
Fue durante una amena charla
Me enteré de esta increíble y verídica historia, gracias a una extensa y amena charla con el ilustre Maestro y Profesor Don Rubén Cabrera Anchondo, otro apasionado de la Historia al igual que yo y quien además es sobrino directo de la joven protagonista de esta historia; con el Profesor Rubén Cabrera se pueden pasar horas y horas charlando de hechos históricos muy interesantes debido a sus vastos conocimientos en la materia. Fue justo durante una amena plática con el Profesor Cabrera, que en un determinado momento me dice: ¿sabía usted José Luis que una tía mía le salvó la vida al General Francisco Villa?, desde luego que con solo escuchar esa pregunta me interesé por completo en conocer esa historia, misma que en esta entrega les comparto.
Una verdadera enemistad disfrazada de cordialidad; contexto para entender la historia
Para nadie era un secreto la enemistad surgida entre Pancho Villa y Victoriano Huerta, este último un militar de carrera y de una disciplina férrea; Huerta era un extraordinario militar, pero también eran muy conocidas sus intrigas y traiciones; aunque Huerta toda su vida perteneció al Ejército Federal también se ganó la confianza de Madero, a quien le contó que Villa y Pascual Orozco intentaron levantarse en su contra en Ciudad Juárez, cuando fue todo lo contrario, Villa se desligó de Orozco cuando éste le propuso traicionar a Madero, quien le creyó a Huerta.
Con Madero ya siendo presidente, le ordena a Villa ponerse a las órdenes de Huerta para aplastar al sublevado Pascual Orozco, Villa accede más por disciplina y lealtad a Madero que por ganas de estar junto a Huerta, quien fiel a su estilo le prodiga toda clase de halagos a Villa y le cuenta a Madero lo bien que le cae y el aprecio que le ha tomado, más en el fondo, Huerta ya estaba planeando el cómo deshacerse de Villa, a quien acusó de haberse robado veinte caballos propiedad del ejército, cuando en realidad Huerta había mandado matarlos para poder acusar a Villa, quien por este motivo es hecho prisionero, Huerta ordenó fusilarlo, pero la intervención de Raúl Madero lo impidió, entonces el Presidente Madero ordena llevarlo prisionero a la Ciudad de México; Huerta ordena que en Torreón Villa sea asesinado aplicándole la “ley fuga”, una vez más lo impide Raúl Madero. En México, Villa es encerrado en la Cárcel de Lecumberri, para entonces Huerta ya le había llenado la cabeza de piedritas a Madero acerca de Villa, que éste ya hasta dudaba de la lealtad de Villa, quien le escribía a Madero rogándole por una entrevista y manifestándole su absoluta lealtad, cuando Madero se rehusó a recibirlo y escucharlo, Villa se enteró de que Huerta ya había pedido ser él quien dirigiera el pelotón de fusilamiento; entonces Villa se escapa de prisión y se esconde un tiempo en El Paso, Texas, sin embargo ya la enemistad de Villa y Huerta era pública y muy conocida.
La heroína de esta historia
Guadalupe Eva Anchondo Arrieta nació en San Miguel de los Anchondo, Municipio Santa Isabel, Chihuahua aproximadamente en 1896, su familia emigró hacia la Ciudad de Chihuahua en busca de una mejor vida, dejando atrás el terruño familiar lleno de historia, pues el lugar fue inicialmente la Misión de San Miguel Arcángel, fundada en los años del 1600 por los misioneros Jesuitas; cuando la Misión fue cerrada, todo el enorme predio es comprado por Don Juan Matías de Anchondo, quien fue uno de los dieciséis notables e ilustres personajes que junto con Antonio de Deza y Ulloa fundaron la Ciudad de Chihuahua.
Don Juan Matías de Anchondo respetó la vieja Misión de San Miguel Arcángel y a su alrededor construyó la nueva Hacienda de San Miguel de los Anchondo; Don Juan Matías de Anchondo heredó la hacienda a su nieto Don Aniceto Anchondo, quien trajo a vivir a toda su familia a la nueva hacienda, extendiendo el apellido Anchondo por generaciones, hasta la actualidad en toda esa región noroeste del Estado de Chihuahua. En la actualidad, San Miguel de los Anchondo es una comunidad de unos dos mil habitantes, ubicado a diez kilómetros del entronque de la Vía Corta Chihuahua - Parral.
