
M.A.R.H Salvador Acevedo Ortega
Docente universitario en la Universidad Autónoma de Chihuahua, Facultad de Economía Internacional e Ingeniería.
Son las 9:47 de la noche en Chihuahua. Un estudiante abre el libro que debe comentar al día siguiente. Lee cuatro páginas. El teléfono vibra. Mira un mensaje, después un video y luego otro. Cuando vuelve, ya no recuerda quién hablaba ni por qué aquella escena importaba. Entonces hace lo que nuestra época ha convertido en una salida perfectamente razonable: fotografía el índice y pide a una inteligencia artificial que le entregue los puntos principales. En menos de un minuto tiene un resumen impecable. También ha perdido el encuentro con la obra.
Permítame señalar algo que esa escena contiene y que los artículos anteriores de esta serie sobre lectura y atención no han dicho todavía: lo que ese estudiante acaba de hacer no es únicamente una consecuencia de la tecnología. Es la versión más eficiente que la historia ha producido de un modelo educativo que Paulo Freire identificó y criticó en 1970 con una precisión que el tiempo no ha deteriorado. La educación bancaria, la llamó: la práctica de depositar conocimiento terminado en un estudiante que lo recibe, lo almacena y lo reproduce sin haber construido nada propio. El maestro deposita. El estudiante acumula. El examen certifica que la cuenta tiene saldo. El pensamiento, en ese esquema, nunca fue el objetivo. La inteligencia artificial no inventó la educación bancaria. Le construyó el cajero automático más veloz de la historia.
Freire en 2026: el mismo diagnóstico, la misma estructura
Paulo Freire publicó Pedagogía del oprimido en 1970. Su descripción de la educación bancaria era una crítica a la estructura de poder que convierte el conocimiento en depósito, al educador en depositante y al educando en receptáculo. En ese modelo, la creatividad, la transformación y el pensamiento crítico quedan subordinados a la habilidad de reproducir lo que fue depositado. El conocimiento no es una construcción compartida: es una transferencia. Y el estudiante exitoso no es el que piensa mejor, sino el que retiene con mayor fidelidad.
El diagnóstico de Freire era sobre la relación entre personas. La inteligencia artificial introduce un nuevo depositante que opera las veinticuatro horas, nunca se impacienta, jamás cuestiona la calidad de la pregunta y produce siempre una respuesta suficientemente bien redactada para pasar cualquier evaluación superficial. El problema no es que el resumen automático sea falso. El problema es que es exactamente lo que la educación bancaria siempre necesitó: un sistema capaz de transferir conclusiones sin que el estudiante recorra el territorio que las generó. Freire argumentaba que el educando alienado de su propio proceso de conocimiento termina también alienado de su capacidad de transformar el mundo. La generación que aprende con cajeros automáticos cognitivos no está aprendiendo menos. Está aprendiendo a no necesitar el recorrido. Y el recorrido era donde ocurría la transformación.
La educación que libera no deposita conocimiento: provoca la construcción del conocimiento. La IA que educa genuinamente debería hacer lo mismo. La que sustituye el esfuerzo hace exactamente lo contrario.
El mercado tiene intereses en lectores que no terminen sus ideas
Este artículo propone una afirmación que las anteriores entregas de esta serie sobre lectura y atención no formularon: el lector incompleto no es solo una consecuencia de la distracción digital. Es, también, un usuario más rentable. Un estudiante que termina un libro y lo comprende puede cuestionar el contenido de la siguiente campaña que recibe, evaluar críticamente la propuesta financiera que le ofrecen y detectar cuándo un argumento político omite evidencia relevante. Los artículos veinte al veintitrés de esta serie documentaron con precisión los sesgos que explotan exactamente esa incapacidad de completar el razonamiento propio: el present bias, la búsqueda de confirmación, la urgencia fabricada que impide detenerse a pensar.
