
MORELIA, Mich. (apro).- Tras entregar ayuda humanitaria a personas desplazadas en localidades del municipio de Apatzingán, la regidora Carmen Zepeda Ontiveros fue retenida por integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), quienes la amenazaron de muerte en caso de regresar a esos lugares.
Aunque Carmen Zepeda arribó por Morena al Cabildo de Apatzingán, se ha convertido en una dura crítica de la ineficacia gubernamental en materia de seguridad en la región, y se ha enfocado en acciones de apoyo a las víctimas de desplazamiento y de las minas que proliferan en los caminos de Apatzingán.
"La vamos a tirar en pedazos al río si vuelve por acá", le advirtieron los integrantes del CJNG el pasado sábado, mientras le encañonaban la cabeza junto con su acompañante, que era su pareja. Aunque no los contó, recuerda que eran muchos hombres armados, y cinco camionetas las que bloqueaban el camino en donde la retuvieron.
“Yo subí como a las 12 del día para el Valle de Acatlán y, para llegar ahí, tengo que pasar por Presa del Rosario, Loma de los Hoyos, Puerta de Alambre, El Alcalde, El Lindero y luego subir la brecha hacia el Valle de Acatlán, donde ahorita están 13 familias, 47 personas en total, 12 niños y ocho adultos mayores. Lo que más me preocupaba era que dos de ellos ocupan insulina”.
Ese día también acudió a las clínicas de El Alcalde y Loma de los Hoyos para llevar medicamentos, ya que son las únicas que continúan funcionando en esa ruta gracias a las enfermeras, porque desde hace dos años no cuentan con médicos ni con abasto de medicinas.
Antes de subir al Valle de Acatlán, solicitó apoyo a los elementos destacados en la Base de Operaciones Interinstitucionales (BOI) de El Alcalde, debido a que el camino suele estar minado. Sin embargo, le respondieron que no podían escoltarla porque requerían autorización mediante los protocolos correspondientes, aunque le aseguraron que esa mañana habían recorrido el trayecto y no habían encontrado explosivos.
Tras entregar la ayuda emprendió el regreso alrededor de las 5 de la tarde y volvió a pasar por la base para informar que descendía de la sierra. En ese lugar le llamó la atención la presencia de una patrulla de la Policía Municipal de Apatzingán, situación que cuestionó al considerar que esas corporaciones deberían permanecer en la ciudad y no participar en tareas de combate al crimen organizado.
Poco después, al llegar al puente del Pitayo, un grupo de hombres armados salió de una brecha y le apuntó con un rifle en la cabeza dentro de su vehículo. Los sujetos le exigieron identificarse y explicar de dónde venía. Carmen Zepeda les mostró su credencial del Ayuntamiento y explicó que regresaba de llevar alimentos, medicamentos y ayuda humanitaria a las comunidades. Tras revisar su versión le permitieron continuar; sin embargo, unos kilómetros más adelante encontró cinco vehículos bloqueando el camino y un segundo grupo armado la obligó a descender de la camioneta.
“Cuando vi toda esa gente dije: ‘Pues estos sí nos van a matar acá’. Solo le dije a mi compañero: ‘No tengas miedo, no demuestres miedo. Vamos a estar bien’”, recuerda.
Más tarde llegó otro hombre, identificado por los propios sujetos como su jefe: “Se me puso enfrente y me dijo: ‘¿Sabe qué? Ya nos enteramos de que usted es una templaria’, yo le contesté: ‘Estás pero muy jodido, yo no soy delincuencia organizada, ¿me ves como estás tú?, con esa ropa y con un arma’, le dije, ‘no somos lo mismo señor’".
“Nos separaron en ese momento a mi compañero y a mí. Le preguntaban cosas a él y luego a mí para confirmar. Me preguntaron quién era mi compañero, les dije que mi novio, y me decían que él estaba diciendo que mi pareja. Todavía tenía que aclararles que era lo mismo, pero no me creían porque soy de la tercera edad, pero todo lo decían con obscenidades, que si viejilla, que si hija de esto y del otro”.
El líder del grupo le advirtió que, si volvía a transitar por esa zona, aparecería despedazada en el río. Carmen Zepeda le respondió que regresará por familias que permanecen en esas comunidades.
“Nos dejaron subir al auto y empezaron a gritar: ‘Dígale a su jefe’, y mencionaban nombres que no conozco, ‘que vamos avanzando, que somos cuatro letras y que vamos a acabar con ellos’. Entonces ya nosotros nos fuimos, la libramos”.
Relató que durante el tiempo que permaneció privada de la libertad observó cómo revisaban a otras personas, entre ellas una pareja que viajaba con un niño de aproximadamente 3 años, situación que le causó especial preocupación por la violencia presenciada por el menor.
Al continuar su camino encontró un retén de la Guardia Nacional, donde informó a los uniformados que unos kilómetros atrás había hombres armados reteniendo vehículos, pero no obtuvo buena respuesta, uno de los elementos le respondió que acababa de llegar a Apatzingán como refuerzo debido a que los militares estaban desertando en la zona, que desconocía el territorio y que no tenía instrucciones para abandonar el punto de revisión, limitándose a recomendarle que presentara una denuncia.
La regidora aseguró que no denunciará los hechos formalmente, pues considera que eso incrementaría el riesgo para su seguridad. Lamentó el clima de violencia e impunidad que prevalece en Apatzingán, donde refiere que diariamente se registran homicidios con extrema violencia. "No hay quien nos proteja, no hay quien nos cuide, no hay nada", refirió.
Con información de: Proceso.