
"Una casa está hecha de paredes y vigas; un hogar está construido de amor y sueños." — William Arthur Ward
Por: César de la Garza Licón
Con el paso del tiempo las personas consiguen un trabajo estable y llega el anhelo de formar una familia. Al ser contratados y acceder a las prestaciones de ley, la posibilidad de un crédito se visualiza como una gran oportunidad y un generador de grandes ilusiones.
Sin embargo, la realidad entrega verdaderos cascarones de bloque y piso pulido, ubicados en colonias distantes, en la periferia de la ciudad. Viviendas sin diseño ecológico, que se convierten en hornos en verano y en hieleras en invierno.
El paisaje cotidiano lo generan jaurías de perros que vagan entre terrenos baldíos; animales sin dueño que se convierten en los verdaderos habitantes de colonias que, durante el día se quedan solas.
Entonces, pagar un crédito conyugal por un bloque rústico, gastar el doble por la desconexión urbana y vivir con miedo. La dolorosa decisión de empacar y dejar la casa vacía no es irresponsabilidad; es una retirada forzada por la supervivencia.
Hace falta un cambio. No se trata solo de entregar cuatro paredes de bloque; se trata de dar seguridad y calidad de vida. Modificar el rumbo de la vivienda social ya no puede esperar; en estos espacios debería sembrarse la esperanza.
Debemos reorientar la vivienda de interés social e integrarla a macroproyectos urbanos centrales, exigiendo por ley rutas de transporte conectadas, equipamiento comunitario, hospitales y escuelas de tiempo completo.
Hoy vemos cómo proliferan exclusivos desarrollos de vivienda vertical cerca de las vialidades mejor conectadas de la ciudad. Es momento de aprovechar esa experiencia constructiva y reforzar la estrategia para revitalizar el centro de la ciudad. Debemos promover su renovación, abriendo paso a una nueva arquitectura que acoja a jóvenes familias y a personas de la tercera edad.
Repoblar el primer cuadro generaría ahorros significativos para el municipio al evitar el alto costo de llevar servicios y seguridad a zonas lejanas;
Al final, se trata de lograr que todos nos sintamos integrados en una misma comunidad y detener, de una vez por todas, el abandono de los sueños de nuestra clase trabajadora.