¿Qué mundo le dejaré a mis hijos?… ¿o es al revés?

Las cosas comunes/José Luis García

Recientemente escuché de nuevo una expresión que durante años me ha llamado la atención: ¿qué mundo le estamos dejando a nuestros hijos? El cuestionamiento es común, frecuente, cuando queremos referirnos a algún problema, sobre todo de descomposición social.

¿Pero alguna vez nos hemos preguntado qué hijos quiero para el mundo? ¿Acaso nos preocupa qué clase de personas estamos heredando a la sociedad?

En la construcción del proyecto de vida que todos hacemos a diario, pocas veces está el pensar en la responsabilidad. La mayor parte de las personas pensamos en dejar a nuestros hijos e hijas la comodidad económica, un hogar, propiedades, cuentas bancarias, herencias que luego se reparten entre todos los sobrevivientes y esos asuntos materiales que, poco o mucho, siempre son temas relevantes en cualquier familia.

Nos esforzamos por dejar a nuestros hijos un camino más cómodo que el que nosotros tuvimos que recorrer, pero no nos preocupamos por saber si nuestros hijos quieren tener la cultura del esfuerzo; se quejó un gran amigo de la actitud de su hijo quien llega a casa a la hora que quiere, se levanta a la hora que sea, hace poco en las tareas del hogar e incluso hace nada en lo que respecta a su habitación.

Estudia, sale a divertirse –muy seguido-, tiene los mejores aparatos electrónicos, computadora, celular, las marcas de ropa que desea… tiene absolutamente todo lo que un joven de su edad puede necesitar.

Nuestros hijos –aclaro, no es generalizado- son médicos que nacieron con el consultorio heredado de su padre, que también es médico; son abogados con despacho porque el padre logró consolidar su firma y la cartera de clientes está prácticamente amarrada. Nuestros hijos son empresarios porque nacieron con la caja registradora en orden, son ganaderos porque nacieron entre engordas y exportaciones o son maestros, porque la plaza fue herencia.

¿Tenemos hijos responsables? Es una pregunta que con frecuencia hacemos y nos hacemos. ¿Son nuestros hijos e hijas buenas personas?, es lo que, con mucho cuidado debemos responder, porque una cosa es lo que nosotros vemos en casa y otra, muy distinta, el cómo se comportan nuestros hijos en la escuela, el trabajo, en la calle.

Habría que tener muchísimos elementos para valorar lo bueno y lo malo en un comportamiento, porque lo que para unos es malo para otros no; sin meternos en terrenos de la ética, puedo asegurar que mientras los valores sigan acentuándose en una familia, menos difícil será que uno de sus miembros tenga un comportamiento distinto al del resto de la comunidad familiar.

El dilema es, en serio, si nuestros hijos e hijas son buenos o no. De lo único que estoy seguro es que mientras los valores generen mejores personas, tendremos una mejor sociedad. Nos preocupamos siempre por pensar en qué condiciones estamos dejando el mundo para nuestros hijos pero casi nunca cuestionamos qué tipo de hijos le estamos dejando al mundo.

Porque al final de cuentas quienes transforman el ambiente somos los seres humanos. Somos las personas los que hacemos las leyes, somos los seres humanos los que destrozamos los mares y los campos, somos las personas quienes construimos o destrozamos.

En ninguna parte de la vida, he visto que el mundo esté listo para iniciar un proceso de transformación de las personas. Siempre he observado que somos las personas las que diseñamos los procesos de transformación.

¿Qué hijos le vamos a dejar a la tierra? ¿Qué clase de personas estamos construyendo como padres de familia? ¿Quiénes son nuestros hijos? ¿Son buenos, son malos, acaso son bondadosos, perversos, caritativos, injustos? ¿Cuál es nuestro grado de compromiso y responsabilidad en esto de preparar personas que aporten algo para que esta vida sea mejor?

¿Qué hijos le vamos a dejar a las futuras generaciones? Cada quien, en la intimidad de su vida, podrá responderlo. Son sólo cosas comunes.

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Amor con amor se paga, muy propicia la CELAC contra el "neoliberalismo"

Aseguran que los ex gobernadores como Javier Corral,. Quirino Ordaz Coppel y Jaime Rodríguez previeron las relaciones que Andrés Manuel López Obrador construiría entre China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que por eso se mencionaron como posibles embajadores del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, por lo que se anticipa de este encuentro en contra de los gobiernos "neoliberalistas" e incluso la desaparición de la Organización de Estados Americanos.

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