¿Tiempo al tiempo? ¡De ninguna manera!

Las cosas comunes/José Luis García

Me gusta observar a la gente. Muchas veces –te invito a que lo hagas, de verdad- veo con atención a un elemento de vialidad en algún crucero. Él tiene algo que hacer ahí, en ese momento, justo en ese lugar. Luego, en un parque, puedo ver con detenimiento a un paletero, al que cuida el jardín, o a la señora que vende golosinas.

Las calles están llenas de nosotros, de gente que estamos en este momento y en este lugar para hacer algo. Con frecuencia escucho, sobre todo ahora que la economía nos está golpeando severamente como nunca, que las personas reniegan de lo que hacen. Porque mucha gente trabaja en algo que no le gusta, pero debe sobrevivir, no hay de otra.

Observo, por ejemplo, a las personas que pasan por nuestras casas cada tercer día a llevarse la basura; hasta para eso se necesita técnica, porque en menos de dos minutos, recorrieron una calle entera. Veo fontaneros reparando una fuga de agua o a los veladores de tiendas comerciales, que cuidan el patrimonio de quien les paga.

Estoy convencido de que las personas no estamos en un espacio determinado por casualidad, y tampoco para ser únicamente espectadores. Todos tenemos algo que hacer en el momento y lugar precisos, siempre.

Y me parece que el factor tiempo es lo más valioso que tenemos los seres humanos para hacer que las cosas ocurran. Cuando escucho expresiones como “todo en su momento”, o “deja que el tiempo lo resuelva” o “dale tiempo al tiempo”, me parece estar escuchando a alguien que no quiere que las cosas pasen. Nada ocurre si nosotros no queremos que ocurra.

No nos equivoquemos: el tiempo es para usarlo, para aprovecharlo. Ayer no existe. Mañana no ha llegado. Si quiero construir tendré que hacerlo hoy. Esta vida es de contrastes, pero tenemos un común denominador, todos, absolutamente todos los seres humanos: soñamos. Todos los días, en nuestro hogar, amanecen sueños, ilusiones, retos y esperanzas.

En el vaivén de ese apacible trayecto, se mueven, todos los días, jóvenes, señoras, muchachos libres, hombres y mujeres que quieren ser. Esta vida es un espacio donde estamos construyendo vidas e historias. 

Y es que es verdaderamente desesperante ver cómo la gente perdemos el tiempo en cosas tan estúpidas, cuando debiéramos aprovechar cada minuto, cada segundo, para construir, no para destruir. Lamento pues, que una gran cantidad de personas “utilicemos” el tiempo para destrozar lo que otros construyen.

Fíjate: sin ser experto en cálculos de administración del tiempo, una persona común y en promedio, utiliza el tiempo de un día de una forma muy sencilla. Una hora para su cuidado personal (baño, mascarillas, cremas, relajantes faciales, etc), una hora y media para alimentos…

Ocho horas, reglamentarias y sagradas, para dormir, luego otras ocho para trabajar. Entre traslados de tu casa al trabajo, llevadas a los niños a la escuela, ir por ellos a sus actividades vespertinas, al futbol o al karate, fácil te avientas una hora y media al día y, cuando crees que has cumplido con todo, cuando menos ves una hora de televisión o de entretenimiento en Internet.

Suponiendo que esa es una jornada normal (sin pandemia) y rutinaria en la mayoría de las personas, tenemos que al día gastamos 21 horas en las ocupaciones y necesidades. Cada quien sabrá si en vez de trabajar ocho trabaja 14 o cinco, o si duermes 9 o 12 horas al día. Lo cierto es que el tiempo que estamos viviendo, es el único, no hay regreso, el tiempo no se recicla ni se puede recuperar.

Por eso me desespera la gente que cree que todo se lo va a resolver el tiempo. ¡No señor, de ninguna manera! “Dale tiempo al tiempo”. ¿Qué es eso? Es como si a la tierra le pusieras tierra o cuando en el restaurante pides un huevo revuelto con otro o es como si le dijeras a alguien toma agua del agua para que se te quite la sed de la sed.

Entiendo perfectamente que en poesía, cada palabra puede ser una obra de arte, pero en lo que no estoy de acuerdo es en que la gente le quiera echar la culpa de todas sus broncas al tiempo. El tiempo puede ser excusa: “no tuve tiempo”. Puede ser argumento: “no tengo tiempo”, puede ser necedad: “necesito tiempo” o puede ser problema: “todo por el maldito tiempo”.

El tiempo no cura nada, no es cierto. Somos nosotros los que curamos, a través del tiempo, nuestros problemas sentimentales, amorosos, espirituales. Por eso me parece que el tiempo debe ser aprovechado por nosotros. Ayer se fue, mañana no existe. Es hoy, este momento, cuando debemos construir, hacer las cosas con pasión. La pasión es, necesaria e indispensablemente la condición precisa para encontrar nuestro proyecto de vida.

