'La Loba', una de las boxeadoras más bellas del mundo

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Por : Cruz Loera
31-Dic-2009 12:08 - La joven enfermera ha venido a dar un toque sensual al pugilismo. Como profesional suma 24 victorias, 22 de ellas por nocaut; un empate y sólo una derrota. “Soy una combinación de todo”, expresa Zulina Muñoz para explicar, con sencillez, las dos profesiones tan distintas a las que se dedica: el boxeo y la enfermería. Muchos creen que las mujeres solamente servimos para hacer de comer o lavar trastes. Yo sé que en esta profesión voy a recibir golpes, pero me gusta más darlos yo. Foto: José Carlos González.

Zulina es boxeadora profesional y, así como luce satisfecha los tres cinturones ganados en seis años de carrera, también viste con orgullo su blanco, blanquísimo, uniforme de enfermera.


Abajo del ring gusta de la poesía, su libro favorito es Mujercitas y se esmera por tocar guitarra, pero arriba del cuadrilátero –con los guantes puestos en una profesión que hace tiempo se creía era dominio exclusivo de los hombres– se transforma en una auténtica peleadora que busca masacrar a sus rivales desde el gong inicial, lo que le ha ganado el mote de La Loba.


“Sí, soy muy contradictoria en todo”, añade la agraciada joven de 22 años, que también aparece como la única mexicana en una encuesta de Internet para elegir a la boxeadora más guapa del mundo.


Zulina Guadalupe Muñoz Grajeda (10 de agosto de 1987) nació y radica en San Vicente Chicoloapan, estado de México. Su primer contacto con el pugilismo lo tuvo porque uno de sus cinco hermanos, Fernando, era boxeador. Sin embargo, “nunca vi videos ni fui a apoyarlo ni a verlo en el gimnasio”. Podría decirse que la joven odiaba esta disciplina.


“Pero mi papá hablaba mucho de mi hermano y lo ponía hasta el cielo. Entonces fui a ver un torneo de Guantes de Oro (para amateurs) y el ambiente me gustó mucho. Después empecé a entrenar como pasatiempo y me gustó más.”


– ¿Qué fue lo que más te gustó?


– La adrenalina que sueltas al tirar y recibir golpes… pero me gustó más dar.


– ¿Nunca lo viste como un deporte poco femenino?


– No. Cuando empecé a entrenar había varias chicas, seis o siete. La gente de fuera (del boxeo) ha de pensar que somos marimachas, que somos raritas o cosas por el estilo, pero no es así. Las mujeres ya podemos estar en todos lados.


Sabe que los golpes están en el lado opuesto de la feminidad, pero trata de dar un toque sensual al pugilismo. La mayoría de las peleadoras mexicanas usan atuendos largos para pelear, pero “yo trato de darle un toque femenino, una apariencia más sexi, con ropa más bonita”.


Durante sus 14 combates como aficionada y 26 profesionales, Zulina ha tenido buena aceptación del público mayoritariamente masculino que acude a las funciones de boxeo. “Los aficionados me han respetado bastante”, dice; recuerda que antes de subir al ring recibe silbidos y piropos por su figura, pero después de verla pelear lo que domina son los aplausos debido a su calidad técnica.


“De repente gente que no es de este medio dice que las mujeres no estamos para el boxeo, que sólo servimos para lavar trastes o hacer de comer… tal vez piensan eso porque no han visto el boxeo femenil y creen que las mujeres subimos al cuadrilátero a jalarnos el pelo o a darnos de cachetadas.”


Pero Zulina, como la mayoría de las pugilistas mexicanas que han incursionado en el llamado boxeo rosa, muestra buena técnica y se ha ganado poco a poco un lugar en todas las arenas.


“El boxeo no se me ha hecho tan difícil y me ha ido bien en estos años. Creo que ya se abrieron las puertas al boxeo femenil y ya hay bastantes muchachas en espera de una oportunidad –dice mientras posa con el cinturón nacional color rosa–, pero también siento que a los promotores les da un poco de miedo meter peleas de mujeres, cuando debe ser al revés, porque a veces damos más espectáculo que los hombres.


“El boxeo femenil ya es una realidad”, tercia su manejador Mauro Ayala, quien cuenta la anécdota de por qué su pupila se ganó el apodo de Loba.


