Inteligencia artificial, soledad juvenil y la infraestructura de salud mental que Chihuahua no tiene pero sus jóvenes ya necesitan

Decidir en la era IA
M.A.R.H Salvador Acevedo Ortega
sacevedo@uach.mx

Uno de cada once jóvenes ya busca alivio en una máquina. ¿Dónde estaban las instituciones mientras eso ocurría?: Inteligencia artificial, soledad juvenil y la infraestructura de salud mental que Chihuahua no tiene pero sus jóvenes ya necesitan

M.A.R.H Salvador Acevedo Ortega

Docente universitario en la Universidad Autónoma de Chihuahua, Facultad de Economía Internacional e Ingeniería.

Permítame compartirle una cifra que, por su aparente modestia numérica, corre el riesgo de pasar inadvertida entre las noticias del día. Durante el debate nacional sobre redes sociales y tecnologías digitales celebrado en México en julio de 2026, la especialista en Psicología Educativa Ximena Chao Rebolledo pronunció un dato que debería haber interrumpido cualquier conversación menos urgente: uno de cada once jóvenes en México utiliza herramientas de inteligencia artificial como apoyo emocional o para buscar compañía. No como juego. No como curiosidad tecnológica. Como refugio.

Ahora bien, un observador con cierta experiencia en detectar lo que las instituciones prefieren no mirar de frente notará que la cifra, siendo preocupante por sí sola, esconde algo todavía más incómodo que el fenómeno que describe: la velocidad con que una máquina comercial, diseñada para retener usuarios y generar datos, ocupó un espacio que las escuelas, las universidades, los sistemas de salud mental y los gobiernos de este país dejaron vacante. El chatbot no llegó a competir con un servicio que funcionaba. Llegó a llenar una silla que nadie había colocado. Y esa distinción, que parece sutil, lo cambia absolutamente todo.

 

El vacío que la máquina encontró abierto de par en par

Para comprender por qué un adolescente chihuahuense elige hablar con una inteligencia artificial a la una de la madrugada, conviene examinar primero la alternativa que se supone que debería existir y que, con una puntualidad irritante, resulta que no existe en la forma ni en la escala que la situación requiere. México tiene aproximadamente un psiquiatra por cada 85,000 habitantes, según datos de la OMS, una proporción que convierte la atención especializada en un privilegio geográfico antes que en un derecho operativo. Los servicios públicos de salud mental enfrentan tiempos de espera que pueden extenderse semanas o meses, y su distribución territorial deja sin cobertura efectiva a vastas zonas rurales y periféricas del estado.

En Chihuahua, esta serie ya documentó que el estado registró en 2024 la tasa de suicidios más alta de todo México —16.4 por cada 100,000 habitantes, casi el triple de la media nacional—. La Ley de Prevención, Atención y Posvención del Suicidio fue aprobada en noviembre de 2024, y al primer trimestre de 2025 el reglamento aún no había sido expedido. La norma existía en papel. El protocolo de atención, todavía no. Y mientras las instituciones recorrían su calendario legislativo con la parsimonia de quien tiene todo el tiempo del mundo, los jóvenes de Chihuahua —que no lo tienen— ya habían encontrado otra puerta. Una que, hay que reconocerlo, tiene el detalle exquisito de estar abierta las veinticuatro horas, los siete días de la semana, sin lista de espera.

El chatbot no le quitó el paciente al psicólogo. El paciente nunca tuvo acceso al psicólogo. Esa es la conversación que debemos tener antes de culpar a la tecnología de lo que nosotros no hicimos.

 

Lo que la máquina puede hacer y lo que finge hacer con notable elegancia

Conviene ser justos, porque la honestidad intelectual es la única moneda que esta serie acepta: la inteligencia artificial puede cumplir funciones genuinamente útiles en el espacio de la salud mental. Puede ayudar a ordenar pensamientos desordenados por la angustia, preparar preguntas para una consulta que todavía no se ha programado, explicar conceptos generales sobre lo que una persona está sintiendo o facilitar ese primer intento —a veces el más difícil— de poner en palabras lo que duele. La Asociación Estadounidense de Psicología publicó en 2025 una guía que reconoce ese potencial, aunque insiste —con la prudencia de quien conoce las consecuencias de no insistir— en salvaguardas, transparencia y especial cautela con menores y personas vulnerables.

