
El secretario general de Gobierno, Santiago De la Peña Grajeda, declaró que no ha tenido tiempo de leer la carta que envió el exmagistrado Luis Villegas Montes; asimismo, le envió un saludo al mencionado.
“No tengo la costumbre de leerlo. Seguramente él tiene mucho tiempo para escribir y yo tengo poco tiempo para leer. Le mando un saludo cariñoso”, dijo el funcionario estatal.
La carta que envió el exmagistrado es la siguiente:
Ahorrémonos las formalidades; ni yo te caigo bien ni tú a mí. Al punto, pues.
Te escribo porque es preciso que te exprese, con toda claridad, las razones que tengo para oponerme a tus actuales aspiraciones políticas.
Más allá de que careces de experiencia en campaña y eres una persona antipática —hagas lo que hagas, jamás vas a poderte despojar de ese aire de junior venido a más, “fifí”, diría un chairo (ambas afirmaciones son de índole subjetiva)—, existen razones de peso y objetivas para que ceses en tu afán de hacerte con la candidatura a la alcaldía, por lo menos bajo las siglas del PAN.
La primera, y la más importante, es que tú jamás vas a poder identificarte con el PAN; naciste y creciste en un entorno no sólo ajeno, sino opuesto a lo que el PAN es, a lo que el PAN significa; tus mayores, Santiago, son los mismos que justificaban sus desmanes y tropelías agregándole el adjetivo “patrióticos”. Traicionar la voluntad popular y pasarse la ley por el arco del triunfo, fue para ustedes, para ti y tus ascendientes, una especie de deporte nacional. No puedes, por más que lo intentes, entender al PAN porque desde que eras un junior chiquito —un juniorcito—, ver a los panistas por sobre el hombro fue lo tuyo; ya de mayor, de junior hecho y derecho, lo tuyo fue perseguirlos, reprimirlos y encarcelarlos; y ahora, senior ya, eres el puerco que eres porque no sabes otro modo de hacer campaña más que con marranadas; lo que nos lleva al segundo asunto.
Existe evidencia, Santiago, de que personal a tu cargo, Silvia Margarita Alvídrez, para empezar, en horario de oficina, acudió a espacios públicos para promover tu candidatura (la justicia la aguarda); existe evidencia periodística de que funcionarias del Poder Judicial fueron convocadas para asistir el sábado pasado a un desayuno organizado en favor tuyo; existe evidencia de que cientos de trabajadoras del gobierno del Estado fueron obligadas a asistir a ese mismo evento; existe evidencia de que —como en los mejores tiempos de tus mayores— se utilizaron camiones urbanos para acarrear personas (el identificado como “ESPECIAL” con número 2M-175), por ejemplo; existe evidencia de que subalternos tuyos, Héctor Barraza, por citar otro caso, citó precisamente para acarrearlas, a las 8:15 a.m. de ese mismo sábado, en la calle Río Almonte, número 834, de la colonia Vistas del Norte, a distintas personas, entre ellas: Lorena G., Vicky O., Anahí M., Yanet O., Valeria A., Yolanda P., Cristina L., Rocío Ch., entre otras —ahora, como consecuencia de tu proceder irresponsable, ellas van a tener que enfrentar procedimientos judiciales (porque no te quepa la menor duda de que voy a denunciar estos hechos, plenamente identificadas como están)—; también habré de denunciar el desempeño ilegal de la C. Fernanda Jazmín Martínez Quintero (otra que va a necesitar abogados); así como al responsable del vehículo tipo pick up, con placas de circulación DE6780B y número de serie 3C6SRBDT8NG414104, propiedad del gobierno del Estado (ese donde tú dizque trabajas), que fue captado mientras se empleaba para colocar publicidad a tu favor; existe evidencia de que has utilizado dinero del erario destinado a publicidad para financiar una campaña mediática en favor tuyo, promoviendo tu imagen. Y…, bueno, ¿para qué seguir?, el punto es que existe mucha evidencia, Santiago, de que tu campaña es una larga serie de abusos y corruptelas y está basada en la presión y el amedrentamiento, igualito que en 1986, cuando tu papá, desde Pensiones Civiles del Estado, ayudó a orquestar el “fraude patriótico” del que ya hemos platicado, extorsionando a empleados para obligarlos a votar en favor de tu partido de toda la vida (a eso volveremos después).
En tercer lugar, y esto sí es muy grave, no te engañes a ti mismo, Santiago: si debes recurrir a esa serie de medios ilícitos es porque no eres bien visto y lo sabes; si fueras un candidato natural, popular y carismático, no te verías en la necesidad de utilizar triquiñuelas y chanchullos; haces lo que haces, no sólo porque está en tu naturaleza —en tu ADN, como si dijéramos—, sino porque no tienes alternativa, para ti no hay de otra. Pues ese afán, Santiago, no puede terminar bien, porque el rastro de cochinadas que estás dejando no sólo resulta enorme, sino inocultable, y dejará a algunas personas sujetas a juicios, incluso penales, por los distintos tipos de responsabilidad en que están incurriendo.
En cuarto lugar, no sé si estás consciente del daño que le estás haciendo al gobierno del Estado y a tu jefa; yo no sé si ella, María Eugenia, está al tanto de tus excesos; quiero pensar que no; ella mejor que nadie sabe qué ocurre cuando desde el poder se pretende imponer a un sucesor o a un candidato; ella sabe, porque lo experimentó en carne propia, lo difícil que es sobreponerse a un yerro de tamaña naturaleza; ahí está el animal de Javier Corral, para dar fe de esos hechos.
Finalmente, lo que sigue no constituye una quinta razón para que desistas: estos tres párrafos contienen una aclaración, una pregunta y un reto; la aclaración es que no te confundas, Santiago, esta, la mía, no es guerra sucia. Guerra sucia la tuya, los analistas y comentaristas pagados, las veladas campañas de desprestigio, el batidero en que has convertido la contienda interna en el PAN (aunque lo niegues, hipócrita); lo mío es un enfrentamiento personal, a cara descubierta y con nombre y apellido frente a quien considero, con sobrada razón, que es la peor desgracia que le puede ocurrir al PAN en Chihuahua.
La pregunta es la siguiente: si bien no te cansas de repetir a diestra y siniestra que ya no eres priista, nunca has explicado los motivos. ¿Por qué? ¿Por qué ya no eres priista? ¿Te corrieron? ¿Te saliste? Si te corrieron, ¿por qué te corrieron? Si te saliste, ¿por qué te saliste? ¿Por asco? ¿Por miedo? ¿Qué te hizo abandonar a tu partido de toda la vida? ¿O solamente hiciste como las ratas y saltaste del barco antes del naufragio?.
El reto es el siguiente: en el escenario que gustes, con el público que gustes, el día que gustes, a la hora que gustes, con el moderador que gustes —incluso yo, con una mano amarrada a la espalda, sin computadora, pluma ni tarjetitas—, te invito a debatir sobre el PAN y sobre el PRI: su historia, su doctrina, sus raíces, sus principios. Tienes mi número; llámame para ponernos de acuerdo.
Sin más y hasta la próxima, porque con toda seguridad habrá otra, quedo a tus órdenes. Por cierto, te hago responsable de cualquier daño a mi persona o familia; aunque en el mundo del hampa, tú eres un boy scout, tienes gente muy, muy, muy cercana, de muy mala fama y peores mañas. Ya pórtate bien.