Saber decir gracias

Las cosas comunes/José Luis García

La mayoría de las personas sabemos la importancia de la palabra Gracias, pero una cosa es saberlo y otra, muy distinta, practicarlo. La expresión, como tal, es simple, habitual, costumbrista. Damos las gracias por todo, o casi por todo.

Por lo regular, Gracias se genera de un favor o de un permiso concedido. Utilizamos la palabra en tono serio, honesto o hasta irónico, cuando buscamos que la persona atendida se dé cuenta de que le falta dar las gracias.

¿Cuántas veces al día, en forma automática, damos las gracias? Quizá muchas, pero tal vez no las suficientes. Algunas veces lo hacemos de manera mecánica y es bueno, aunque debiéramos pensar si realmente podemos aplicar con franqueza el concepto.

Detrás de esa palabra hay una fuerte carga emocional, porque lleva síntomas de bondad y humildad. Si pedir permiso es difícil hoy en nuestros días, dar las gracias lo es más. Y no debiera serlo. Los seres humanos, por naturaleza, tenemos dos cualidades indudables: ser solidarios y ser agradecidos.

Sin embargo no todo es agradecimientos, particularmente cuando la amargura o el resentimiento nos atrapa; esa es una parte negativa de nosotros los humanos: aunque no queramos, guardamos rencores y deseos de venganza. Creemos odiar, cuando en realidad se trata de un resentimiento.

Le damos las gracias al taxista cuando nos llevó hasta el destino para el que fue contratado; le damos las gracias al oficinista que nos tramitó un documento necesario ese día, o al elevadorista que presionó el botón del piso al que vamos.

Damos las gracias al automovilista que nos permitió pasar en el congestionado tráfico mañanero, o al bolero que se lució con el lustre del calzado; gracias damos al mesero por atendernos de manera rápida y con una sonrisa, y a la cajera del banco por habernos cambiado el cheque.

Expresamos las gracias al policía, que llegó a tiempo para evitar un problema mayor, o  al compañero de trabajo que nos ayudó con los pendientes para no salir tan tarde de la oficina y le dices gracias al velador, porque se queda para cuidar tu espacio.

Qué bien se siente cuando dices gracias y mejor se siente cuando te dan las gracias, por lo que sea, por algo que hiciste bien, aunque sepas que no es necesario porque es tu trabajo. Pero hay algo que, creo, se nos está olvidando: dar las gracias por estar vivos.

Hoy en día nos quejamos de todo: del congestionamiento vial, de las enfermedades, del trabajo, de los compañeros de la oficina, de los maestros, de los policías, de las secretarias.

Nos quejamos en el espejo porque nos estamos haciendo viejos, y debiéramos dar gracias a la vida, a Dios o a quien tú quieras, de estar vivo y llegar a esta edad; nos quejamos de las arrugas que se empiezan a dibujar en nuestro rostro, cuando debemos expresar un agradecimiento por empezar a madurar la expresión.

Nos quejamos del smog, pero nunca agradecemos que todavía tenemos la suerte de oler las flores y acariciar una sencilla rosa plantada en el jardín de nuestra casa; y esa es otra: nos quejamos de tener una casa demasiado pequeña, cuando podemos agradecer a la vida que tenemos un techo, un hogar que huele a hijos, a familia y a esperanza.

Nos quejamos del arduo trabajo, pero en realidad debemos dar gracias por tenerlo y conservarlo.

Nuestros jóvenes permanentemente se están quejando de que no tienen ropa para ir al antro, y debieran estar agradecidos por tener el vestido suficiente para sus necesidades diarias. Hay otros muchos países donde el uniforme de cada día, de niños y jóvenes, es un atuendo militar, con armas y balas suficientes.