Una jovencita telefonista
En 1912, a sus dieciséis años, la jovencita Guadalupe Eva Anchondo Arrieta ya trabajaba como operadora telefonista en la Ciudad de Chihuahua en la Central Telefónica de la Compañía Mexicana de Teléfonos Ericsson, compañía de capital mexicano y sueco; dicha central telefónica estaba ubicada en la calle 2ª y Morelos, justo en donde hoy se levanta el edificio de quince pisos de Telmex – Infinitum. Como es bien sabido, en aquella época de la telefonía, el usuario al levantar el auricular del teléfono, en la central se encendía una luz y la operadora contestaba “central, ¿a donde desea llamar?”, el usuario proporcionaba el número telefónico al que deseaba llamar, entonces la operadora, por medio de clavijas buscaba en el panel de control el número deseado e insertaba la clavija, la operadora por medio de sus audífonos escuchaba cuando contestaban en el número marcado, entonces conectaba ambas líneas para que pudieran hablar entre sí; ese era el sistema telefónico de la época.
Desde luego, era una época muy convulsionada, en plena Revolución Mexicana, con muchos bandos y facciones disputándose el poder, con un Presidente Madero ya dando muestras de ingobernabilidad y con un grupo de militares ya tramando la caída de Madero junto con el Embajador de Estados Unidos; esa fue justamente la época en que la jovencilla Guadalupe Eva Anchondo se inició como operadora telefonista.
Asesinato de Madero, Victoriano Huerta asalta y usurpa el poder
El 19 de febrero de 1913, el General Victoriano Huerta hace prisioneros al Presidente Francisco I. Madero y al Vicepresidente José María Pino y Suárez, obligándolos a firmar su renuncia, para encerrarlos en la cárcel (tres días después ordenaría su asesinato); para este cobarde acto, Huerta traicionó no solo la confianza de Madero, sino hasta a sus mismos secuaces y compinches en el golpe de Estado como lo fueron los Generales Félix Díaz, Manuel Mondragón y Aureliano Blanquet; para darle una cierta apariencia de legitimidad al cuartelazo, Huerta hizo que el Secretario de Relaciones Exteriores, el muy respetado abogado Pedro Lascuráin, ante la falta del Presidente y el Vicepresidente, como tercero en la línea sucesoria asumiera la Presidencia de la República en forma provisional, tal como en esa época lo indicaba la Constitución Mexicana de 1857, tan solo para que 45 minutos después, a punta de pistola, Huerta lo obligara a designarlo como Secretario de Gobernación y cederle el poder como cuarto en la línea sucesoria, así culminaba Huerta su cobarde acción y se hacía con la Presidencia de la República, ganándose el apodo popular de “El Usurpador”.
Inician las persecuciones
Con Huerta en el poder, este se propone desaparecer a sus enemigos más cercanos, Venustiano Carranza y Francisco Villa y la cada vez más poderosa División del Norte; el Gobernador de Chihuahua, Abraham González Casavantes, maderista hasta las cachas y padrino político de Villa es el primero en repudiar a Huerta y rechazar sus nuevas políticas, por lo que Huerta ordena al Jefe Militar de Chihuahua, General Antonio Rábago, leal a él, su destitución, arresto y traslado a la ciudad de México; sin embargo, en Estación Horcasitas a unos veinte km de Chihuahua, Rábago ordena el asesinato de Abraham González, iniciando con esto la persecución de su acérrimo enemigo Francisco Villa.
Huerta nombra al General Antonio Rábago Maldonado como nuevo Gobernador de Chihuahua y al General Roberto Salvador Mercado Castillo como Jefe Militar de Chihuahua, ambos leales y fieles a Huerta. Ante el asesinato de Abraham González, ambos, Rábago y Mercado esperaban la violenta reacción de Villa, quien en ese momento todavía estaba en buenas relaciones con Carranza; en México, Huerta sabía que Villa estaba furioso por el asesinato de su gran amigo Abraham González y ordena a Rábago no esperar la reacción de Villa, sino acabarlo de una vez por todas antes de que los arrasara con la División del Norte.
