
Por, Luis Villegas Montes
Hay una modalidad singular de periodismo político; no la inventó el régimen que se enseñorea en México; en sus tiempos, el PRI hizo lo propio y toda una generación quedó resumida en la célebre expresión del presidente —con “e”— José López Portillo, en alusión a los medios de su época: “no te pago para que me pegues”; el estilito sobrevivió y MORENA —¿qué duda cabe?— lo desempolvó, le dio su remozadita y lo actualizó hasta convertirlo en una constante: medios desvergonzadamente sumisos, asquerosamente serviles, profundamente estúpidos —¿o qué otra cosa puede decirse del inefable Lord Molécula?—; tipejos de esa calaña, que afirman sin afirmar, acusan sin acusar y ensucian sin hacerse cargo de la propia mugre, abundan.
Lo malo es que pareciera que el virus se extiende; en Chihuahua, tristemente, empiezan también a abundar lenguas cantarinas que, a cambio de un plato de lentejas más o menos a rebosar, son capaces de proferir cualquier sarta de imbecilidades e infundios; pensemos en uno que, temporalmente y mientras encuentro apelativo más preciso, llamaremos Lord Moléculo. El procedimiento parece de manual: se toma un rumor, se le acompaña con dos o tres adjetivos, se añaden unos signos de interrogación y listo, el chisme queda vestido de noticia; ¿Fulano roba?, ¿Mengano traiciona?, ¿Zutano recibe dinero oscuro?; no necesitas afirmar nada, faltaba más, basta una cabalgata de preguntas insidiosas y, si después alguien reclama pruebas, queda expedita la salida de emergencia: “yo no afirmé que fuera cierto, solamente pregunté”; es la cobardía misma, montada en un signo de interrogación.
A ese método recurrió ayer quien escribió la porquería que puede leerse en el siguiente sitio: https://lavisiondechihuahua.com/124063-2/; el texto merece atención no porque critique a César Jáuregui —criticar a quien pretende un cargo público es legítimo, saludable y necesario; quien no soporte la crítica que se dedique a otra cosa—, sino porque ofrece una pequeña antología de esa peculiar alquimia mediante la cual el rumor pretende convertirse en información sin pasar por la incómoda aduana de la prueba. Dice la pretendida columna, entre otras sandeces, que Jáuregui “quemó la última oportunidad de mostrar un mínimo de lealtad y agradecimiento con el PAN y con la gobernadora que tanto le dieron”; que en una reunión con Maru Campos “reventó la liga”; que su aspiración a la Presidencia Municipal es una “loca idea” y un “despropósito”; que su mente se encuentra en “estado de confusión” y que “el CEN ya le dijo que no puede y no será candidato, por los antecedentes penales que arrastra”.
Todo eso puede ser cierto, falso, parcialmente cierto, parcialmente falso, producto de un arrebato de súbita inspiración, de una lengua particularmente indiscreta o del consumo de psicotrópicos; no lo sé, pero el autor tampoco nos permite saberlo porque no ofrece un solo elemento para comprobarlo: ningún documento, ningún mensaje, ninguna fuente identificable, ningún testimonio atribuible, ninguna resolución, ninguna fecha precisa, nada de nada; sólo la certeza pontificia de quien cree que basta escribir una cosa para volverla verdad. Y aquí aparece una cuestión elemental que cualquier estudiante de primer semestre debería conocer: quien afirma, prueba; el que sostiene la existencia de un hecho es quien carga con la obligación de acreditarlo y no quien lo niega; pretender lo contrario conduciría al absurdo de que mañana yo preguntara si Lord Moléculo recibe dinero del crimen organizado y luego le exigiera demostrar que no lo recibe; los hechos negativos, por regla general, no se prueban y la carga corresponde a quien afirma el positivo.
Empero, dejémonos de conejitos en la luna, pedos metafísicos y demás recursos escatológicos utilizados en el texto y vayamos a lo único que importa: ¿dónde están las pruebas de lo que afirma? Pongo tres ejemplos contundentes de ese enfermizo cinismo y de ese impudor.
En ese sentido, Lord Moléculo debería dejar en blanco y negro cuáles son esos antecedentes penales que supuestamente Jáuregui “arrastra” y publicarlos; tendría que señalar el número de causa, el tribunal, el delito, la sentencia y el estado procesal; además, tendría que razonar (ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja; ¡como si pudiera el pobre!) cómo esos antecedentes le impiden ser candidato, es decir, precisar cuál es la norma constitucional, legal o estatutaria que produce semejante consecuencia en ese caso concreto. Así funciona una afirmación seria; todo lo demás es humo. Sin embargo, ahondemos más en esa pseudoafirmación: ¿por qué es falsa? Porque:
Continuará…
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