
"La vivienda es el centro de nuestra vida social, emocional y a veces hasta económica. Pero es, antes que nada, un derecho, no una mercancía". — Desmond Tutu
Por: César de la Garza Licón
Más de 850 mil empleados directos en el estado se presentan temprano, diariamente, en sus centros de trabajo. Con ese ímpetu que nos distingue a los chihuahuenses, se esfuerzan por ser productivos y sin saber hacen verdaderamente atractivo a nuestro estado.
Los grandes corporativos globales, especialmente en el sector IMMEX, miden constantemente el rendimiento de sus plantas a nivel mundial. Cuando una corporación decide si expande una línea de producción en Chihuahua, si se traslada a otro país o incluso a otro estado de la república, lo que inclina la balanza es la eficiencia y la entrega. Es ahí donde se confirma que somos competitivos: "You don't want to mess with us". Somos de altorendimiento, ya sea en la manufactura de exportación, industria nacional, construcción, agricultura, ganadería o el comercio.
De igual forma, cuando las misiones comerciales extranjeras visitan las zonas industriales para evaluar la viabilidad de un proyecto, lo que auditan es la capacidad técnica de la mano de obra. La destreza del personal chihuahuense para asimilar procesos complejos es el principal argumento de venta de la entidad. La infraestructura o los incentivos fiscales se pueden replicar en cualquier lugar; la calidad de la ejecución humana, no. Esto nos permite afirmar, con total certeza, que el personal operativo y directo son los verdaderos embajadores que hacen a Chihuahua atractiva día con día.
Al término de la jornada, estos trabajadores se dirigen a sus hogares. Se estima que el 70% de los empleados cuenta con una casa ya pagada o en proceso de financiamiento a 20 años por medio del Infonavit, mientras que el porcentaje restante vive en inmuebles rentados.
Sin embargo, quienes lograron acceder a un patrimonio suelen toparse con construcciones diminutas y bloque de concreto gris. Ahí convivieran tres o cuatro integrantes por familia. El hacinamiento no es solo una métrica de pobreza; es un detonador de crisis sociales.
El hecho de compartir espacios mínimos para dormir, comer y asearse genera tensiones internas insoportables. La consecuencia natural de este ahogo habitacional es que los miembros más jóvenes terminan siendo "expulsados" del hogar, buscando en las calles el espacio y el desahogo que su propia casa les niega.
Así, la vía pública se convierte en un maestro hostil donde, trágicamente, no se aprende nada bueno.
Es posible mejorar. En El Salvador, por ejemplo, el concepto de vivienda de interés social ha tenido una evolución importante a través de financiamientos con tasas del 3%. Los departamentos de interés social (como los del proyecto "El Espino" o multifamiliares similares) promedian entre los 50 y 60 metros cuadrados. Estos complejos están diseñados bajo un modelo de "comunidades sostenibles", priorizando que el espacio reducido del interior se compense dignamente con verdaderas áreas verdes comunes, canchas y huertos urbanos.
El tema no es desconocido para la clase política ni por el empresariado chihuahuense; entonces resulta inadmisible que, siendo la industria y el comercio los grandes motores del estado, no hemos logrado garantizar condiciones de vivienda dignas para nuestros embajadores.
Presumir el éxito industrial de Chihuahua pierde todo sentido si no somos capaces de ofrecer una vida digna para sus protagonistas. Les debemos un esfuerzo decidido para elevar la calidad de las viviendas y transformar por completo los entornos donde vive nuestra gente, convirtiendo esos desiertos de concreto en verdaderas comunidades.