
Por: Oscar A. Viramontes Olivas
violioscar@gmail.com
“La Teología de la Liberación”, es una corriente importante y discutida en el pensamiento cristiano de hoy. Nació en América Latina en los años 60, y surgió por la pobreza y la injusticia en la región; esta teología, vio el mensaje de Jesús desde el punto de vista de quienes sufren, puso un énfasis especial en ayudar a los pobres, y su valor en el mundo cristiano, es que cuestionó una fe que se enfocaba solo en lo espiritual. Dijo que la salvación va unida a la libertad de los pueblos, e integró ideas de las ciencias sociales.
La Teología de la Liberación También, utilizó el análisis marxista y la reflexión bíblica, y creó un movimiento que se extendió fuera de América Latina; inspiró teologías en África, Asia y en comunidades negras de Estados Unidos y, También influyó en ideas feministas y ecológicas. Sus inicios están en el cruce entre el movimiento social del continente y los cambios en la iglesia; estos cambios, vinieron del Concilio Vaticano II (1962-1965), convocado por Juan XXIII, sin embargo, Pablo VI lo continuó, permitiendo que la Iglesia hablara con el mundo del presente; respaldo esto con documentos como el “Gaudium et Spes”, este pedía entender las "señales de los tiempos", además, solicitaba actuar en temas de dignidad humana y justicia, por ello, en América Latina, la “Comisión Económica para América Latina y el Caribe” (CEPAL), había dicho que la dependencia era la causa del poco desarrollo, así, obispos y teólogos aplicaron estas guías de forma innovadora, sin embargo, la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM), fue muy importante, teniendo su desarrollo en Medellín, Colombia, en 1968.
En la CELAM se denunció la irracional “violencia institucionalizada” y el actuar de las estructuras injustas, afirmando que la Iglesia tenía el deber de velar por los que menos tienen: “Iglesia de los pobres”, en este sentido, Gustavo Gutiérrez, sacerdote peruano, exponía en Chimbote, Provincia de Santa Áncash, Perú en 1968, algunas líneas de su “Teología de la liberación”; su libro homónimo, publicado en 1971, sistematizó la corriente, y junto a él, destacaron los escritores y filósofos Leonardo Boff en Brasil, Jon Sobrino y los jesuitas de El Salvador, Juan Luis Segundo en Uruguay, entre otros intelectuales. Paralelamente, florecieron las “Comunidades Eclesiales de Base” (CEBs), pequeños grupos de laicos que leían la Escritura a la luz de su realidad cotidiana, y se organizaban para la transformación social.
El vínculo de la Teología de la Liberación con el Concilio Vaticano II fue directo y profundo; no es algo fuera de la enseñanza de la Iglesia, sino de una recepción contextual del Concilio. Documentos como “Gaudium et Spes” y la encíclica de Pablo VI *Populorum Progressio* de 1967 crearon la base para la acción social, por ello, las reuniones en Medellín y luego en Puebla en 1979, confirmaron que elegir a los pobres es una muestra real de fe. Sin embargo, esto causó algunas tensiones, pero Pablo VI en Evangelii Nuntiandi (1975), vio el nexo entre anunciar el Evangelio y la liberación, aunque los papas siguientes fueron más cuidadosos, por ejemplo, Juan Pablo II, en la apertura de la “Tercera Conferencia General del Episcopado de América Latina” en 1979 en la ciudad de Puebla, México, criticó las interpretaciones que reducían a Cristo a un “revolucionario político”, aunque reconoció la gravedad de la pobreza en América Latina, así mismo, bajo su pontificado, la “Congregación para la Doctrina de la Fe”, dirigida por el cardenal Joseph Ratzinger (futuro Benedicto XVI), emitió dos instrucciones clave: Libertatis Nuntius (1984), que advertía sobre el uso acrítico del marxismo, y el riesgo de reducir la fe a un humanismo terrestre, y Libertatis Conscientia (1986), explicó mejor el concepto de “Teología de la liberación”. Aun así, mantuvo dudas, porque teólogos como Leonardo Boff fueron sancionados; Jon Sobrino, fue objeto de una investigación, continuando Benedicto XVI con una línea dura en contra de la Teología de la liberación; en cambio, el papa Francisco, inspirado por la “Teología del pueblo” en argentina, una versión que se enfoca más en las culturas populares y menos en la lucha de clases— se mostró abierto al diálogo, recibiendo a Gustavo Gutiérrez varias veces, avalando sus libros, además, destacó la importancia de los pobres y las zonas marginadas sin usar términos marxistas. Francisco revivió este impulso teológico, promoviendo una Iglesia que sale al encuentro con los pobres y las periferias, criticando una economía que causa daño y muerte.
