
La Junta de Gobierno de Banco de México elevó sus pronósticos trimestrales de inflación en nueve de los 13 anuncios monetarios donde recortó la tasa para reducir la restricción monetaria.
Dentro de estos nueve anuncios donde el banco central cambió su estimación de la inflación trimestral futura, también modificó al alza sus pronósticos de la inflación subyacente en nueve ocasiones y alejó en dos momentos su previsión para la llegada de la inflación al objetivo puntual de 3 por ciento.
En un régimen de objetivos de inflación con base en pronósticos, como el que prevalece en México y que es del conocimiento público desde agosto del 2018, “la publicación de pronósticos de inflación facilita la evaluación del desempeño de un banco central que conduce la política monetaria para lograr la meta de inflación en cierto horizonte”.
En el extracto del Informe Trimestral de Abril- Junio de 2018, el banco central explicó que con este régimen “los analistas, los participantes en los mercados y el público en general están en mejores condiciones para dar seguimiento y evaluar la política monetaria”.
“De esta manera, en la literatura se ha argumentado que utilizar el pronóstico de inflación del banco central como objetivo intermedio de política monetaria puede contribuir a mejorar el esquema de objetivos de inflación”, se lee en el citado documento.
De acuerdo con manuales de evaluación de desempeño, cuando no se cumplen los objetivos de evaluación, en el caso de Banco de México, cuando no se alcanzan sus pronósticos y los tiene que modificar, resulta un “rendimiento inferior al esperado, o rendimiento insatisfactorio”.

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día.
Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.
Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche.
El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.
Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante.
Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.
Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono.
¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?
Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven.
A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.
Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.
Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.

No fue una sorpresa, fue una confirmación, la vía corta a Parral cerró el año no con operativos, ni con detenciones, ni con resultados, sino con familias despojadas de sus vehículos a plena luz del día.
Exactamente lo contrario a lo que se supone debe garantizar el Estado.
Días antes, la Fiscalía General del Estado habría emitido un mensaje dirigido a paisanos y viajeros que regresan de Estados Unidos durante la temporada decembrina: eviten circular por esta carretera, sobre todo de noche.
El aviso, lejos de transmitir seguridad, reconocía implícitamente que la autoridad perdió el control de ese tramo carretero.
Pero la realidad fue todavía más cruda, los robos no ocurrieron de madrugada ni en la oscuridad, ocurrieron al mediodía, cuando el sol estaba en lo alto y el tránsito era constante.
Entonces queda claro que el problema no es el horario, sino la impunidad.
Hoy la lógica oficial parece invertida: en lugar de perseguir a los criminales, se advierte a los ciudadanos que no transiten; en lugar de recuperar el territorio, se normaliza el abandono.
¿El siguiente paso será pedirle a la gente que no viaje ni de día? ¿Cerrar carreteras para que los delincuentes operen con mayor comodidad?
Lo más grave es que no se trata de grupos invisibles, en la región es un secreto a voces quiénes operan, cómo lo hacen y por dónde se mueven.
A ciencia cierta y a vista de todos las autoridades saben quiénes son, pero la respuesta sigue siendo el silencio, la omisión y el comunicado tibio.
Mientras tanto, la carretera corta a Parral ya no es solo una vía de comunicación, es un símbolo del Estado rebasado, donde el miedo dicta las reglas y el ciudadano carga con la responsabilidad de cuidarse solo.
Aquí no falla la advertencia. Falla el Estado.