“Esa sensualidad que muestra abajo del ring, arriba la transforma en una loba. La primera vez que se subió a un ring aquí, en el gimnasio, cuando le dio un golpe a su rival se fue con todo para acabarla. Y yo le dije ‘la fuiste llevando como un lobo a su presa, la acorralaste en una esquina y ya no la dejaste salir’. Ahí nació el mote de Loba.”


Sin embargo, otra anécdota no es tan grata. En su primer combate entró al ring a gatas, a ras de lona, y no entre las cuerdas como estilan los que saben.


“Fue por nervios –dice Zulina entre risas–. Antes era demasiado tímida y en mi primera pelea amateur estaba muy nerviosa porque la arena estaba llena, pero al sonar la campana todo se me olvidó y me dediqué a lo que iba.”


Empezó en este deporte a los 16 años y uno después, en 2004, ganó el título de peso gallo de los Guantes de Oro. Como amateur realizó 14 contiendas, con dos derrotas, y debutó como profesional en marzo de 2005 en Neza. En su trayectoria en el pugilismo de paga suma 24 victorias, 22 nocauts, una caída y un empate.


Su único descalabro fue precisamente al disputar el título mundial de la WIBF, el 15 de septiembre de 2007, en Alemania ante Alesia Graf y, a pesar de haber perdido, representa hasta ahora su mejor recuerdo.


“Es muy distinto ir a pelear a otro país. Al principio nadie te quiere y ni te voltean a ver, pero después del combate el público me ovacionó. Los jueces dijeron que perdí, pero yo sentí que gané, lo que es normal porque en cada país defienden a los suyos.


“Ésa ha sido mi única derrota y te agüitas un poco, pero me dejó la lección de que hay que seguir trabajando en el gimnasio para no llegar a la decisión y ganar por nocaut. Ahí viví en carne propia lo que se dice de las malas decisiones en este deporte. Es como el nocaut, no sabes lo que es hasta que te toca… y por suerte a mí no me ha tocado.”


Un año después de la pelea ante Graf, la mexicana disputó el cetro mundial gallo del CMB a la monarca búlgara Koleva Ivanova, en Tijuana. Y ese representa el único empate en su palmarés: “Fue una pelea muy cerrada, muy buena, pero también me sentí victoriosa”.


En pleno diciembre, Zulina regresó al gimnasio Balneario Olímpico (cerca del metro Pantitlán) luego de una ausencia de cuatro meses. Fue un alejamiento forzado, ante el rechazo de su mamá, María del Pilar, de verla tirando golpes.


“Creo que es normal. Si a los papás no les gusta un hijo pugilista, menos una boxeadora. Pero durante este tiempo hablé con mi mamá y la convencí con el argumento de lo que ya había logrado y de que esto es lo que me gusta, esta es mi vocación, es lo que quiero ser… En cierta forma sí puede ser un poco masoquista porque sabes que te van a pegar, pero ni así te bajas del ring, por eso trabajo ciento por ciento en el gimnasio para tratar de que me peguen lo menos posible.”


– ¿Y qué piensas de que estás entre las boxeadoras más guapas del mundo?


– ¡Ah! Pues es algo bonito. Uno desde el principio ya sabe que esto es de golpes y yo trato de hacer todo lo que me dicen los profes (los hermanos Lázaro y Mauro Ayala) para evitarlos. Sé que los boxeadores quedan chatos, pero intentaré que sea lo menos posible conmigo…


Apenas anunció su regreso y Zulina ya recibió ofertas. Subirá otra vez al cuadrilátero en febrero, en el inicio del largo camino por su anhelado título mundial.


“Ya tengo el apoyo total de mis papás, económico y moral, porque me ha ido bien, pero es difícil vivir del boxeo.”


Sabe que el deporte no es para toda la vida y por eso se tituló como enfermera y trabajó en una clínica particular de Neza.


“Desde pequeña me llamaban la atención las medicinas y quería ser doctora, pero por problemas económicos no pude. En este regreso me voy a dedicar por completo al boxeo porque quiero ser campeona del mundo y durar el mayor tiempo que se pueda, no quiero ser flor de un día.”


Zulina posa orgullosa con sus cetros Internacional del CMB, de la Asociación Norteamericana (NABF) y nacional gallo. Después de entrenar durante unas dos horas se enfunda en unos jeans, sale a la calle y escucha silbidos, piropos y claxonazos, que sin duda serían menos escandalosos de haberla visto con los guantes puestos.



La Jornada

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