
La Copa del Mundo 2026 ha sido, hasta ahora, el torneo más exitoso en la historia de la FIFA. Con 48 selecciones y 104 partidos, ha generado los mayores ingresos por derechos de televisión, mercancía oficial, taquilla y patrocinadores, además de jactarse de ser el Mundial más caro de la historia. Sin duda, el torneo de Norteamérica ha marcado un antes y un después en el balompié.
En lo deportivo, esta justa nos ha regalado momentos e historias memorables, como la participación de Cabo Verde en su primer Mundial, empatando con potencias como España y Uruguay; la fase de grupos perfecta de México por primera vez en su historia; la excelente actuación de Japón ante Brasil en los dieciseisavos de final; la eliminación en penales de Alemania contra Paraguay; el demoledor paso de la Noruega de Erling Haaland; el "caballo negro", Marruecos, sacando a Países Bajos, y la sorpresiva eliminación de Uruguay en la fase de grupos.
También es el Mundial del adiós, pues para grandes leyendas del deporte este es su último torneo: Luka Modric con Croacia, Neymar con Brasil, el gran Guillermo Ochoa, el astro portugués Cristiano Ronaldo, el faraón egipcio Mohamed Salah y, por supuesto, Lionel Messi, considerado por muchos como el mejor jugador de todos los tiempos.
En lo mediático se han dado fenómenos virales como el jugador de Nueva Zelanda Tim Paine, la historia del portero de Cabo Verde, “Vozinha”, la gran afición de Escocia o “Lumumba”, el fanático de la República Democrática del Congo.
Lamentablemente, el torneo no ha estado exento de la intromisión política. Todo empezó con el conflicto entre Estados Unidos e Irán, que obligó a esta última selección a concentrarse en territorio mexicano, y continuó con la repudiable negativa del visado al árbitro somalí Omar Artan. Todos estos escándalos han tenido como protagonista al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien incluso intervino ante la FIFA para que se le retirara una tarjeta roja a un jugador norteamericano y así pudiera jugar ante Bélgica en los octavos de final. Hechos como este recuerdan a los dictadores Mussolini en Italia y Videla en Argentina, quienes intervinieron para favorecer a sus selecciones anfitrionas en 1934 y 1978, respectivamente.
Ya instalados en los cuartos de final, sorpresivamente solo quedan cuatro campeones del mundo (Francia, Inglaterra, España y Argentina). Veremos si algún rey vuelve a coronarse o si un "caballo negro" logra dar la sorpresa para darnos un nuevo monarca en el fútbol internacional.
Este torneo marca el hito de “El fin de la historia de los mundiales”, tal como lo predijo el politólogo estadounidense Francis Fukuyama en 1992 tras la caída de la Unión Soviética y la consolidación de la democracia liberal. En el caso del fútbol, se han acabado los mundiales de un solo anfitrión que exaltaban su cultura y su sentimiento nacionalista. Ahora los torneos son “globalizados”, organizados por regiones enteras —como este caso y el de 2030, que se jugará en España, Portugal y Marruecos, además de tener partidos en Uruguay, Argentina y Paraguay por el centenario del certamen—.
Esto, desde mi punto de vista, será positivo para el fútbol: hay más selecciones, mejores jugadores, mejores estadios y las futuras estrellas de países que no son potencias con el balón se darán a conocer. Sin embargo, por el bien del deporte, esperemos que no se imponga el interés económico de las élites futbolísticas, empresariales y políticas, y que esto no termine por ser, en realidad, el fin de la magia y de la unidad para el deporte más hermoso del mundo.