A lo largo del tiempo, el impacto de la Teología de la Liberación, han sido profundos y múltiples, por ejemplo, en el ambiente eclesiástico, se avivó la pastoral, impulsando la participación de los laicos para que se diera una espiritualidad con mayor compromiso. Las Comunidades de Base, se convirtieron en espacios de formación de conciencia crítica y organización comunitaria, y en el ámbito social, inspiraría movimientos por la reforma agraria, derechos humanos y democracia, influyendo en la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil y en pastorales específicas como la de la Tierra, y más allá de Latinoamérica, alimentó teologías de la liberación negra, asiática y de género, por ello, provocó una polarización entre sectores conservadores, acusándola de “politizar la fe” y de aliarse con ideologías totalitarias, mientras sus defensores argumentaban que el silencio de la Iglesia ante la injusticia, era una forma de complicidad.
En relación con los conflictos en los que estuvo involucrada, la Teología de la Liberación, se adentró profundamente en las crisis de América Latina durante las dictaduras militares, y las guerras civiles que tuvieron lugar en las décadas de 1970 y 1980, por ejemplo, en El Salvador, monseñor Óscar Romero, quien fuera asesinado en 1980 mientras oficiaba una misa, se erigió como un símbolo del compromiso profético; además, los jesuitas de la Universidad Centroamericana, entre ellos Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino, fueron asesinados en 1989; en Nicaragua, ciertos sacerdotes como Ernesto Cardenal se comprometieron con el gobierno sandinista, lo que, provocó confrontaciones directas con Juan Pablo II. Así mismo, en Brasil, Chile, Argentina y otros países, clérigos y religiosas asociados con esta corriente, enfrentaron la represión de gobiernos autoritarios, convirtiéndose muchos de ellos en mártires. Ejemplos extremos, como el del sacerdote colombiano Camilo Torres, quien se unió a la guerrilla, evidenciaron los peligros de la radicalización.
Aunque la teología no abogaba de manera generalizada por la violencia, su análisis de las estructuras de pecado y su llamada a la praxis liberadora, la colocaron en el eje de las tensiones entre fe y política durante el período de la Guerra Fría. En conclusión, la Teología de la Liberación, ha dejado una huella indeleble en el cristianismo contemporáneo, al recuperar la dimensión social del Evangelio y al insistir en que la fe, se verifica en el compromiso con los más vulnerables; surgida como fruto del Vaticano II aplicado a la realidad latinoamericana, enfrentó condenas y censuras bajo el papado de Juan Pablo II y Benedicto XVI, pero encontró mayor acogida bajo el legado de Francisco. Sin embargo, su intervención en conflictos sociales y políticos de América Latina, demostró tanto su potencia transformadora, como los peligros de la instrumentalización ideológica que por más de medio siglo después, en un mundo marcado por nuevas formas de desigualdad, migraciones forzadas y crisis ecológica, el legado de la “Teología de la Liberación” sigue vigente, recordándonos que el Dios de los pobres exige no solo caridad, sino justicia estructural, y que la Iglesia, no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de las mayorías, así, en un texto continuo como este, se aprecia que su importancia no reside en haber resuelto todas las tensiones entre fe y política, sino en haber obligado al cristianismo a confrontarlas con honestidad y esperanza.
“No basta con hablar de Dios: la Teología de la Liberación exigió escuchar el grito de los pobres.”
Cualquier comentario estoy a sus órdenes, correo: violioscar@gmail.comOscar A. Viramontes Olivas, licenciado y master en teología en Ciencia Bíblica; estudiante de doctorado en Teología en Ciencia Bíblica en Universidad Internacional Ágape en California.