
Como ya se ha vuelto costumbre durante el segundo mandato de Donald Trump, el Departamento de Estado norteamericano, liderado por el secretario Marco Rubio y su subsecretario Christopher Landau, en los esfuerzos de su administración por combatir el narcotráfico, ha cancelado las visas de importantes políticos mexicanos por presuntos nexos con el crimen organizado.
Tal es el caso de diputados, senadores y gobernadores de la Cuarta Transformación como Marina del Pilar, de Baja California; Alfonso Durazo, de Sonora; y Américo Villarreal, de Tamaulipas, quienes presuntamente son testigos protegidos y colaboradores de las autoridades estadounidenses.
Más grave es la situación del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y del senador por ese estado, Enrique Inzunza, quienes tienen abierta una investigación por narcotráfico y tráfico de armas, entre otros delitos cometidos en contra de ciudadanos norteamericanos, y de quienes, hasta la fecha, se desconoce su paradero.
Sin embargo, en los últimos días la polémica ha ido más allá para el movimiento de la Cuarta Transformación: el gobierno de Donald Trump ha osado quitarle la visa al flamante precandidato a diputado federal por Tabasco, Andrés Manuel López Beltrán, quien resulta ser nada más y nada menos que el hijo del líder mesiánico del movimiento.
Una persona tan «infalible» y «honesta» como su padre, pero que en su haber tiene acusaciones de formar parte de una red de corrupción llamada «El Clan», señalada de hacer negocios ilegales a costa de las obras faraónicas del gobierno federal y de traficar combustible desde Estados Unidos sin pagar impuestos (el famoso huachicol fiscal), afectando el patrimonio de la nación.
Después de que se le quitara la visa al junior, las estructuras del movimiento han decidido alzar la voz alegando que es una acción injerencista por parte del gobierno norteamericano, que viola la soberanía nacional, que es una afrenta para ir en contra del expresidente y jefe máximo del partido y que, si deciden emprender acciones contra el hijo y su padre, el pueblo de México saldrá en su defensa.
En este lamentable caso han llegado al punto de convocar a la quema masiva de visas en defensa del inocente heredero de la superioridad moral.
Aquí lo relevante es que la cancelación de un documento privado de un ciudadano que se supone es igual a todos los demás la hemos convertido en un asunto de soberanía nacional en el que todos los mexicanos tengamos que salir a dar la cara y la dignidad por un personaje que tanto daño le ha hecho al país.
Esperemos que así convoquen y salgan a defender a los migrantes mexicanos a quienes les están quitando su residencia, o a los hijos a quienes despojan de su derecho a la ciudadanía por nacimiento, o que, inclusive, mejoren la política migratoria en territorio nacional. Pero sabemos que son lo suficientemente cobardes como para molestar a nuestro principal socio comercial y benefactor económico, a pesar de su discurso soberanista.
Pero, en fin, pobre México: tan lejos de Dios, tan cerca de Estados Unidos y tan embelesado con la Cuarta Transformación.