Nos quejamos de que los años se nos vienen encima. No nos preocupemos: disfrutemos la vida hoy. Ya fuimos jóvenes, vivamos con las arrugas marcadas en el rostro y los kilos de más. Las cirugías son la solución a los “desperfectos” físicos, pero no somos eternos. Demos gracias a la vida de que fuimos niños, adolescentes, novios y esposos. Hoy seamos padres, madres y abuelos responsables, sin apasionamientos, sin cerrar los ojos.

Nuestros jóvenes están hoy más preocupados en tener sexo que en el romanticismo, en comer lechuga y tomar litros y litros de agua para no perder su esbelta figura, cuando un buen desayuno y una agradable cena en casa son parte de la comunicación familiar.

Odiamos a las personas que nos llaman la atención, cuando debiéramos dar las gracias porque alguien nos corrige de errores que cometemos voluntaria o involuntariamente; cuando vas en tu coche y tiras basura por la ventana, alguien te observa y te dice que no lo hagas. En vez de darle las gracias por ello nos indignamos.

Y me parece que es momento de dar las gracias por las cosas importantes de nuestra vida. Gracias, por ejemplo, de que hoy es un día lleno de oportunidades y retos. Gracias porque somos viejos y tenemos la suerte de haber sido jóvenes y haber disfrutado sanamente de nuestros días de estudiantes.

Gracias porque tengo qué comer. Porque tengo trabajo y porque puedo caminar, ver y oler. Gracias porque el invierno que viene es otro más que podré disfrutar con un abrigo necesario, sin lujos.

Gracias, porque lo que tengo lo tengo por mi esfuerzo y mi trabajo. Gracias porque aún puedo recibir en la puerta de mi hogar, al amigo que me escucha o al amigo que me aconseja; gracias porque tengo una familia que conoce de mis fallas y me ayuda a superar frustraciones. Gracias, porque en los rostros de la gente buena, se refleja la bondad y la ilusión de seguir vivo.

Gracias… gracias porque en los ojos de un niño chihuahuense, encuentro la paz y el reto de seguir luchando para que esta sociedad sea mejor y más soberbia cuando debe levantarse ante la adversidad. Gracias, porque puedo oler un desayuno que me como sin el reproche viperino de nadie. Gracias porque, a pesar de lo difícil que resulta desprenderse de las sábanas, sé que al final de la jornada me espera el amor y la fuerza de mi hogar.

Gracias, porque sé que vivo entre más personas buenas que malas, entre más personas bien intencionadas, que la maldad de otras que buscan la calamidad. Gracias, porque personas como tú, hacen menos pesada la desgracia donde hoy nos necesitan a todos. Y todos, somos todos. Son solo cosas comunes.

Tips al momento

Cae en tres semanas el índice de precios y cotizaciones

Del 10 al 17 de septiembre de 2021, el Índice de Precios y Cotizaciones presentó un decremento de 0.42% (-214.09 unidades) finalizando en 51 mil 307.71 puntos; acumulando así, tres semanas consecutivas de pérdidas (-2.13%).

Además, con respecto al cierre del mes previo, el IPC registró un decremento de 3.75%; sin embargo, en lo que va del año, el mercado bursátil mexicano acumuló una ganancia de 16.43% (7 mil 240.83 puntos). En el periodo indicado, los mercados de valores considerados en este análisis, registraron rendimientos mixtos.

El índice Dow Jones de Estados Unidos cerró en 34 mil 584.88 unidades, lo que representó un ligero descenso de 0.07%.

En Europa, los mercados accionarios de Francia, Inglaterra y Alemania, tuvieron decrementos de 1.40, 0.93 y 0.77%, respectivamente.

Por su parte, en América Latina, la plaza bursátil de Argentina registró una ganancia de 3.45%; mientras que, el índice Bovespa de la bolsa brasileña finalizó la semana con una pérdida de 2.49%.

El comportamiento semanal del principal mercado de valores local se relacionó con una mayor cautela por parte de los inversionistas, ante la próxima reunión de política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), en la que se espera el anuncio de la reducción de su programa de estímulos monetarios este año.

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