siniestra. Nunca se dio cuenta de que a ella le tocaba hacerla de comparsa, que era un adorno para el personaje principal, Quique. Y este, que no se distinguía por tener un carácter muy fuerte, la dejaba hacer e incluso le toleraba desplantes de diva enfrente de los medios de comunicación.

Naturalmente, le cumplieron todos los caprichos: la casa blanca, los viajes, la ropa, pero ella siempre quería más y más, a cambio de algún gesto estudiado para los fotógrafos y alguna lagrimita por las clases más desprotegidas, durante el poco tiempo que pasaba en el país.

Quique, por su lado, también empezó a creer que lo suyo era como una actuación y se atenía a los guiones que su equipo le pasaba diariamente. El problema era su ignorancia. Si alguien le preguntaba algo diferente de lo que había estudiado, no sabía qué contestar. Así, su pueblo se dio cuenta de que apenas sabía leer o escribir, que se tituló en la Universidad por plagiar una tesis. Que sus conocimientos de geografía o historia eran nulos y que no tenía el menor interés por desempeñar el papel que sí le correspondía. Así como no era la señora de la casa, tampoco era el presidente.

Su equipo de niños Montessori cada vez cometía más errores. La economía se les salió de las manos y ni cuenta se dieron. No pudieron controlar a los actores políticos ni a la opinión pública. Sus mayores logros correspondían a viajes internacionales, donde se fotografiaba con las celebridades locales. Eso sí, su copete y su atuendo eran siempre impecables. Y la Paloma y todas sus hijas parecían modelos de revista.

Como dijo una señora que conozco, muy educada pero, también, muy claridosa: “tan guapos, pero que no abran la boca, por favor”.

Durante los seis años que estuvieron en la luz pública, cada ves era más notorio que Quique caminaba sin rumbo y que Paloma vivía en un mundo que no correspondía con la realidad, siempre pensando que estaba filmando, como protagonista, una telenovela del “canal de las estrellas”. Rara vez coincidían ella y Quique y cuando lo hacían, era porque el guión así lo requería de ellos. Más que protagonista, parecía que su papel era el de actriz invitada, sólo para algunos capítulos. La mayoría de sus días transcurrieron fuera de su país, como bien se encargaron de reseñar las revistas rosas. Que sí comió en Roma, que si se fue de compras a Madrid o a Beverly Hills.

Cuando le reclamaron sobre su “casa blanca”, solo dijo que la Televisora se la dio por su trayectoria o que la había comprado con sus ahorros o que era prestada, pero nunca se atrevió a decir que era el pago por el contrato que tenía con el gobierno y que la pagaron los ciudadanos. Lo peor es que siguen apareciendo más y más propiedades en el extranjero. Seguramente sus servicios han sido tan relevantes para la patria que estos premios son pocos para lo que se merece.

No hay mal que dure cien años y la comedia tuvo que terminar y este final fue reseñado por todas las profundas publicaciones que tanto le gustan a la Paloma. Un amor de telenovela se acaba cuando aparece el letrero que dice “Fin”. Declaraciones preparadas con anterioridad, dos o tres lagrimitas de mentolato y a buscar otro papel.

¿Las consecuencias? De tener un presidente que gobernaba desde una torre de frivolidad y superficialidad, le abrieron la puerta a un ocurrente mesías, que vive en 1971.

Salimos de una telenovela rosa para entrar a una película de terror, con final impredecible. Esto huele muy mal.

 

Arq. Mario Contreras Figueroa

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