
Por, Ruth Sánchez
Todos juzgamos, y juzgamos todos los días.
Según la Real Academia Española la palabra juzgar proviene del latín iudicare, también dice que es el dicho de un juez o un tribunal, o sea determinar si el comportamiento de alguien es contrario a la ley, y sentenciar lo procedente. La misma academia dice que juzgar es formar una opinión sobre algo o alguien, creer u opinar algo y afirmar, previa la comparación de dos o más ideas, y las relaciones que existen entre ellas.
Resumido por la Inteligencia Artificial, juzgar es un verbo que significa formar una opinión sobre algo o alguien, o bien dictar sentencia en un tribunal.
Partiendo del concepto nos debería de ser más fácil dejar de sentirnos superiores porque según nosotros “no juzgamos”, porque todos juzgamos y lo hacemos todos los días con más cosas de las que te das cuenta: cuando eliges qué ropa es mejor para tu día, qué camino tomar al trabajo, cuando eliges qué vas a comer o qué no vas a comer hoy, cuando eliges qué emoción dejarás salir, cada vez que eliges una actitud frente a una circunstancia de tu día a día es porque juzgaste cuál era la ideal, cuando valoras con quién quieres compartir tu tiempo, tu vida, en todo eso juzgas, comparas dos o más ideas, y las relacionas entre sí, y tomas una decisión sobre ello.
Y está bien que juzgues, porque si no tuviéramos la capacidad de hacerlo, no podríamos distinguir entre lo bueno y lo malo, no podríamos elegir correctamente nada en nuestra vida y todo nos daría igual. Juzgar es una capacidad humana, natural y necesaria para la sobrevivencia humana, pero si tocamos el tema espiritual, lo que no tenemos derecho a realizar es condenar, que quiere decir mandar al infierno a alguien, porque no estamos facultados para eso, y ahí es donde la gente se confunde.
Tú no sales con el tipo que no te gusta, y dijiste que no te gustaba porque ya lo juzgaste, tú no comes lo que no te gusta porque ya emitiste un juicio, tú no rechazas un trabajo sin antes juzgar si es conveniente o no para ti, tú no eliges si te cae bien o mal una persona sin haber antes juzgado las razones por las que puede o no caerte bien.
El conflicto de las personas no es por juzgar, para eso todos nos pintamos solos, el conflicto de las personas es porque no te gusta el juicio que va en contra del que tú ya te hiciste, y ahí es donde patinan ricos, pobres, gordos, flacos, feos y bonitos, inteligentes y limitados mentales, políticos y opositores, parientes y amigos.
El reto de juzgar es que lo hagamos tomando en cuenta verdaderamente todo el escenario posible y no solo nuestros sesgos ideológicos, nuestros gustos y traumas, que dejemos de ver solo lo que está enfrente y aprendamos a dejar la falsa empatía de lado para verdaderamente emitir juicios que nos lleven a tomar decisiones correctas en nuestra vida más allá de simples complacencias carnales.
Y esto se logra con educación, con leer, con investigar, con no dejarnos llevar solo por lo que dice una persona en una red social o desde una plataforma artística o política. Se logra cuestionando todo y a todos, se logra buscando la verdad y hacerla parte de nuestra vida, aun y cuando pueda incomodarnos.
Vamos México, eres el águila que devora serpientes.