Esta vida es un espacio donde solamente el que no quiere no gana. Aquí se trata de ganar-ganar. Se trata de ir construyendo peldaños con los que podamos alcanzar nuestras metas. Se trata de subir sin la mínima intención de regresar.

Y entonces, cuando estás decidido a hacer que las cosas pasen, surgen el coraje y el deseo de hacer que el mundo gire. Las personas tenemos que hacer que las cosas ocurran, tenemos que hacer que el mundo gire, pero lamentablemente estamos rodeados de amargados y amargadas que quisieran, en vez de eso, hacer que el mundo se detenga. ¿O no conoces a los clásicos peleados con la vida que a todo le ponen peros?

Si pudiéramos detener el tiempo, te aseguro que este mundo sería distinto, no sé si perfecto, pero sí diferente; y si pudiéramos regresarlo, tendríamos la oportunidad de corregir los errores. Para eso existe la historia, para mostrarnos en una fotografía lo que pudimos haber hecho y no se hizo o lo que hicimos mal y debe corregirse.

Pero el tiempo no regresa, ni es verdad que hay que darle tiempo al tiempo o que “todo a su debido tiempo”. No. Las cosas pasan porque nosotros queremos que pasen. ¿No te parece escalofriante la frase de “todo en su momento”? Ni que fuera el filósofo de Güemez. Pero por lo regular, cuando alguien fracasa en el intento de algo, queremos consolarlo con “por algo pasan las cosas”.

¿Ves? ¿Y qué es ese algo por lo que pasaron las cosas o por las que no pasaron? Somos nosotros los que hacemos las cosas, somos nosotros los responsables de que ocurra lo que queramos. Supersticiones aparte y, con todo respeto a las creencias, no podemos permitir que nos atrapen los simbolismos mágicos o las lecturas tarotianas. ¡Tenemos que hacer que las cosas ocurran!

¿A qué viene todo esto? Dicen que en este mundo hay dos tipos de personas: a los que hay que empujar y a los que hay que frenar. Los primeros son esos que no quieren saber nada con el tiempo. Para ellos todo tiene que caer del cielo, todo lo merecen, no pasa nada, nunca pasa nada, así se les esté cayendo el mundo encima o el suelo se les esté abriendo, lo ven como si fuera algo en lo que ellos no tienen ni culpa ni propuesta, mucho menos remedio. Dejan pasar las cosas y no asumen compromisos, tampoco adquieren responsabilidades.

Los segundos son los que mueven al mundo, son los que hacen que las cosas ocurran, son los que nacieron para tener coraje, pasión, tenacidad y ganas. Estas personas son las que amanecen construyendo y se acuestan construyendo, son los que permiten que otros hagan y ayudan cuando no se alcanzan las metas comunes.

Este tipo de gente es la que no se detiene ante las adversidades y asume riesgos sin miedo, pero con cautela y perseverancia; los que mueven al mundo son los que viven con pasión el tiempo, cada minuto, cada segundo, cada día. Estas personas no son parte del problema, sino parte de la solución.

Hoy es el tiempo para sembrar corazones, amistades, ternura y pasión; hoy es el momento para sonreír, de agradecer, de sentirte vivo; ayer ya pasó y mañana no existe. Hoy, amigo mío, hoy dile a tu esposa cuánto la amas, hoy dile a tu hijo que te equivocaste como papá y que vas a corregir, este mismo día, en este mismo momento, la situación. No le digas que lo harás mañana.

Hoy es para siempre. Hoy es para la gente que quiere que el mundo gire. Tú, ¿a cuál de los dos perteneces? Son solo cosas comunes.

Tips al momento

Cae en tres semanas el índice de precios y cotizaciones

Del 10 al 17 de septiembre de 2021, el Índice de Precios y Cotizaciones presentó un decremento de 0.42% (-214.09 unidades) finalizando en 51 mil 307.71 puntos; acumulando así, tres semanas consecutivas de pérdidas (-2.13%).

Además, con respecto al cierre del mes previo, el IPC registró un decremento de 3.75%; sin embargo, en lo que va del año, el mercado bursátil mexicano acumuló una ganancia de 16.43% (7 mil 240.83 puntos). En el periodo indicado, los mercados de valores considerados en este análisis, registraron rendimientos mixtos.

El índice Dow Jones de Estados Unidos cerró en 34 mil 584.88 unidades, lo que representó un ligero descenso de 0.07%.

En Europa, los mercados accionarios de Francia, Inglaterra y Alemania, tuvieron decrementos de 1.40, 0.93 y 0.77%, respectivamente.

Por su parte, en América Latina, la plaza bursátil de Argentina registró una ganancia de 3.45%; mientras que, el índice Bovespa de la bolsa brasileña finalizó la semana con una pérdida de 2.49%.

El comportamiento semanal del principal mercado de valores local se relacionó con una mayor cautela por parte de los inversionistas, ante la próxima reunión de política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), en la que se espera el anuncio de la reducción de su programa de estímulos monetarios este año.

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