
M. Arq. Mario C. Contreras Figueroa, Bitácora Urbana
La semana pasada hablábamos de los edificios públicos y de su capacidad para construir identidad urbana. Cerrábamos con una referencia a otro patrimonio que modificó de manera profunda la forma, la economía y la memoria de Chihuahua: el ferrocarril. Hablar de él no significa mirar con nostalgia una locomotora detenida, sino reconocer una infraestructura que acortó distancias, reorganizó actividades, creó oficios y dejó huellas que todavía forman parte de la ciudad.
El primer tren alcanzó Chihuahua la noche del 15 de septiembre de 1882. El viaje desde Ciudad Juárez, que antes podía tomar nueve días, se redujo a nueve horas. La nueva conexión abarató el transporte de mercancías y vinculó al estado con otros mercados; en abril de 1884 la vía ya enlazaba el centro del país con la frontera norte (INAH Chihuahua, 2015). Fue un cambio en la experiencia del territorio.
El ferrocarril también construyó ciudad
Las vías no llegaban solas. A su alrededor aparecían estaciones, patios, talleres, bodegas, viviendas y servicios. También se formaban comunidades laborales con conocimientos especializados: maquinistas, mecánicos, caldereros, garroteros, telegrafistas y trabajadores de vía. El patrimonio ferroviario, por tanto, no se limita a un edificio ni a las máquinas que sobreviven. Incluye el conjunto material y humano que hizo posible su funcionamiento.
La Carta de Nizhny Tagil, referencia internacional para el patrimonio industrial, incluye edificios, maquinaria, talleres, almacenes, infraestructura de transporte, paisajes y testimonios de trabajadores. Recomienda identificar, registrar y proteger los vestigios antes de intervenirlos (TICCIH, 2003). Cuando se conserva una locomotora como adorno, pero se pierde el contexto que explica quién la operaba y cómo se relacionaba con la ciudad, el patrimonio queda reducido a escenografía.
Casa Redonda: conservar mediante un nuevo uso
Casa Redonda es el ejemplo más claro de reutilización ferroviaria en la capital. El edificio semicircular se construyó a finales del siglo XIX para el mantenimiento y resguardo de locomotoras del Ferrocarril Central Mexicano. Funcionó como taller hasta los primeros años de la década de 1990 y, después de su restauración, abrió como Museo Chihuahuense de Arte Contemporáneo en septiembre de 2000 (Secretaría de Cultura, 2026; Gobierno del Estado de Chihuahua, 2023).
Su transformación demuestra que conservar no significa congelar. El inmueble mantiene sus grandes arcos y la lectura de su función industrial, pero hoy alberga exposiciones y actividades culturales. En 2023 comenzó una intervención de sus exteriores para conectarlo con el Centro de Convenciones y Exposiciones, con apoyo de Expo Chihuahua, Ferromex y el INAH (Gobierno del Estado de Chihuahua, 2023). Un nuevo uso prolonga la vida de un edificio cuando respeta su estructura, explica su historia y produce nuevos recuerdos sin borrar los anteriores.
Un patrimonio que sigue en movimiento
Chihuahua tiene una condición particular: el ferrocarril no pertenece únicamente al pasado. Las vías continúan cumpliendo funciones de carga y de pasajeros. El Chepe, por ejemplo, mantiene el servicio entre Chihuahua y Creel como parte de la ruta hacia Los Mochis (Ferromex, s. f.). Esto obliga a distinguir entre inmuebles históricos sin operación, espacios susceptibles de reutilización y corredores activos que deben conservar sus condiciones de seguridad.
No toda vía antigua puede convertirse en parque ni todo patio abrirse al público. Las propuestas responsables comienzan por conocer la propiedad, las concesiones, la operación y los riesgos. Después pueden identificarse bordes, edificios o recorridos culturales compatibles con la infraestructura activa. La convivencia entre memoria y operación puede ser una fortaleza: permite entender que el ferrocarril es una historia técnica, social y territorial que continúa.
