
Por: Regidora Isela Martínez Díaz
Coordinadora de la Fracción Edilicia del PAN en el H. Ayuntamiento de Chihuahua
Presidenta de la Comisión de Participación Ciudadana y Sociedad Civil Organizada
La vida de Paty Ulate deja una lección que va más allá de los cargos, las funciones o los reconocimientos: el servicio público solo cobra sentido cuando se ejerce con humanidad, con coherencia y con un compromiso real hacia los demás.
Esa es, quizá, la parte más profunda de la huella que deja en nuestras vidas.
Paty Ulate fue periodista, servidora pública y regidora. Pero su historia no se entiende como una lista de puestos, sino como una trayectoria consistente, guiada por una convicción muy clara: se debe estar al servicio de las personas, sobre todo de quienes más lo necesitan.
Desde su trabajo en el ámbito público impulsó políticas públicas en favor de las mujeres, de las familias, de la inclusión de personas con discapacidad y de la protección de niñas, niños y adolescentes. Buscando siempre que estas acciones tuvieran un impacto real en la vida cotidiana de quienes enfrentan desigualdad o vulnerabilidad.
En un entorno donde muchas veces la política se percibe lejana o desconectada de la gente, su forma de actuar marcó una diferencia. Representó a una servidora pública que entendía su posición no como un privilegio, sino como una responsabilidad que se ejerce con ética y con sentido de servicio.
Enfrentó una enfermedad compleja sin dejar de lado su vocación de acompañar a otros. Al contrario, convirtió su experiencia personal en una causa compartida al fundar una asociación para apoyar a pacientes con mieloma múltiple y a sus familias. Incluso en los momentos más difíciles, decidió seguir estando del lado de quienes necesitaban apoyo.
Esa decisión dice mucho de ella: su compromiso no era circunstancial, era profundamente humano.
La vida de Paty Ulate nos invita a pensar en el tipo de servicio público que realmente hace falta. No uno que se quede en la forma o en la rutina, sino uno que se construya desde la empatía, la cercanía y la responsabilidad con las personas.
Su paso por la vida pública deja una enseñanza sencilla, pero poderosa: el verdadero legado no se mide en los cargos que se ocupan, sino en las vidas que se tocan y en las causas que se defienden con convicción.
Hoy su ausencia se siente, pero su ejemplo permanece como una referencia ética para la vida pública de Chihuahua.
Porque hay vidas que no solo se recuerdan: también se convierten en una guía para quienes siguen.