
Hay mujeres católicas que, cansadas del feminismo, han buscado refugio en la llamada "cultura tradwife"; el anhelo de formar un hogar, educar hijos, cocinar, cuidar de la familia y vivir una feminidad serena solo viene de la fe católica pero enfocada en la santidad. Lo preocupante de esta contracultura es que comienza cuando una estética difundida por las redes sociales es recibida sin discernimiento como si fuese equivalente a la Tradición católica imitando a medias a la verdadera Familia Tradicional.
No es doctrina cristiana la ideología tradwife, el matrimonio católico no nace de TikTok, Instagram ni de una nostalgia idealizada por "influencers" como RoRo Bueno entre otras; nace de Dios y ha sido elevado por Él a sacramento. La familia no tiene como centro el marido, la esposa, el dinero, la estética doméstica ni una determinada distribución de tareas, sino a Cristo mismo.
He aquí el yerro de algunas católicas: abandonar ciertos postulados del feminismo para abrazar, sin examen, otra ideología; cambian una etiqueta por otra, pero no necesariamente alcanzan la verdad. El catolicismo no manda a la mujer convertirse en personaje de una fotografía vintage, ni define su dignidad por cocinar, usar vestidos largos o depender económicamente de un varón.
También debe recuperarse el verdadero sentido del pudor; la Iglesia enseña que la modestia protege la intimidad de la persona e inspira la elección de la vestimenta, ha exhortado a las mujeres a preferir el recato, la sencillez y la virtud interior antes que los adornos destinados a provocar admiración. El Magisterio ha insistido igualmente en que la moda no puede convertirse en pretexto para abandonar el pudor.
Por eso, un vestido largo no se vuelve automáticamente católico por llevar flores, mangas abullonadas o apariencia campesina; si conserva escotes deliberadamente provocativos o convierte el cuerpo en instrumento de exhibición, la longitud de la falda no santifica aquello que contradice el espíritu del pudor.
La verdadera modestia nace del corazón y comprende vestido, conducta, lenguaje, intenciones y trato hacia los demás, a diferencia de la ideología "tradwife" que busca todo lo contrario a la verdadera modestia.
La solución no consiste, pues, en sustituir el feminismo por la tradwife, consiste en volver a Cristo. Que la mujer católica contemple a la Santísima Virgen María: mujer femenina, fuerte, humilde, fecunda en la gracia y enteramente entregada a Dios.
No hace falta una etiqueta extranjera para descubrir la vocación cristiana de la mujer; hace falta doctrina, oración, prudencia y discernimiento. No todo lo que se llama tradicional pertenece a la Tradición; y no todo lo que parece femenino conduce necesariamente a la virtud.