
Por: Oscar A. Viramontes Olivas
violioscar@gmail.com
“Yo Teodoro Faulkner, consideraba a mis amigos como una verdadera familia, contentos y llenos de ganas de estar en contacto con la naturaleza, el profesor Balderrama, también le entraba al relajo y al “cotorreo”, junto a otros papás, y por supuesto, con el “chofis” que aguantaba todo el “bullicio” que estábamos haciendo. “Poco a poco, esa algarabía se fue desvaneciendo, y cada quien se iba acomodando en el lugar que le correspondía; veía los cerros, y el cielo se encontraba nublado y ya estaba oscureciendo. Las manecillas ya marcaban las 19:35 de la tarde, cuando vi un anuncio que decía: “Curvas del Perico”, mis papás, me habían platicado que, en ese tramo de la carretera, sucedían muchos accidentes.
“Don Ramón Murga, el chofer, iba a una velocidad moderada, rodeando las curvas que eran muchas en ese momento, vi a lo lejos que un dompe estaba de frente rebasando a otro vehículo, y en eso observé al Sr. Murga que quiso frenar el camión, pues el pesado vehículo venía sobre nosotros ya cerca y listo para impactarse contra el camión. Todos gritábamos de terror al ver que nada se podía hacer, pues para don Ramón, ya era imposible detenerse o esquivar al dompe, y ante los gritos de horror y desesperación de todos nosotros, vi de cerca a una mujer de negro que estaba en medio del camión y el dompe, y de repente vino lo que tenía que pasar, nos impactamos de manera violenta, vi a cada uno de mis amigos proyectarse en los vidrios, y sobre los asientos, quedando inertes ante el terrible suceso.
“Fui arrojado del camión, sobre el pavimento, muriendo, podía ver el caos causado por el accidente, ¡Todo había terminado!, sentía mi alma dejando mi cuerpo, vi a Venancio, Jorge, Horacio, Luis, Armando y José que estaban muertos; en cuestión de minutos, sentí como si estuviera inconsciente en un sueño muy profundo, tan profundo que, vi a un hombre de blanco acercándose a nosotros, no podía ver su rostro, nos tomó de la mano y nos condujo por un largo túnel donde perdí todo sentido de mí mismo. La noticia se difundió de inmediato, ya que algunos campesinos locales informaron rápidamente a las autoridades sobre el terrible accidente en el kilómetro 21 en la carretera que conduce a Ciudad Juárez, donde dos vehículos habían chocado horriblemente, un camión con niños y adultos, y otro camión de volteo trabajando en carreteras... Al día siguiente, El Heraldo de Chihuahua anunciaba el terrible accidente, generando profunda consternación en toda la sociedad de Chihuahua.
Era el 2 de agosto de 1939, cuando la noticia comenzó a llegar a todos los rincones de la ciudad, y desde la noche del primer día, ya había gente en Chihuahua lamentando la terrible noticia. Sí, niños de familias conocidas del pueblo estaban muertos y heridos, ese fue el primer informe de las autoridades que no dejaron de mover el metal retorcido de los pesados vehículos. Recordaremos que la YMCA, mejor conocida como la "Y", había estado planeando una excursión al parque Cumbres de Majalca durante una semana con el Sr. Ramón Murga, quien había sido el conductor oficial para viajes largos de la misma Asociación Cristiana de Jóvenes, pero ni la habilidad, ni la gran responsabilidad del Sr. Murga, fueron suficientes para evitar el impacto de su camión Chevrolet con el pesado camión de volteo. Según los sobrevivientes, Ramón, hizo todo lo humanamente posible para evitar lo inevitable; en cambio, el conductor del camión de volteo Encarnación Espinoza, quien supuestamente habría sido el responsable de la tragedia por invadir el carril contrario. En un principio, se dijo que el impacto había sido de frente, pero, los partes más recientes, mencionaron que a eso de las 7:00 de la mañana del día 2 de agosto, era que, el camión había alcanzado la parte trasera, arrancándole la redila y arrastrando a la mayor parte de los ocupantes, a los que, se presume que, con la caja que traía encima el dompe, había lesionado brutalmente a los niños, y donde el reporte de los paramédicos, presentaban heridas gravísimas en la cabeza. Pasaron las horas, y cientos de personas se empezaron a congregar a las afueras de la Guay, para saber más de la tremenda noticia.