Del Autovía a un nuevo tren interurbano
En la memoria de muchos chihuahuenses permanece el Autovía, servicio de automotores que conectó Chihuahua y Ciudad Juárez. Los equipos FIAT de aquella generación eran unidades autopropulsadas, sin locomotora independiente. Casa Redonda conserva un autovía 123 restaurado como testimonio de esa tecnología y cultura de viaje (Gobierno del Estado de Chihuahua, 2022). La pieza permite preguntar qué parte de aquella lógica de movilidad podría traducirse al presente.
La idea tiene un antecedente nacional. El decreto federal de noviembre de 2023 incluyó la ruta Aguascalientes-Chihuahua-Ciudad Juárez entre las primeras siete vías prioritarias para pasajeros, y en enero de 2024 la SICT informó que recibió propuestas para analizarla (Diario Oficial de la Federación, 2023; Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, 2024). Eso abre una posibilidad, pero no equivale a proyecto ejecutivo, obra autorizada o financiamiento garantizado.
La pertinencia territorial merece estudiarse. Chihuahua y Juárez concentran población, empleo, educación, salud e industria que producen viajes constantes. Un tren no sustituiría automáticamente al automóvil o al autobús, pero podría ampliar opciones y servir a localidades intermedias donde la demanda justifique una parada. Su valor estaría en complementar la red existente.
El primer paso sería una prefactibilidad independiente: origen y destino de viajes; frecuencias; capacidad de la vía compartida con carga; tiempos frente a la carretera; estado de puentes, cruces, señalización y apartaderos; accesibilidad de estaciones; material rodante, talleres, inversión, subsidio y gobernanza. También se requieren reglas de despacho y mantenimiento para que pasajeros y carga puedan coexistir. Una primera etapa Chihuahua-Ciudad Juárez, con pocas paradas, permitiría medir ocupación y ajustar el servicio. En las terminales, la conexión con transporte urbano, taxis, bicicleta y recorridos peatonales sería tan importante como el viaje ferroviario.
El contraste internacional demuestra que una estación puede seguir funcionando y, al mismo tiempo, convertirse en patrimonio cotidiano. En São Bento, Oporto, el vestíbulo reúne veinte mil azulejos de Jorge Colaço que narran la historia y la vida portuguesas; en Lisboa, Rossio conserva su carácter monumental y está protegida como inmueble de interés público. Ambos casos muestran que la protección no consiste en aislar el edificio, sino en conservar su arte, mantener el uso ferroviario e integrarlo a la experiencia urbana. Esa es la lección para Chihuahua.
La estación y los murales que no pueden esperar
Aquí aparece una pieza que el análisis no puede omitir: la antigua estación de Ferrocarriles Nacionales de México situada al final de la avenida División del Norte. En la propuesta de reconocer esta avenida como corredor patrimonial, la estación funciona como remate físico y simbólico de una secuencia urbana integrada por espacios públicos, equipamientos, arquitectura moderna, arbolado y perspectivas. No es un objeto aislado: explica hacia dónde conducía la avenida y por qué ese eje forma parte de la memoria de la ciudad.
Pensar en un corredor patrimonial implica proteger relaciones urbanas, no congelar cada predio. La perspectiva de llegada, la escala de las edificaciones, las banquetas, el arbolado, los cruces y la continuidad peatonal permiten leer el trayecto como conjunto. La estación le da dirección y sentido; si su entorno inmediato se fragmenta con barreras, estacionamientos o construcciones indiferentes, el remate pierde fuerza aunque el edificio permanezca en pie. Por eso la propuesta debería incluir lineamientos de imagen urbana, accesibilidad y manejo del espacio público alrededor del inmueble.
El edificio guarda además dos murales de Leandro Carreón dedicados a la minería y la ganadería, actividades decisivas en la formación económica y cultural de Chihuahua (Universidad Autónoma de Chihuahua, 2023). Su valor no es decorativo. Las pinturas unen arte, trabajo y ferrocarril dentro del lugar para el que fueron concebidas; separar los murales de la estación o restaurar el inmueble ignorándolos rompería esa unidad de significado.