Lo que la máquina no puede hacer, y lo que ningún aviso de privacidad explica con la claridad que un joven de quince años necesitaría para tomar una decisión informada, es comprender. Analiza patrones lingüísticos y genera la secuencia de palabras más probable para mantener la conversación activa. Reproduce el vocabulario de la empatía sin experimentar ninguna de sus obligaciones. No observa el deterioro acumulado durante semanas ni detecta que los silencios son más largos que antes. No tiene responsabilidad clínica, deber ético ni capacidad de intervenir cuando la situación deja de ser una conversación y se convierte en una emergencia. Investigadores de Stanford advirtieron en junio de 2025 que ciertas herramientas de IA utilizadas en salud mental pueden reforzar estigmas u ofrecer respuestas inadecuadas en conversaciones delicadas. Una respuesta cálida, conviene decirlo sin rodeos, no es necesariamente una respuesta correcta. Y a la una de la mañana, la diferencia entre ambas puede costar más de lo que cualquier proveedor de tecnología está dispuesto a asumir.

 

La empatía que siempre valida puede ser, paradójicamente, la más peligrosa

Existe algo que las relaciones humanas hacen y que la inteligencia artificial, por diseño y por incentivo comercial, evita hacer: contradecir. Un amigo puede advertirnos que estamos interpretando mal una situación. Un familiar puede detectar un cambio de conducta que nosotros mismos no percibimos porque estamos demasiado cerca de él. Un profesional puede formular preguntas incómodas porque su deber no es retener nuestra atención —como lo es el del chatbot, cuya métrica de éxito es el tiempo de permanencia— sino proteger nuestro bienestar. Una voz que siempre valida puede sentirse extraordinariamente segura. Pero puede sentirse segura precisamente en el momento en que más necesitamos que alguien, con el riesgo de incomodarnos, cuestione nuestras conclusiones.

El artículo treinta y tres de esta serie documentó con datos de Common Sense Media que el 33 por ciento de los adolescentes usuarios de chatbots había preferido hablar con la máquina sobre un asunto serio en lugar de hacerlo con una persona, y que el 24 por ciento había compartido información privada —nombre, ubicación, secretos personales—. Con el dato mexicano del debate de julio de 2026, sabemos que el fenómeno no es exclusivamente anglosajón. Es continental, ya tiene dimensión mexicana, y Chihuahua —con la tasa de suicidios más alta del país— sencillamente no puede darse el lujo de tratarlo como una curiosidad tecnológica que alguien más resolverá.

Un joven que habla con una máquina a la una de la mañana no está cometiendo un error. Está usando la única puerta que encontró abierta. El error pertenece a quienes dejaron cerradas todas las demás.

 

El precio oculto de confesarse a una plataforma comercial

Cuando un adolescente habla con un chatbot sobre ansiedad, conflictos familiares, orientación sexual, violencia o consumo de sustancias, no está escribiendo en un diario guardado bajo llave. Está entregando información a una plataforma regida por términos de servicio que prácticamente ningún menor comprende en sus implicaciones futuras. Stanford publicó en octubre de 2025 un estudio que expone con precisión los riesgos de privacidad: la información médica, biométrica o emocional compartida en estas conversaciones puede circular dentro del ecosistema tecnológico de maneras que el usuario nunca autorizó explícitamente. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos inició en septiembre de 2025 investigaciones sobre siete compañías que operan chatbots de consumo, solicitando información sobre cómo monetizan la interacción y cómo protegen a menores. Esta serie documentó en su artículo diecinueve que los datos de comportamiento son la materia prima de la economía digital. En el contexto de la salud mental juvenil, esa economía adquiere una dimensión que debería incomodar a cualquier adulto con un mínimo de atención: el dolor de un joven puede convertirse, con la misma eficiencia con que se convierte cualquier otro dato, en minutos de interacción, perfiles de segmentación y dependencia comercial. Que nadie haya diseñado eso con malicia explícita no lo hace menos real. Solo lo hace más difícil de señalar.