La llamada
Corría el año de 1913, entre los meses de febrero y mayo, la joven operadora telefonista Guadalupe Eva Anchondo Arrieta desempeñaba como todos los días su trabajo en la Central Telefónica de Chihuahua, cuando entra una llamada del Palacio de Gobierno hacia los Cuarteles Militares de Chihuahua; Guadalupe Eva Anchondo hace la conexión y enlaza la llamada, pero su curiosidad femenina o tal vez una corazonada, la hacen romper el reglamento de trabajo, pecar de indiscreta y decide escuchar la conversación; en ella se da cuenta de que se trata de un plan para asesinar al General Francisco Villa.
Resultó ser que la llamada era entre el General Antonio Rábago Maldonado, Gobernador del Estado y el General Roberto Salvador Mercado Castillo, Jefe Militar de Chihuahua, ambos huertistas, quienes por órdenes de Victoriano Huerta estaban tramando el asesinato de Villa; se desconoce el motivo, pero en la conversación apareció el nombre del General Manuel Chao Rovira, uno de los más cercanos asesores de Villa; también durante la conversación se fijó la fecha y el itinerario que recorrería Villa ese día, así como el punto en donde los soldados del Ejército Federal se apostarían para la emboscada. De toda esta trama perversa se enteró Guadalupe Eva Anchondo Arrieta, quien quedó asustada, pero supo que su deber era dar aviso al General Villa, no podía cargar en su conciencia semejante crimen.
De inmediato Guadalupe Eva se comunica a la oficina del General Villa, misma que estaba en su propia casa, la persona que le contestó le pidió que se identificara y como ella se negó, la voz le dijo que el General Villa no estaba disponible ni atendía cualquier tipo de llamadas, solo las importantes, por lo que Guadalupe Eva le respondió que esta llamada no solo era importante, sino que era la más importante, pues era de vida o muerte para el General, el secretario le colgó el teléfono, pero Guadalupe Eva volvió a llamar y ante la insistencia, el secretario de Villa optó por pasarle al General, quien con su voz delgada pero áspera y ruda responde con un “diga su nombre y qué desea”, del otro lado de la línea, una Eva Guadalupe evidentemente asustada por la situación en la que su curiosidad la tenía envuelta, responde con voz trémula que “no le puedo decir mi nombre mi General, pero me enteré de que lo van a matar, mi intención solo es ponerlo sobre aviso”, entonces Villa, ya interesado en el asunto le replica con un “y usted ¿cómo sabe que me quieren matar y quienes?”; entonces a Eva Guadalupe Anchondo no le quedó más remedio que contarle al General Francisco Villa toda la historia completa acerca de la conversación, que fuera de todo reglamento Eva Guadalupe había escuchado.
De esa manera fue cómo el General Francisco Villa se enteró de la emboscada para asesinarlo, que se preparaba desde la cúpula del huertismo, supo el día, la hora y el lugar de la emboscada, supo que desde el máximo nivel se ordenaba su asesinato y quiénes serían los encargados de ejecutar el plan; no se supo con certeza el porqué habían mencionado el nombre del General Manuel Chao Rovira, gente muy cercana a Villa; tan solo con eso, fue motivo suficiente para que Villa le ordenara al General Rodolfo Fierro arrestar al General Chao y encerrarlo para fusilarlo. Para finalizar la llamada, Villa le repite a Eva Guadalupe, “¡muchachita, necesito saber su nombre!”; Eva Guadalupe Anchondo, ya repuesta de su temor y con más aplomo le responde: “Mi General, entienda que no le puedo decir mi nombre porque me matarían” y terminó la conversación.
La reacción de Villa y sus efectos
De acuerdo con la información entregada por Eva Guadalupe Anchondo, los federales emboscarían a Villa y su gente a las faldas del Cerro Santa Rosa; lo que hizo Villa, fue apostar gente desde el amanecer, de modo que cuando los soldados federales llegaron para emboscar a Villa, los emboscados fueron ellos, fueron completamente sorprendidos por los villistas, quienes no dejaron un solo federal vivo; a los huertistas les había salido el tiro por la culata y eso traería consecuencias.
