Entre tizas, campanas y recuerdos: la Centenario que llevamos en el corazón (Tercera parte)

Crónicas de mis Recuerdos

Entre tizas, campanas y recuerdos: la Centenario que llevamos en el corazón (Una Conversación con ex alumnas)

-Tercera parte-

 

Por: Oscar A. Viramontes Olivas

violioscar@gmail.com

 

“La escuela era limpia y no había vendedores ambulantes, nuestros padres no hacían relación con personas extrañas ni con los maestros, ya que, pocas veces nos llevaban a la escuela, por ejemplo, nosotras vivíamos en la colonia Industrial y nos trasladábamos a pie solas a la escuela alrededor de cinco veces en la mañana, y en la tarde durante la semana; la maestra vivía en la J. Escudero y nosotras por la Durango. Llegábamos a tocarle la casa de la maestra Natalia para no venirnos solas. Tenía un sistema muy bonito de dar clase, y nos permitía a los jefes de fila, apoyarla enseñándoles a nuestros compañeros. 

“Las materias eran Historia, Geografía, Ciencias Naturales, Aritmética, Gramática, Operaciones Básicas, problemas razonados, Civismo, entre otras. Nos gustaba mucho la Caligrafía y las labores manuales, ya que, de niñas teníamos que aprender costura, poner botones, hacer ojales, subir o bajar la bastilla, y, para el 10 de mayo, llevábamos un trapito toda la escuela hacía una exposición con los trabajos de cada salón para que fueran las mamás al festejo; mi mamá nunca fue, y yo recogía mi mantel bordado y lo llevaba a casa. Había como 30 alumnos en cada salón, éramos puras niñas en un aula, y en otra estaban los niños, a la hora del recreo, casi no teníamos mucha relación con los varones y menos con un niño que le teníamos mucho pavor, el cual se llamaba Alfredo Nevárez. 

Sus juegos eran muy bruscos, ya que, a lo que más le gustaba jugar era al “chinche y lagua” y en varias ocasiones nos aventaban, por lo que, siempre optamos en jugar juegos muy de niñas, como la comidita. También recordamos que Tencha la mamá del doctor Zavala, Carmen Arquijo y otras compañeras, bautizamos a unos muñecos que parecían bebes, no sé si todavía existan, porque después serían remplazados por las Barbees. Para ir al centro de la ciudad, podíamos pasar por el puente Rojo, también por la 11ª y había unos fuertecitos de concreto, unas gentes ponían unas piedras grandotas y unas tablas, para pasar para irnos y nos cobraban dos centavos, porque no iba uno sola, iba con la mamá, por decir, derechito todo lo que es la 27ª, la 29ª o la 31ª, esas personas abusadas porque se beneficiaban ellos, y nos beneficiaban a nosotros, ponían esos tablones, aunque no era un río con mucho agua, siempre llevaba agua, entonces ponían esas piedras grandotas y por ahí pasábamos y veníamos a dar lo que es el mercadito Juárez, nos evitábamos ir hasta la colón y agarrar la Juárez hasta allá, el primer puente es el Rojo, estaba la estación del ferrocarril en donde ahora es el conservatorio de música a un ladito de la Pacheco.

“Pero nuestro paso por la escuela estaba por concluir y la maestra Natalia Portillo de Santana, empezó a organizar la sencilla pero emotiva ceremonia de graduación del año escolar 48-49; nos hizo con mucho cariño las invitaciones y lo que sería la fiesta de despedida; seleccionó detalladamente los vestidos de graduación que eran en tono pastel, lo disfrutamos enormemente porque para la mayoría era nuestro primer vestido de fiesta, ya que, al vivir en un barrio humilde, no habíamos tenido las posibilidades de tener uno, pero gracias a nuestra maestra Portillo, la mayoría pudimos tenerlo. A nuestras mamas, les tocó hacer muchas actividades dos meses atrás para poder tener nuestro vestido, haciendo tacos de papitas, de carnita molida, otras hacían garrafones de aguas frescas para acompañar esos tacos, era puro trabajar por parte de nuestras mamás, haciendo actividades para todo el barrio de Santo Niño, aunque muchas éramos de la colonia Industrial, y también acarreábamos a las de la Industrial para que cooperaran con nosotras.