La economía de la atención no necesita que comprendamos; necesita que continuemos disponibles. Jospeh Firth y su equipo publicaron en World Psychiatry (2019) un análisis sobre cómo el uso intensivo de internet puede favorecer el cambio repetido de atención a costa de la concentración sostenida y modificar los procesos de memoria. El hallazgo no autoriza a declarar que la tecnología destruye la inteligencia. Sí obliga a reconocer que las herramientas entrenan hábitos: una plataforma entrena a reaccionar, un libro extenso entrena a permanecer. La pregunta relevante no es cuál medio es moralmente superior. Es a quién le conviene que practiquemos más uno que el otro. Un lector que termina sus ideas es un ciudadano más difícil de persuadir. Eso tiene costos para quienes prosperan de la persuasión.
El lector incompleto no es solo un estudiante distraído. Es el consumidor ideal, el votante más influenciable y el ciudadano menos costoso de gobernar. Esa confluencia de intereses no es accidental.
La soberanía sobre el propio tiempo como acto político
Cuando un estudiante decide leer cuatro páginas en lugar de solicitar el resumen automático, no está tomando únicamente una decisión educativa. Está ejerciendo algo que la economía de la atención intenta negociar permanentemente: la soberanía sobre su propio tiempo. Durante las horas que dura una lectura sostenida, ese lector no produce datos de segmentación, no genera métricas de permanencia y no responde a notificaciones personalizadas. Está, en el sentido más literal, fuera del mercado por un momento.
Esa resistencia es modesta y no produce una fotografía heroica. Pero es exactamente el tipo de práctica que Freire consideraba necesaria para lo que llamó la concientización: el proceso por el cual una persona deja de recibir el mundo como depósito y comienza a leerlo críticamente. No como destinataria pasiva del conocimiento que alguien más filtró, resumió y organizó, sino como sujeto capaz de construir su propia interpretación y defenderla con argumento. En el contexto de 2026, esa capacidad importa más que en cualquier época anterior, precisamente porque nunca había sido tan fácil y tan tentador renunciar a ella.
El argumento polémico: las universidades están certificando lo que no ocurrió
Aquí está la afirmación más incómoda de este artículo, y la que esta serie tiene la responsabilidad de formular antes de que el problema se vuelva todavía más costoso de corregir. Las universidades y preparatorias de Chihuahua —y no solo de Chihuahua— están emitiendo calificaciones, diplomas y certificados sobre aprendizajes que en una proporción creciente y no medida no ocurrieron. El producto que se evalúa (el ensayo, el reporte, la presentación) puede ser impecable. El proceso que supuestamente lo generó puede haber sido inexistente. Y mientras los instrumentos de evaluación continúen midiendo únicamente el producto, el sistema seguirá emitiendo señales positivas sobre formaciones que la inteligencia artificial completó en lugar de la persona.
Esto no es un problema técnico de deshonestidad académica que se resuelve con detectores de IA. Es un problema estructural de diseño educativo: cuando las evaluaciones pueden satisfacerse sin haber construido nada propio, el sistema incentiva exactamente eso. El estudiante es racional. Si el camino más corto entre la tarea y la calificación es el resumen automático, ese camino se tomará, y ninguna advertencia moral lo impedirá mientras las reglas del juego lo permitan. La reforma necesaria no es tecnológica sino pedagógica: diseñar evaluaciones donde el pensamiento sea visible, donde la defensa oral sea insustituible y donde la calificación dependa del proceso tanto como del producto.
La IA que educa y la IA que reemplaza: la diferencia es quién llega primero
La integración responsable de inteligencia artificial en la educación no exige su expulsión del aula. Exige una secuencia: primero el encuentro propio con el material, luego la asistencia tecnológica. Primero la pregunta construida desde la experiencia de haber leído, luego la respuesta del sistema. Primero la interpretación propia, luego la comparación con la que el modelo propone. En ese orden, la IA puede ser una excelente interlocutora: muestra perspectivas que se pasaron por alto, cuestiona argumentos débiles y amplía el mapa de referencias. En el orden inverso —resumen primero, lectura nunca— opera como la versión más eficiente de la educación bancaria que Freire describió.
