Generaciones, dinero e inteligencia artificial: por qué cada generación enfrenta una economía distinta y cómo la IA está ampliando esa brecha

Decidir en la era IA
M.A.R.H Salvador Acevedo Ortega
sacevedo@uach.mx

M.A.R.H Salvador Acevedo Ortega

Docente universitario en la Universidad Autónoma de Chihuahua, Facultad de Economía Internacional e Ingeniería

 

En algún lugar de Chihuahua, en este momento, un abuelo Baby Boomer revisa su estado de cuenta en una sucursal bancaria. A unos kilómetros, su nieto de veinte años acaba de ejecutar una orden de compra de fracciones de criptomonedas desde su teléfono, asesorado por un modelo de inteligencia artificial que le generó un análisis de mercado en cuarenta segundos. Ambos están tomando decisiones financieras. Ambos creen estar actuando con criterio. Pero están operando en dos economías que, aunque comparten moneda y territorio, obedecen a lógicas profundamente distintas.

Esa distancia no es solamente tecnológica. Es histórica, biológica y, en un sentido muy preciso, cognitiva. Cada generación fue formada por crisis económicas específicas, por tecnologías particulares y por una relación con el riesgo moldeada en sus años de mayor plasticidad cerebral. Entender esas diferencias no es un ejercicio de sociología pop. Es, en la economía de la inteligencia artificial, una de las claves para comprender quién tiene ventaja, quién está en desventaja y por qué las políticas públicas, las estrategias empresariales y los modelos educativos que ignoran esta fractura seguirán produciendo respuestas equivocadas a las preguntas correctas.

 

Las generaciones como mapas mentales del dinero

Los sociólogos Neil Howe y William Strauss propusieron en su obra fundacional Generations (1991) que cada cohorte generacional desarrolla una personalidad colectiva determinada por los eventos históricos que vivió durante su adolescencia y juventud temprana: el período en que el cerebro es más susceptible a construir esquemas duraderos de interpretación del mundo. Esa tesis, refinada décadas después por múltiples disciplinas, tiene una dimensión financiera concreta: la relación de una persona con el dinero, el riesgo, el ahorro y la inversión está profundamente condicionada por la economía que le tocó vivir cuando aún estaba formando sus esquemas de referencia.

El economista del comportamiento Daniel Kahneman documentó en Thinking, Fast and Slow (2011) cómo las experiencias emocionales intensas —entre ellas las crisis económicas— crean heurísticas de decisión que persisten incluso cuando las condiciones objetivas han cambiado. Un individuo que formó su relación con el dinero durante una inflación severa tenderá a desconfiar de los activos financieros intangibles, aunque el contexto económico sea completamente distinto décadas después. No es irracional. Es la huella cognitiva de una crisis que el cerebro aprendió a no olvidar.

 

Boomers y Generación X: la lógica del patrimonio tangible

Los Baby Boomers, nacidos entre 1946 y 1964, crecieron durante el mayor período de expansión económica sostenida del siglo XX en Occidente. El Estado benefactor, el empleo estable, la propiedad inmueble y las pensiones garantizadas constituyeron el horizonte natural de sus decisiones financieras. Para esta generación, la riqueza tenía forma física: una casa, un terreno, un bono gubernamental, un fondo de pensiones con respaldo institucional. Esa lógica no era un error de juicio. Era la respuesta adaptativa correcta al entorno que les tocó navegar.

La Generación X, nacida entre 1965 y 1980, heredó esa mentalidad, pero la fracturó parcialmente. Vivieron la caída del Muro de Berlín, la crisis del Tequila en México en 1994, la globalización acelerada y los primeros signos de la inestabilidad laboral que vendría en la generación siguiente. Fueron los pioneros de la diversificación financiera personal: los primeros en entender los fondos de inversión, los primeros en mezclar activos físicos con instrumentos financieros abstractos, y los primeros en enfrentar la paradoja de vivir entre dos lógicas económicas sin pertenecer completamente a ninguna. La Encuesta de Finanzas del Consumidor de la Reserva Federal de Estados Unidos documenta que la Generación X es la única cohorte cuya riqueza neta promedio creció menos que la de las generaciones que la preceden, en parte porque llegaron a la madurez patrimonial justo antes de las dos crisis más severas del siglo XXI.

 

Millennials: la generación que perdió la confianza en las instituciones

Si hay una generación que entiende con el cuerpo lo que significa que el sistema falle, esa es la Millennial. Nacidos entre 1981 y 1996, ingresaron al mercado laboral con expectativas construidas sobre el modelo Boomer —estudiar, conseguir empleo estable, acumular patrimonio— y se encontraron con un mundo radicalmente distinto. La crisis financiera global de 2008 los golpeó en el momento en que debían construir su capital inicial: los años en que el primer empleo, el primer ahorro y la primera inversión sientan las bases de la trayectoria financiera de largo plazo. Según datos del Pew Research Center, los Millennials son la generación con mayor nivel educativo promedio en la historia de Estados Unidos, y también la que enfrenta menor acceso relativo a la vivienda propia, mayor carga de deuda estudiantil y menor acumulación de riqueza neta que sus padres a la misma edad.