 

Lo que las instituciones de Chihuahua deberían estar haciendo mientras usted lee esto

La respuesta no puede ser la prohibición ciega —un joven no dejará de buscar compañía digital porque un adulto declare peligrosa la tecnología, del mismo modo en que un adolescente de cualquier generación anterior nunca dejó de buscar lo que necesitaba por el simple hecho de que un adulto dijera que no debía hacerlo—. Tampoco puede ser la resignación generacional de que «es su época». Requiere construir, con la urgencia que los números demandan, la infraestructura que el chatbot encontró ausente. Ampliar la cobertura real de servicios de salud mental en el estado, no solo en la capital sino en los municipios donde la tasa de suicidio es más alta y el acceso a atención especializada es prácticamente inexistente. Expedir el reglamento de la Ley de Prevención del Suicidio con protocolos operativos concretos, no con intenciones declarativas que nadie puede ejecutar. Y crear en las universidades y preparatorias una evaluación honesta de cómo sus estudiantes están usando la IA como interlocutora emocional: no para vigilarlos —eso los empujaría más rápido hacia la máquina— sino para entender qué necesidades no están siendo atendidas por los servicios que la institución ya ofrece.

Las universidades de Chihuahua tienen además una oportunidad que ninguna otra institución puede cumplir en su lugar: generar datos locales. No importar cifras de Estados Unidos o Europa y asumir que aplican, sino medir aquí, con estudiantes chihuahuenses, cuántos recurren a chatbots como apoyo emocional, en qué circunstancias, con qué frecuencia y qué relación tiene ese uso con la disponibilidad real de servicios en su entorno. Ese dato no existe todavía. Y mientras no exista, las decisiones institucionales se tomarán a ciegas sobre un problema que ya tiene dimensión medible en el país.

 

Mildred llamaba familia a las pantallas. Nuestros jóvenes les están llamando amigos

Ray Bradbury entendió esta paradoja mucho antes de que existieran los chatbots, porque las paradojas humanas tienen la cortesía de repetirse con vestuario distinto en cada época. En Fahrenheit 451, Mildred llama familia a los personajes de las enormes pantallas que ocupan las paredes de su casa. Aquellas voces la entretienen, llenan sus silencios y producen una cercanía artificial exquisitamente calibrada. Hablan sin conocerla. La acompañan sin poder rescatarla de su vacío. Las pantallas de Bradbury hablaban a las personas. Las nuestras hablan con ellas, recuerdan sus preferencias, adaptan el tono y producen la impresión convincente de una relación personal. Aprender a vivir con otros implica tolerar diferencias, reparar malentendidos, aceptar que las personas no existen únicamente para tranquilizarnos y descubrir que la incomodidad de que el otro sea genuinamente otro es, precisamente, lo que nos forma. Eso no puede enseñarlo ninguna máquina, porque requiere exactamente lo que la máquina nunca tendrá: la posibilidad de equivocarse, de hacernos daño sin querer y de pedir perdón después.

Regresemos, como todo buen investigador regresa, a la escena del principio. La una con treinta y seis de la madrugada. La habitación apenas iluminada. El estudiante que observa una respuesta amable en su teléfono y, por unos minutos, se siente menos solo. Esa sensación no debe despreciarse: puede ser el comienzo de algo valioso si lo ayuda a buscar a una persona, expresar lo que siente y reconocer que necesita acompañamiento real. Puede ser peligrosa si la pantalla se convierte en su único refugio y la institución que debería estar ahí sigue redactando el reglamento que prometió hace dos años. La diferencia entre ambos desenlaces no depende de la tecnología. Depende de si existe, cuando ese joven levante la vista del teléfono, alguien dispuesto a quedarse.