UNESCO ha documentado en su informe Global Education Monitoring Report 2023 que la tecnología educativa debe subordinarse a los objetivos de aprendizaje y no imponerse sobre ellos. Las herramientas no son neutras: amplifican las intenciones del sistema que las adopta. Un sistema educativo que adopta la IA para reducir la fricción del aprendizaje puede estar reduciendo también la fricción que genera comprensión. Un sistema que la adopta para profundizar el encuentro del estudiante con el material puede producir exactamente lo contrario: lectores más informados sobre sus propias dudas, más capaces de argumentar y más difíciles de persuadir con las primeras cinco ideas que un algoritmo considere relevantes.
Lo que Chihuahua puede decidir antes de que el hábito sea irreversible
Las escuelas y universidades de Chihuahua pueden adoptar tres cambios concretos sin esperar a que una política nacional lo ordene. El primero es introducir evaluaciones orales periódicas donde el estudiante defienda lo que entregó, con preguntas que no pueden responderse desde un resumen automático. El segundo es hacer visible el proceso: pedir a los estudiantes que entreguen sus notas, sus dudas y sus correcciones junto con el producto final, de manera que el recorrido tenga peso en la calificación. El tercero es que los docentes modelen la permanencia: leer en voz alta un pasaje difícil, mostrar cómo se corrige una interpretación errónea y reconocer públicamente cuándo una lectura cambió una opinión propia.
La formación que Chihuahua necesita para aprovechar su posición industrial no es solo técnica. Las negociaciones complejas, la gestión de conflictos laborales, la evaluación de contratos internacionales, la supervisión de sistemas automáticos y la representación de los intereses de una organización ante interlocutores sofisticados requieren algo que ninguna IA produce: la capacidad de sostener un argumento propio durante el tiempo que dura la resistencia del otro. Esa capacidad se construye leyendo, y se construye terminando lo que se empieza.
Paulo Freire creía que leer la palabra y leer el mundo son inseparables. Quien aprende a recibir las palabras de los demás sin construir las propias también aprende a recibir el mundo sin cuestionarlo. La inteligencia artificial no inventó esa vulnerabilidad. Pero la ha convertido en la opción más conveniente, más rápida y más elegantemente presentada que ha existido jamás. Y mientras las instituciones sigan certificando el depósito en lugar del proceso, el cajero automático cognitivo seguirá dispensando respuestas que nadie construyó para un examen que nadie cuestionó.
El último acto de rebeldía será, quizá, exactamente el más íntimo: leer hasta el final, construir una conclusión propia y defenderla ante alguien que piense diferente. No porque las máquinas no puedan hacerlo por nosotros, sino porque si dejamos que lo hagan, ya no habrá nadie que sepa detectar cuándo la conclusión fue fabricada para que la aceptáramos.
El cajero automático de conocimiento está disponible las veinticuatro horas. La transformación que ocurre cuando uno mismo sostiene una idea difícil durante el tiempo que requiere, en cambio, no tiene versión express. Y es la única que nadie puede hacer en lugar nuestro.
REFERENCIAS
Firth, J., Torous, J., Stubbs, B., Firth, J. A., Steiner, G. Z., Smith, L., Alvarez-Jimenez, M., Gleeson, J., Vancampfort, D., Armitage, C. J., & Sarris, J. (2019). The ‘online brain’: How the internet may be changing our cognition. World Psychiatry, 18(2), 119–129. https://doi.org/10.1002/wps.20617
Freire, P. (2018). Pedagogy of the oppressed: 50th anniversary edition (M. B. Ramos, Trans.). Bloomsbury Academic. (Obra original publicada en 1968)
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2025). Módulo sobre Lectura (MOLEC) 2025: Resultados. https://www.inegi.org.mx/app/saladeprensa/noticia/10342
OECD. (2023). PISA 2022 Results (Volumes I and II): Country note — Mexico. OECD Publishing. https://www.oecd.org/en/publications/pisa-2022-results-volume-i-and-ii-country-notes_ed6fbcc5-en/mexico_519eaf88-en.html
UNESCO. (2023). Global Education Monitoring Report 2023: Technology in education — A tool on whose terms? UNESCO. https://doi.org/10.54676/UZQV8501