La preocupación ciudadana no es reciente. En 2014, el Comité para la Defensa del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero solicitó que el salón se abriera al público y planteó un museo sobre el pasado y el presente de la industria ferroviaria (Página 8, 2014). Más de una década después, la dificultad de acceso continúa limitando el conocimiento social de las obras. Sin visita pública regulada, documentación accesible y vigilancia compartida, una parte importante del patrimonio artístico de Chihuahua permanece prácticamente invisible.
El riesgo exige prudencia y rapidez. Un reporte de 2025 documentó mediante imágenes pérdida de color, fisuras, desprendimientos y señales de humedad (PanchoVillaMX, 2025). Esa observación pública no sustituye un dictamen profesional, pero sí justifica una medida preventiva inmediata: levantamiento fotográfico de alta resolución, mapa de daños, revisión de cubiertas y filtraciones, monitoreo ambiental y estabilización de emergencia por restauradores especializados. Limpiar, resanar o repintar sin estudios podría causar daños irreversibles.
El diagnóstico debe estudiar edificio y pintura como un solo sistema. Una filtración, una variación extrema de humedad o una reparación incompatible puede afectar tanto al muro como a la capa pictórica. La intervención tendría que definir causas del deterioro, materiales originales, reparaciones anteriores y condiciones ambientales antes de decidir cualquier tratamiento. Mientras se prepara el proyecto integral, las acciones mínimas son controlar el agua, impedir contactos accidentales, registrar periódicamente la evolución de las lesiones y establecer un protocolo para emergencias.
La declaratoria que proponemos debería abarcar la estación, los murales y su relación urbana con la avenida División del Norte, no sólo la fachada. La Comisión Municipal de Patrimonio Cultural puede promover el procedimiento previsto en la legislación estatal y municipal, pero la declaratoria debe acompañarse de inventario, delimitación, ficha técnica, régimen de propiedad y posesión, reglas de intervención, programa de conservación y recursos. Como el inmueble se relaciona con una concesión ferroviaria, se requiere un convenio entre Municipio, Estado, empresa operadora y autoridades culturales; proteger en el papel sin acordar acceso, mantenimiento y responsabilidades dejaría intacto el riesgo.
La estación podría evaluarse, con las debidas condiciones operativas, como nodo cultural y eventual interfaz del servicio interurbano: sala de memoria ferroviaria, acceso controlado a los murales, información turística y espacio de llegada conectado con la ciudad. Su vocación concreta dependerá de seguridad, capacidad ferroviaria y accesibilidad. Lo importante es evitar dos extremos: mantenerla cerrada hasta que el deterioro sea irreversible o abrirla sin resolver la conservación y la operación.
De piezas aisladas a un sistema patrimonial
El siguiente paso debería ser un inventario del patrimonio ferroviario: edificios, trazos, maquinaria, documentos, fotografías y testimonios; propietario, protección, estado y relación con la operación. A partir de él podría construirse una ruta vinculada con Casa Redonda, la estación de División del Norte, los antiguos patios y los barrios próximos. Señalización discreta, archivos digitales, recorridos educativos y participación de escuelas, universidades, ferrocarrileros y vecinos ofrecerían una narración comprensible sin convertir la ciudad en museo.
La memoria oral también es urgente. Cada año se pierde parte de la experiencia de quienes trabajaron en talleres, recorrieron vías o vivieron al ritmo de los horarios ferroviarios. Registrar entrevistas, vocabulario técnico, fotografías familiares, planos y sonidos debe acompañar la conservación física. Chihuahua nació antes del ferrocarril, pero la ciudad moderna no se entiende sin él. El reto no es regresar al pasado: es incorporar esa herencia al futuro, proteger a tiempo la estación y sus murales, y estudiar con seriedad si los rieles pueden volver a conectar a las personas.
Referencias