Esa experiencia produjo un cambio estructural en su relación con el dinero. La desconfianza en las instituciones financieras tradicionales los empujó hacia plataformas alternativas: ETFs de bajo costo, fondos indexados, inversiones fraccionadas y, eventualmente, criptomonedas. No por ignorancia financiera, sino por una lectura racional de que el sistema que funcionó para sus padres había demostrado ser menos sólido de lo prometido. También fueron quienes reorientaron el consumo hacia la experiencia y la flexibilidad: Airbnb, Spotify, Netflix y el trabajo remoto no son caprichos generacionales. Son respuestas adaptativas a un mercado que ofrece menos estabilidad de largo plazo y que penaliza el compromiso rígido con activos de alta iliquidez.

 

Generación Z: la primera economía nativa de la inteligencia artificial

La Generación Z, nacida entre 1997 y 2012, es la primera generación que no conoce un mundo sin internet de banda ancha, sin redes sociales y, en su segmento más joven, sin inteligencia artificial de consumo masivo. Su relación con la economía se forma en un entorno radicalmente distinto a cualquier generación anterior: la información financiera es omnipresente, los instrumentos de inversión son accesibles desde el teléfono y los modelos de IA pueden generar análisis de mercado en segundos. La investigadora Jean Twenge, en su obra iGen (2017), documentó que esta generación es significativamente más cautelosa con el endeudamiento que las anteriores, más inclinada al ahorro temprano y más consciente del riesgo financiero —posiblemente como resultado de haber crecido durante la crisis de 2008 y la pandemia de COVID-19, aunque en ese momento eran niños y adolescentes—.

Pero la Generación Z también enfrenta un riesgo específico que ningún informe del Foro Económico Mundial termina de nombrar con suficiente claridad: el exceso de información financiera sin criterio para evaluarla. Cuando McKinsey & Company publicó su informe True Gen en 2018, identificó que esta generación valora la autenticidad y la verdad por encima de cualquier otra variable de consumo. Eso es una virtud en teoría. En la práctica, en un ecosistema donde influencers sin preparación formal venden estrategias de inversión en videos de sesenta segundos y donde los modelos de IA pueden generar análisis financieros plausibles pero erróneos con igual facilidad que los correctos, la brecha entre acceso a información y capacidad de evaluarla críticamente se convierte en el factor determinante de quién gana y quién pierde.

Cada generación aprendió a manejar el dinero con las herramientas de su tiempo. El problema no es la herramienta. Es no saber cuándo la herramienta te está manejando a ti.

 

La IA como nuevo amplificador de la brecha generacional

Aquí es donde la inteligencia artificial entra no como solución, sino como variable que complica el panorama de maneras que aún estamos aprendiendo a leer. Los Boomers y la mayor parte de la Generación X acumularon el capital patrimonial —los activos tangibles, las pensiones, los bienes raíces— en un mundo donde la ventaja competitiva dependía de acceso privilegiado a información, redes de contactos y recursos institucionales. Ahora, los modelos de IA democratizan el acceso a esa información: cualquier Gen Z con conexión a internet puede obtener un análisis de mercado sofisticado en segundos. Eso parece un nivelador. Pero no lo es completamente.

El Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial identifica el pensamiento analítico y la capacidad de evaluación crítica como las habilidades más valiosas del mercado laboral para el período 2025–2030. Precisamente las habilidades que se construyen con años de lectura profunda, de exposición a complejidad y de práctica deliberada en la toma de decisiones con incertidumbre. La IA no las reemplaza. Las amplifica cuando existen, y amplifica los errores cuando no. Una generación que usa inteligencia artificial para tomar decisiones financieras sin haber desarrollado el criterio para evaluar sus respuestas no está invirtiendo con más inteligencia. Está especulando con mayor velocidad y menor conciencia del riesgo.

La OCDE ha documentado en su AI and the Future of Skills (2021) que la adopción de tecnología de automatización tiende a beneficiar desproporcionadamente a quienes ya poseen habilidades cognitivas de orden superior. En el contexto generacional, esto significa que la IA puede consolidar las ventajas de quienes ya tenían acceso a mejor educación, más capital cultural y entornos familiares con mayor sofisticación financiera, independientemente de la generación a la que pertenezcan.

La inteligencia artificial no borra la brecha generacional. La reescribe en un lenguaje nuevo.

