
El registro obligatorio de celulares se cae a pedazos. Se derrumba por sus contradicciones, por su improvisación y por el rechazo de millones de mexicanos que se niegan a entregar su libertad a cambio de conservar una línea telefónica.
Frente a ese fracaso, el régimen inventó una prórroga carroñera. No para corregir los abusos ni para escuchar al pueblo, sino para dividirnos, debilitarnos y someternos por etapas. Creyeron que separando a los ciudadanos según el último número de su teléfono podrían romper la resistencia. Se equivocaron.
Hoy pretenden utilizar como carne de cañón a los mexicanos cuyas líneas terminan en 0 o en 1. Quieren probar con ellos la maquinaria de la tecnodictadura. Quieren cancelar sus celulares, aislarlos de sus familias, impedirles trabajar, bloquear su comunicación y sembrar miedo entre el resto de la población.
No son números. Son personas. Son madres de familia que necesitan comunicarse con sus hijos. Son comerciantes que dependen de su teléfono para vender. Son trabajadores, estudiantes, médicos, transportistas y ciudadanos que no han cometido ningún delito. El régimen quiere castigarlos únicamente por negarse a entregar sus datos personales a un sistema de vigilancia masiva. Pero no están solos.
La prórroga carroñera fue diseñada para dividir a los mexicanos, pero ha conseguido exactamente lo contrario: hoy estamos más unidos que nunca en la defensa de la libertad. Cuando el poder amenaza a uno, nos amenaza a todos.
Por eso debemos decirlo con absoluta claridad: quienes tienen un número terminado en 0 o en 1 no serán abandonados. Serán la primera línea de una resistencia nacional. Los mexicanos de bien vamos a cerrar filas para defenderlos y para combatir, con la Constitución en la mano, cada abuso de esta tecnodictadura.
Si el régimen quiere control masivo, nosotros responderemos con amparos masivos.
Si pretende imponer vigilancia masiva, encontrará resistencia masiva.
Si busca sometimiento masivo, daremos la batalla masiva.
He desarrollado una estrategia jurídica para echar a la basura el registro obligatorio de celulares. Una ruta legal para enfrentar las cancelaciones y defender el derecho de cada mexicano a conservar su línea sin convertirse en rehén del gobierno.
No permitiremos que la burocracia decida quién puede comunicarse. No aceptaremos que el gobierno convierta el teléfono en un grillete digital. No vamos a entregar nuestra identidad, nuestra privacidad y nuestra vida cotidiana a quienes sueñan con vigilarlo todo.
Por eso recorreré cada región de Chihuahua y cada rincón de la República. Iremos a las plazas, a los municipios, a las comunidades y a las ciudades. Llevaremos los amparos hasta donde se encuentre un ciudadano dispuesto a defender su libertad.
La Ley Espía ya se tambalea. El registro de celulares se cae a pedazos porque nació del abuso, de la improvisación y del desprecio por los derechos. Ahora debemos darle el golpe definitivo con organización, resistencia y amparos masivos.
Que nadie se rinda. Que nadie entregue su libertad por miedo. Que nadie deje solo al ciudadano que hoy está siendo utilizado como carne de cañón.
Somos más que sus amenazas. Somos más que sus registros. Somos más que su aparato de vigilancia. Firmes y fieles por la libertad. Ni un paso atrás frente a la Ley Espía. Porque si el régimen quiere control masivo, los mexicanos responderemos con amparos masivos.