La máquina siempre está disponible. Lo que Chihuahua debe decidir es si sus instituciones estarán disponibles también, o si seguirán llegando después del chatbot, después de la crisis y después de que un joven haya aprendido que la única voz que lo escucha a las dos de la mañana no puede quererlo de verdad.

REFERENCIAS

American Psychological Association. (2025). Health advisory on the use of generative AI chatbots and wellness applications for mental health. APA. https://www.apa.org/topics/artificial-intelligence-machine-learning/health-advisory-chatbots-wellness-apps

Bradbury, R. (1953). Fahrenheit 451. Ballantine Books.

Common Sense Media. (2025). Talk, trust, and trade-offs: How and why teens use AI companions. https://www.commonsensemedia.org/research/talk-trust-and-trade-offs-how-and-why-teens-use-ai-companions

Federal Trade Commission. (2025, 11 de septiembre). FTC launches inquiry into AI chatbots acting as companions. https://www.ftc.gov/news-events/news/press-releases/2025/09/ftc-launches-inquiry-ai-chatbots-acting-companions

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2025). Estadísticas a propósito del Día Mundial para la Prevención del Suicidio. INEGI. https://www.inegi.org.mx

Stanford University. (2025, junio). New study warns of risks in AI mental health tools. Stanford News. https://news.stanford.edu/stories/2025/06/ai-mental-health-care-tools-dangers-risks

Stanford University. (2025, octubre). Study exposes privacy risks of AI chatbot conversations. Stanford News. https://news.stanford.edu/stories/2025/10/ai-chatbot-privacy-concerns-risks-research

Tiempo. (2026, 20 de julio). Detecta UNAM: 1 de cada 11 jóvenes usa IA como apoyo emocional. https://www.tiempo.com.mx/local/uno-de-cada-11-jovenes-ya-usa-la-ia-como-apoyo-emocional/

 

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Monreal reconoce el problema de las finanzas públicas de la 4T

Hasta los morenistas admiten que existe un problema económico grave, que no solamente ha afectado al empresariado, sino también al Gobierno Federal y es que el diputado guinda, Ricardo Monreal confirmó que sí existe un problema de ingresos en la federación…


Fue el día de ayer cuando Monreal dijo estas palabras ante medios, únicamente 4 días antes de la entrega del paquete económico del 2027, y es que según datos oficiales, los ingresos han bajado 170 mil millones de lo programado por Hacienda, pero los programas sociales siguen en pie, protegidos inclusive por la Constitución, lo que alerta por posibles aumentos a los impuestos, que según el gobierno actual, no ocurrirán.


Lo cierto es que el gobierno federal se está quedando sin recursos al mantener programas como Jóvenes Construyendo el Futuro o las Pensiones del Bienestar o el más reciente, la beca Rita Cetina, y con la ocurrencia de la reforma constitucional que obliga al gobierno a mantener estos programas vigentes, se han dañado otras áreas de la federación, como la salud y el mantenimiento carretero.


Ahora tendrá que ingeniárselas la federación para mantener estos programas universales y además no descuidar áreas tan importantes como la salud y la seguridad…


Le quiere dar Monreal su dotación de tamales a Trump

Después de que el el Presidente Trump aseguró que México no tiene que ofrecerle a los Estados Unidos, más que tamales y tomates, el coordinador de los diputados de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, respondió al mandatario estadounidense con una imagen de productos mexicanos, asegurando que le llevarán su dotación de tamales.

“…nos llevamos muy bien con la Presidenta (de México). Nos cae bien la Presidenta (Claudia Sheinbaum). La respetamos mucho”. Es grato coincidir (en esta ocasión) con el presidente Donald Trump. Le haremos llegar su dotación de tamales (no tan picantes), un buen puré de tomate sinaloense y un rico guacamole con aguacate Hass de Michoacán., mencionó en su tweet. 

Esto se da después de las negociaciones fallidas de EU con el gobierno de Canadá y las pláticas que han sostenido el país estadounidense y México para seguir con el comercio entre las dos naciones…

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