
Hay causas que no admiten neutralidad. La defensa de la vida y de la familia es una de ellas. Por eso, este 20 de junio, miles de chihuahuenses saldremos a las calles de la capital para decir, con la frente en alto, que la familia importa, que la vida importa y que somos nosotros, como comunidad, quienes decidimos lo que somos y lo que queremos seguir siendo como sociedad.
La Marcha por la Vida y la Familia no es un acto de confrontación: es un acto de amor. Amor a los que aún no nacen y merecen la oportunidad de vivir. Amor a madres y padres que cada día construyen con esfuerzo y sacrificio, el hogar donde se forman las y los ciudadanos del mañana. Amor a una sociedad que, lo sabemos quienes la recorremos casa por casa, sigue creyendo en el matrimonio, en la crianza, en el respeto entre generaciones.
Vivimos tiempos en que se nos quiere convencer de que la familia es una institución caduca. Yo no lo creo y sé que la mayoría de los chihuahuenses tampoco. Creemos en el valor de la vida humana en todas sus etapas, y creemos en la familia porque es ahí donde, generación tras generación, se forman ciudadanos íntegros, capaces de amar, de trabajar y de servir a su comunidad.
Y es que ningún programa de gobierno, por bien diseñado que esté, puede sustituir lo que un hogar le da a un niño. Es en la familia donde se aprenden las primeras palabras, pero también las primeras lecciones de disciplina, empatía y responsabilidad. Es ahí donde la niñez aprende a perder sin rendirse, a compartir sin perder identidad, a respetar la autoridad sin dejar de pensar por sí mismo. Ningún aula, por excelente que sea, puede reemplazar la mirada de un padre o una madre que corrige con paciencia y celebra con orgullo.
Invertir en la familia es, sencillamente, invertir en el futuro de nuestra comunidad: en menos violencia, en más oportunidades, en una ciudadanía formada en valores antes que en la calle o en la pantalla.
Como mujer, como madre y como servidora pública de Acción Nacional, tengo la convicción de que la política sin valores es solo administración del poder, no servicio al bien común. Nuestro partido nació, hace casi ochenta y siete años, defendiendo precisamente esto: la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad del Estado frente a la familia y la certeza de que ninguna autoridad tiene derecho a sustituir a los padres en la educación de sus hijos. Esos principios no son consignas de ocasión, son la columna vertebral de nuestra acción pública.
No ignoramos la realidad: hay familias rotas, hay dolor, hay quienes han sufrido violencia dentro del propio hogar que debería protegerlos. Reconocerlo no nos aleja de la causa, al contrario, nos compromete más con ella. Defender a la familia es también trabajar para que cada hogar en Chihuahua sea un espacio seguro, donde se viva realmente el amor, el respeto y la solidaridad que nos forman como personas. La respuesta a una familia herida no es debilitar la institución, sino fortalecerla, acompañarla y sanarla.
Por eso invito a todas y todos los chihuahuenses, sin distinción de partido, edad o condición, a sumarse este 20 de junio a la Marcha por la Vida y la Familia en nuestra capital para entre todas y todos decir, con respeto, pero sin titubeos, que en Chihuahua la vida se defiende y la familia se honra.
Un pueblo no se construye solo con cifras de crecimiento: se construye, sobre todo, con hogares fuertes donde la siguiente generación aprende a soñar y a servir. Hagamos de esta marcha un recordatorio de que los valores que nos hacen fuertes como sociedad siguen vivos, y que estamos dispuestos a defenderlos con la misma pasión con que nuestros padres nos los heredaron.