“Una ventaja es que mi mamá Eloísa Mejía de Lechuga, era modista y me acuerdo que nos había hecho el vestido a varias, la mitad eran azules y las otras rosas. Las otras mamás eran Alejandra Morales de Ramírez, Guadalupe Ostos de Villalobos y mi tía María Luisa Barrio de Foxan, ahí viví mientras estaba en la escuela, y me acuerdo del vestido de tul azul. Al mismo tiempo, cuanto llorábamos al cantar al final de la ceremonia, las nostálgicas golondrinas, presintiendo que esto era un verdadero adiós.  El hermoso edificio de nuestra escuela ya no existe, sucumbió a la modernidad, no era funcional dijeron, jamás pensaron que era un testigo de la arquitectura de principios del siglo pasado, un monumento a la niñez de nuestro barrio y a los queridos maestros ejemplo de vocación y esfuerzo, la escuela desapareció pero siguen presentes en la memoria y en nuestros recuerdos, y los vemos con claridad sus enormes salones con pisos de madera y grandes ventanales, los patios uno con árboles y la pila, y el otro con las gradas y cancha de básquet bol, al final de los patios, estaban los sanitarios, no había timbre, todos los días se tocaba la campana a la hora de entrada y salida y al recreo, mañana y tarde, las puertas de la escuela siempre estaban de par en par.

“La Mtra. no nos llevaba muchos años, era muy joven, tendría 23 años, hace 3 años fuimos a sus 80 años, ahorita tiene 83 años, en noviembre cumple 84, cuantos tenemos 75. ella ha sufrido la pérdida de su esposo por eso está un poco acabada, pero es una persona joven, hermosa, que tiene muchas cualidades, mucho ánimo, así que todas las que nos reunimos tenemos hijos profesionistas y estamos orgullosas porque nos dio buenos cimientos, nos enseñó principios, ella tiene una hija doctora. Fue una generación que ahorita al paso del tiempo que ya todas somos personas mayores de la 4ª edad, han sido familias productivas, trabajadoras y esa responsabilidad que había en nosotros niños en aquel tiempo, se ha transmitido a las familias...Esta crónica continuará.

“Entre tizas, campanas y recuerdos: la Centenario que llevamos en el corazón”, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea los libros de la colección de los Archivos Perdidos, tomos del I al XIII, adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111). Además, tres libros sobre “Historia del Colegio Palmore”, adquiéralos mandando un mensaje al celular 614-148-85-03 y con gusto se los llevamos a domicilio. 

 

Fuentes:

Sra. Margarita Ramírez Morales. Etelvina Villalobos Ostos (Etel), Lilia Lechuga Mejía, María Elena Núñez Barrio y Fototeca-INAH-Chihuahua.

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Cruz Pérez Cuéllar y la educación en su eje de plataforma política 

Luego de acudir este sábado a la sesión del Consejo Nacional de Morena en la Ciudad de México, el virtual candidato del partido a la gubernatura de Chihuahua, Cruz Pérez Cuéllar, en su regreso este domingo sostuvo un encuentro con el secretario de Educación Pública federal, Mario Delgado.

Durante la reunión, ambos políticos dialogaron sobre las necesidades del sector educativo en la entidad y cruzaron puntos de vista respecto al diseño del proyecto de gobierno que Morena presentará en la entidad.

Pérez Cuéllar ha detallado que la educación formará parte central del plan de trabajo que construyen rumbo a la contienda estatal.

Este tipo de encuentros representan oportunidad de gestiones en infraestructura educativa, becas y cobertura regional con las políticas que impulsa el Gobierno Federal-

 

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