 

El mercado inmobiliario como síntoma de una fractura estructural

Ninguna variable ilustra mejor la fractura generacional que el mercado inmobiliario. Los Boomers compraron vivienda en un período histórico en que el costo relativo de la propiedad era significativamente menor respecto a los ingresos medios. La OCDE documenta en su informe Housing, Homelessness and Affordability (2024) que en la mayoría de los países miembros, el índice de asequibilidad de vivienda para los menores de treinta años se ha deteriorado entre un 30 y un 50 por ciento en las últimas tres décadas, impulsado por la combinación de tasas de interés históricamente bajas entre 2008 y 2021 —que inflaron los precios de los activos— seguida de un alza abrupta de tasas que encareció el financiamiento justamente cuando los Millennials llegaban a la edad de comprar. En México, el Banco Mundial estima que el déficit habitacional afecta a más de nueve millones de hogares, con concentración desproporcionada en el segmento de jóvenes entre 25 y 35 años.

El resultado es una economía con una característica sinóptica que pocas veces se nombra directamente: los activos que generan riqueza pasiva están concentrados en las generaciones de mayor edad, mientras que las generaciones jóvenes —que tienen mayor alfabetización digital y mayor acceso a herramientas de IA financiera— carecen del capital inicial para que esas herramientas produzcan resultados significativos. La democratización del acceso a la información no democratiza el acceso al capital. Y sin capital, las mejores herramientas de análisis financiero del mundo siguen siendo instrumentos de conocimiento, no de transformación patrimonial.

 

Lo que Chihuahua necesita entender

En Chihuahua, con más de 1,076 millones de dólares en inversión extranjera directa captados en los primeros dos trimestres de 2024 y una economía que sigue atrayendo manufactura avanzada por el nearshoring, la pregunta generacional tiene una dimensión de urgencia específica. Las empresas que llegan demandan talento capaz de operar, supervisar y mejorar sistemas que incluyen inteligencia artificial. Ese talento no tiene nombre de marca generacional: puede ser un Gen X con treinta años de experiencia industrial y disposición para adaptarse, o un Gen Z con fluidez digital y disposición para aprender contexto. Lo que ninguna de las dos generaciones puede ignorar es que la ventaja competitiva en este entorno no será solo tecnológica. Será cognitiva.

Las universidades de la región tienen una oportunidad concreta: formar profesionistas que entiendan las lógicas económicas de su propia generación con suficiente distancia crítica para no ser gobernados por sus sesgos, y que sepan usar las herramientas de IA con el criterio necesario para distinguir entre lo que la máquina sugiere y lo que la evidencia sostiene. Ese es el perfil que el mercado va a recompensar. Y formarlo requiere exactamente lo que todos los artículos de esta serie han argumentado desde distintos ángulos: proteger la capacidad de pensar en entornos diseñados para impedirlo.

Al final, cada generación cree que su relación con el dinero es la correcta porque es la única que conoce desde adentro. El abuelo en la sucursal y el nieto en su celular tienen eso en común: ambos están convencidos de que entienden la economía mejor de lo que la economía los entiende a ellos. La inteligencia artificial no va a resolver esa brecha. La va a volver más visible y, para quienes no la examinen con honestidad, más costosa.

La economía no cambia de generación en generación. Cambia dentro de cada generación que decide, por fin, cuestionarse a sí misma.

REFERENCIAS

Banco Mundial. (2024). Global Economic Prospects, January 2024. The World Bank. https://doi.org/10.1596/978-1-4648-2017-0

Board of Governors of the Federal Reserve System. (2023). Survey of Consumer Finances 2022. Federal Reserve. https://www.federalreserve.gov/econres/scfindex.htm

Howe, N., & Strauss, W. (1991). Generations: The History of America’s Future, 1584 to 2069. William Morrow.

Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow. Farrar, Straus and Giroux.

McKinsey & Company. (2018). True Gen: Generation Z and its implications for companies. McKinsey & Company. https://www.mckinsey.com/industries/consumer-packaged-goods/our-insights/true-gen-generation-z-and-its-implications-for-companies

OCDE. (2021). AI and the future of skills, Volume 1: Capabilities and assessments. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/5ee71f34-en

OCDE. (2024). Housing, homelessness and affordability: Policy responses across the OECD. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/b8e549b4-en

Pew Research Center. (2019). Defining generations: Where Millennials end and Generation Z begins. Pew Research Center. https://www.pewresearch.org/short-reads/2019/01/17/where-millennials-end-and-generation-z-begins/

Secretaría de Economía. (2024). Estadísticas de inversión extranjera directa en México. Gobierno de México. https://www.gob.mx/se

Twenge, J. M. (2017). iGen: Why Today’s Super-Connected Kids Are Growing Up Less Rebellious, More Tolerant, Less Happy—and Completely Unprepared for Adulthood. Atria Books.

World Economic Forum. (2025). The Future of Jobs Report 2025. World Economic Forum. https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2025/

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