Era un caos, nada estaba quieto, todo era tensión, las mujeres descargaban el sufrimiento llorando, y los hombres disimulaban su desesperación, mientras que, en otra parte de la ciudad, los heridos iban llegando poco a poco al Hospital de Beneficencia (hoy Hospital Central) para ser atendidos; el personal de enfermeras y médicos, corrían desesperadamente a recibir y atender a los accidentados que, en la gran mayoría, eran pequeños, y que algunos de ellos, ya no volverían a ver jamás la luz. El kilómetro 21, era un lugar de desgracia y aterrador, pues de inicio se habían encontrado los cuerpos de algunos niños regados en un radio de cerca de 20 metros con huellas de sangre esparcida, y las astillas arrancadas a los vehículos. El señor Murga, sobrevivió al encontronazo, siendo auxiliado por los sobrevivientes que empezaban a enfrentar la horrible realidad, pues de inmediato, se abocaron a auxiliar a los más graves, y cubriendo a los pequeños cuerpos inertes con cobijas blancas.
Pero no se podía esperar que llegaran las ambulancias, pues algunos necesitaban de atención inmediata. En eso, algunos guiadores que transitaban por el lugar, se detuvieron inmediatamente para auxiliar a los caídos, primero, Pedro Torres, comerciante de Flores Magón, llegaba con su camión, el cual de inmediato detuvo su vehículo, y corrió auxiliar a los accidentados. Era ya tarde, pero la adrenalina de los que habían sobrevivido estaba hasta el tope, incitando desesperadamente a tratar de auxiliar a sus hermanos. Así como Pedro Torres, llegaba en una camioneta, propiedad de Pedro Terrazas, y su chofer Moisés Trillo, quienes apoyaron a trasladar a los heridos al hospital. Sí, fueron atendidos uno tras otro, con la rapidez de un "corredor".
El Dr. Torres Enríquez, quien había oído del accidente, fue inmediatamente al hospital. A medida que pasaba el tiempo, llegaron los doctores González Flores, Luis Raúl Flores Ondovilla, Manuel Mendovilla, Manuel Mendiolea y Julio Órnelas, quienes atendieron a todas las personas del kilómetro 21 con un verdadero espíritu de servicio. Cuando las autoridades recibieron la noticia, hicieron un gran esfuerzo para llegar al lugar del accidente, el primero en llegar, fue el oficial de tránsito del Departamento de Caminos, Rafael Canales, quien quedó impactado al ver lo que había sucedido. Junto a él estaba el comandante de la policía municipal, Leobardo Chávez, quien salió al encuentro de los heridos y muertos encargándose de ellos; al principio, solo eran tres, pero luego fueron cuatro. Cuando el gobernador del estado, Gustavo L. Talamantes, se enteró del accidente, fue con su secretario privado y otros funcionarios al Hospital de la Caridad (Hospital Central), para estar cerca de las familias y los heridos; este evento ha sido considerado significativo en la vida de la ciudad y el estado de Chihuahua.
A las 7 de la mañana, El Heraldo de Chihuahua ya estaba publicando los primeros informes de las víctimas del accidente, entre las cuales, se encontraban el niño Armando Gutiérrez (calle Ramírez 1203); Luis Díaz García (23 y 1/2 605); Jorge Giacoman (Coronado 423, hijo del Sr. Salim Giacoman); Venancio Gabriel Gardea (14 de 1616, hijo del Sr. Venancio Gardea); Tedie Faulkner (Bolívar 606), hijo del Sr. J. E. Faulkner; José Alberto Méndez (Ocampo 1203, hijo de Miguel Méndez); Horacio Brondo Valdez (12 de 1620), hijo del ingeniero Horacio Brondo. También había una lista de heridos en El Heraldo: el profesor Francisco Balderrama, quien estaba en el viaje y era el tío del niño fallecido Gutiérrez; Luis Eduardo León (hijo de Luis León Olarte), Rafael Carreón, Elías Valdez, Héctor Rodríguez, Octavio Porras (hijo del Sr. Francisco R. Porras), Jesús José Aranda y Fernando Pérez…Está crónica continuará.
“Tragedia Cimbra a Chihuahua Las Siete Cabecitas (1939)”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, Tomo I, al XIII puede llamar al cel. 614 148 85 03 y con gusto se lo llevamos a domicilio o bien adquiéralo en la librería Kosmos, localizada en Josué Neri Santos No. 111.
Fuentes: Archivo del Heraldo de Chihuahua, 1939 y 1948; Periódico Tribuna, 1939 y 1940; Archivo de la YMCA, Chihuahua; entrevistas con: Alberto Contreras; Benjamín Tena Antillón; Juan Manuel Morones. Fotos: Crónicas Urbanas y Archivo YMCA, Chihuahua