Ocurrencias y realidades

Diacrítico Chihuahua | Ocurrencias y realidades

Jorge Camacho Peñaloza

@Camacho_Jorge

 

 

El 1 de enero inició el Programa de la Zona Libre de la Frontera Norte, en los 43 municipios fronterizos con Estados Unidos. El plan ofrece diferentes beneficios: la reducción del IVA al 8%; disminución al ISR al 20%; el aumento del salario mínimo a 177 pesos; la homologación del precio de combustibles con el país vecino. Contra pronóstico del Gobierno Federal, en Matamoros se multiplicaron las huelgas en muchas maquiladoras. 30 mil empleados reclamaban un aumento salarial del 20% y un bono anual de 32 mil pesos.

Frente al paro de los trabajadores y de la industria, el Gobierno Federal respondió con silencio. El Presidente del Consejo nacional de Index firmó un oficio en que declaraba: “Anunciar el decreto de beneficios para la frontera norte y su vigencia a las 48 horas ha tenido un grave costo para Matamoros, por falta de tiempo y socializacion de las nuevas reglas estirando más el tejido social, que ya con la propia delincuencia tiene la región.

Nos preocupa el estado de indefensión en Matamoros. Necesitamos al sector público y la intervención decidida del gobierno federal para restablecer la confianza productiva”. La inconformidad no es con las medidas adoptadas por el Gobierno Federal, sino con la celeridad con que se aplicaron. En política los tiempos son tan importantes como las medidas. Una buena medida puede fracasar si no se adopta en el momento oportuno.

Lo que sucede en la Frontera Norte, particularmente en Matamoros, es significativo de un gobierno al que no le importa la oportunidad a la hora de aplicar las decisiones, sino aplicarlas independientemente del provecho que se les supone. La observación no es menor, pues el Gobierno Federal prioriza sus intereses a los de la ciudadanía, más interesados en los réditos políticos inmediatos que en los beneficios que pueden traer a los mexicanos.

Cuando la política es mera publicidad, el ciudadano se convierte en víctima propiciatoria. Como es habitual en este gabinete, los problemas reales y acuciantes apenas merecen unos minutos en alguna de las ruedas de prensa de las mañanas. Lo que parece interesarle al Presidente es calumniar ante los medios de comunicación a quienes entorpecen un diseño que quiere cambiar México a costa de los mexicanos.

No le importa que los señalados, de momento, tengan menos conflictos de intereses que los miembros de su gabinete; tampoco que el tráfico de influencias sea ya una costumbre de su Gobierno. Los adversarios tienen la culpa de todo. De manera que las paralizaciones de la Frontera Norte, con la consiguiente pérdida económica para la industria, será culpa de los empresarios y no de la incompetencia del Gobierno Federal a la hora de aplicar las políticas.

El autoritarismo exhibe siempre el ventajismo de quien lo detenta, a costa del bienestar de los gobernados porque el fin de toda acción es el Estado y no el país. Paradójicamente, el nacionalismo de López Obrador poco tiene de nación. Hay una perversión de las palabras para ofrecer el retrato de un México que no existe pero que AMLO quiere que sea ya.

López Obrador dice que conoce la historia, lo que no deja de ser una percepción muy personal, pero de la historia ignora lo más relevante: las transformaciones necesitan tiempo porque lo importante es que los ciudadanos los asuman. Desconocer esta premisa es desconocer la historia. AMLO no gobierna a favor de la historia sino en su contra como la historia misma se encargará de registrar.

Los Estados de la Frontera tienen un problema serio que no es únicamente el que ahora viven. El verdadero conflicto consiste en la indiferencia de un Gobierno Federal al que sólo le importa el gobierno mismo sin responsabilizarse de sus ocurrencias. La realidad termina por imponerse y denunciar la frivolidad de las decisiones. López Obrador se ha ganado un puesto en la historia, pero a lo mejor no es el que anhela.

 

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Jorge Camacho Peñaloza

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Tips al momento

Extrapolar la competencia para 2021

La disputa evidente por el poder al interior de Morena entre la presidenta nacional, Yeidckol Polevnsky y el senador Ricardo Monreal, podría extrapolar la competencia electoral en Chihuahua en 2021, tan sólo ver lo que ocurre en Puebla donde están a punto de hacer crisis las diferencias, próximo a replicarse el fenómeno en Baja California.

Ambos personajes traen a sus respectivos perfiles en la búsqueda interna del control político y aunque no se sabe quién sería el alfil de Yeidckol Polevnsky para la sucesión del 2021, sí se advierte que Monreal tendría esperanza y apoyo en la figura del Senador, Cruz Pérez Cuellar; lo que abre sin duda el jaloneo de los grupos por los gobiernos estatales.

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