El primer efecto fue la destitución del General Antonio Rábago Maldonado como Gobernador del Estado y el nombramiento del General Roberto Salvador Mercado Castillo como nuevo Gobernador del Estado, quien no aguantó el acoso y el poder de la División del Norte y terminó por renunciar.
El segundo efecto fue que aprovechando la coyuntura política y dada la todavía muy buena relación de Villa con Venustiano Carranza, éste nombra a Villa como nuevo Gobernador del Estado, pero le sugiere liberar al General Manuel Chao Rovirosa de quien Carranza le asegura a Villa le es completamente leal, como en verdad así lo era.
El tercer efecto fue que además de su gobierno, Villa influyó en los nombramientos de los siguientes siete gobernadores hasta fines de 1915.
El cuarto efecto y el más importante, Villa había salvado la vida gracias a una joven operadora telefonista, con quien Villa se sentía verdaderamente agradecido y en deuda con ella.
Pancho Villa se aparece en la Telefónica
Un buen día, a principios de enero de 1914, la Central Telefónica de Chihuahua operaba de manera normal como todos los días, cuando a las puertas del edificio se escucha un tumulto y el cerrar de las puertas, después unos pasos firmes y el tintineo de las espuelas sobre los pisos de madera y los escalones hacia la segunda planta; todas las operadoras telefonistas quedaron heladas al ver aparecer al temible y temido General Rodolfo Fierro, quien al verlas, les sonríe y les lanza una mirada simpática, voltea hacia abajo exclamando: “Mi General Villa aquí están las señoritas”, para que inmediatamente subiera el General Villa, quien de la manera muy cordial y amable se dirigió a las operadoras: “Señoritas, hace unas semanas atrás una de ustedes tuvo el valor civil y moral de hacerme una llamada para advertirme sobre un plan para asesinarme; gracias a sus informes estoy vivo y presente aquí para expresarle mi gratitud personal, así es que ¿quién de ustedes me salvó la vida?”, le siguió un silencio absoluto, ninguna de ellas expresó sonido alguno, teniendo que intervenir la jefa de las operadoras para aclarar que el silencio de las muchachas no significaba rechazo a su gratitud personal, sino una forma de autoprotección; Villa comprendió, saludó y se retiró.
Unos días después, se vuelve a presentar Villa en la Central Telefónica, esta vez ataviado en elegante y fino traje y corbata, llevando costosos regalos para las operadoras; como forma de agradecimiento, Villa le obsequió a cada una de ellas lo más codiciado de la época para regalarle a una dama: un hermoso ramo de flores, una enorme caja de exquisitos chocolates suizos y un finísimo perfume francés. Las chicas, halagadas se dejaron consentir por Pancho Villa, quien de esa manera demostraba estar sinceramente agradecido con quien salvó su vida, cualquiera de ellas que haya sido. Por su parte, Eva Guadalupe Anchondo Arrieta sintió el verdadero y sincero agradecimiento del máximo ícono de la Revolución Mexicana, un hombre duro y rudo que supo agradecer a una joven quien le salvó su vida conservando su anonimato, pues de otra forma los federales hubiesen acabado con ella.
Para terminar
Agradezco al Profesor Rubén Cabrera Anchondo su narración acerca de este hecho histórico, del que existen ambigüedades, desviaciones, incorrecciones, imprecisiones e incluso algunos lo han tratado como un simple mito; unos lo ubican como sucedido en Parral, otros lo ubican en otra época y bajo diferentes contextos y personajes. Hoy Don Rubén Cabrera Anchondo nos ha contado este jirón de nuestra historia, protagonizado por su tía Eva Guadalupe Anchondo Arrieta y el General Francisco Villa.
Referencias Bibliográficas:
+ inehrm.gob.mx
+ casachihuahua.org.mx
+ facebook.com
+ instagram.com
+ es.wikipedia.org