
Por, César de la Garza Licón
En diversas ocasiones hemos destacado la importancia de la industria de exportación para Chihuahua. Durante casi seis décadas, nuestro estado ha desarrollado experiencia, infraestructura y talento que hoy lo colocan como uno de los principales centros manufactureros del país.
Hoy podríamos afirmar, sin mayor discusión, que somos un estado exportador.
Pero hay un dato que cambia un poco la perspectiva: gran parte de los insumos utilizados por la industria manufacturera de exportación son importados. Sí, importados.
Entonces surge la pregunta: ¿Chihuahua es realmente un estado exportador o somos una gran plataforma de manufactura para la exportación?
El modelo IMMEX se basa precisamente en una lógica muy clara: importar temporalmente materias primas, componentes y partes para ser transformados o ensamblados en México y posteriormente exportados.
Después de más de cincuenta años de experiencia industrial, sería oportuno preguntarnos cuánto hemos avanzado hacia la siguiente etapa.
Porque una cosa es exportar desde Chihuahua y otra muy diferente es que sea de Chihuahua.
¿Cuántos de los componentes que llegan a nuestras plantas son fabricados por empresas locales? ¿Cuántos productos son diseñados en Chihuahua? ¿Cuántas empresas chihuahuenses cuentan con productos propios que actualmente compiten en los mercados internacionales?
Ahí está el verdadero pendiente. Durante muchos años hemos medido nuestro éxito por el número de empleos generados, los metros cuadrados de renta y los millones de dólares exportados. Pero tal vez deberíamos comenzar a incorporar otro indicador: cuánto valor chihuahuense contienen nuestras exportaciones.
No se trata de sustituir importaciones por decreto ni de cuestionar a las empresas extranjeras. Se trata de aprovechar la gran plataforma industrial que ya tenemos para desarrollar proveedores, tecnología e ingeniería, así como incubar empresas locales capaces de integrarse a esas cadenas de suministro.
Chihuahua ya demostró que sabe manufacturar para el mundo. El siguiente reto es mucho mayor: lograr que cada vez fabriquemos más para el mundo, pero también con productos desarrollados, producidos y vendidos por empresas de Chihuahua.
Tal vez entonces logremos pasar de ser una extraordinaria plataforma manufacturera de exportación a convertirnos en un verdadero estado exportador.
Así sea.