¿Cuánto vale la democracia?

Ideas Online / Isela Martínez
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Por: Regidora Isela Martínez Díaz

Coordinadora de la Fracción Edilicia del PAN en el H. Ayuntamiento de Chihuahua

Presidenta de la Comisión de Participación Ciudadana y Sociedad Civil Organizada

 

La democracia parece cara hasta que empezamos a calcular cuánto cuesta perderla.

Cuesta organizar elecciones, mantener instituciones autónomas, sostener tribunales independientes. Cuesta también escuchar voces incómodas, aceptar la crítica y convivir con quienes piensan distinto.

Sí, la democracia cuesta. Pero vale mucho más de lo que cuesta.

Porque todas esas instituciones que durante años construimos tienen una razón de ser: evitar que quien gana una elección crea que también ganó el derecho de controlar las reglas, al árbitro, a los tribunales y hasta lo que podemos decir o pensar.

Ganar una elección da el derecho a gobernar. No da el derecho a gobernar sin límites.

Y eso es algo que hoy, en México, no podemos perder de vista.

Me preocupa el debilitamiento de los contrapesos. Me preocupa lo que está sucediendo con instituciones que nos tomó décadas construir. Me preocupa un Poder Judicial cuya independencia hoy genera cuestionamientos y me preocupa cualquier reforma que pueda restarle autonomía o fortaleza al INE.

No porque las instituciones sean perfectas. Nunca lo han sido. Sino porque cuando el poder deja de tener contrapesos, el ciudadano queda más indefenso frente al poder.

También me preocupa lo que estamos viendo mucho antes de que comiencen formalmente las campañas.

Ahí están los llamados “Defensores de la Patria”. Podrán ponerles el nombre que quieran, pero resulta difícil ignorar que realizan actividades de promoción y presencia territorial cuando todavía no son tiempos electorales.

 

La pregunta es muy sencilla: ¿las reglas son iguales para todos o no?

Porque la democracia no consiste solamente en poner una urna cada tres años. Para que nuestro voto sea verdaderamente libre necesitamos elecciones equitativas, instituciones independientes y algo igualmente importante: información.

Y éste es otro tema que no podemos ignorar.

Vivimos momentos en los que existe una enorme discusión sobre la libertad de expresión, los medios de comunicación y la información que recibimos. Ante cualquier tentación de controlar, condicionar o manipular esa información, creo que tenemos una responsabilidad como ciudadanos.

No conformarnos con lo que nos dicen.

Una ciudadanía despierta busca información, la contrasta, escucha diferentes voces, cuestiona y después forma su propia opinión.

Eso también es democracia.

Y aquí quiero detenerme en algo que para quienes somos de Chihuahua tiene un significado especial.

Chihuahua ha sido protagonista de grandes luchas democráticas. Aquí hubo ciudadanos que salieron a defender su voto cuando hacerlo requería mucho más valor que escribir una opinión en una red social. Aquí la resistencia civil dejó una huella profunda y ayudó a abrir caminos democráticos para todo México.

Esa historia nos recuerda algo: las instituciones importan muchísimo, pero detrás de ellas siempre han estado los ciudadanos.

Por eso, aun frente al debilitamiento de los contrapesos institucionales, hay un poder que ningún gobierno puede eliminar por decreto: el poder ciudadano.

Ese poder está en nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos, de cuestionar, de participar y de decidir libremente.

 

Ningún programa social debe comprar una conciencia. Ningún partido es dueño de nuestro voto. Ninguna conferencia de prensa debe decidir lo que tenemos que creer. Y ningún gobierno, sea del partido que sea, debería sentirse incómodo frente a ciudadanos que preguntan y exigen cuentas.

Entonces, ¿cuánto vale hoy nuestra democracia?

Para mí, vale nuestra libertad.

Vale poder disentir. Vale poder expresarnos. Vale nuestro voto y nuestro derecho a exigir cuentas a quienes gobiernan.

Y frente a la fuerza que puede alcanzar quien concentra el poder, quizá nuestra mejor manera de volver a construir un contrapeso sea despertar la conciencia ciudadana.

Recordar que antes que seguidores de un partido somos ciudadanos. Que tenemos derechos, pero también responsabilidades. Y que una democracia no puede defenderse únicamente desde las instituciones; necesita ciudadanos dispuestos a defenderla.

Los gobiernos pasan. Los partidos pasan. El poder cambia de manos.

La ciudadanía permanece.

Y Chihuahua ya demostró alguna vez lo que puede suceder cuando los ciudadanos despiertan, participan y deciden no guardar silencio.

Quizá sea momento de recordarlo

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Para esto, se desempolvó el portal recetacompleta.gob.mx, una herramienta presumida con bombo y platillo por el Gobierno Federal desde el 26 de noviembre de 2024. 

Si hace dos años esta página no ha servido para resolver la crisis de medicamentos, quién pensará que ahora hará milagros.

Y bueno, para meter un reclamo de falta de medicinas se le pide a los derechohabientes introducir su CURP, número telefónico, folio exacto de la receta, nombre técnico del fármaco, presentación y cantidad. 

El usuario debe hacerle la chamba al IMSS.

Esto demuestra que la institución no sabe qué medicinas le faltan en los anaqueles, cuánto inventario le queda en bodega, ni menos qué padecimientos tienen  sus afiliados.

La plataforma de hace dos años parece más un canalizador de “coraje”, algo así como los “Apapachos del Bienestar” 

Esto no advierte que pueda detener las pancartas, los gritos y las calles bloqueadas.


Jóvenes Construyendo el Futuro colapsa 

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Lo que nació como un proyecto de capacitación laboral se convirtió en una simulación para sumar personal sin pagar IMSS ni salarios y ahora las empresas dejaron de recibir solicitudes.

Pero esto no responde a un control contra el fraude, sino al agotamiento del presupuesto.

La entrega de dinero funcionó como un motor electoral, pero sostener una red clientelar de este tamaño ya no pueden soportar´.

Esto abre la puerta a la tentación de recurrir al endeudamiento irresponsable contra la  estabilidad económica de todo el país.

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