
M. Arq. Mario C. Contreras Figueroa, Bitácora Urbana
La semana pasada analizamos el patrimonio ferroviario como una red de edificios, vías, talleres, relatos y posibilidades de movilidad. Esa reflexión conduce a una pregunta mayor: ¿qué ocurriría si, en lugar de conservar cada pieza por separado, utilizáramos ese patrimonio para construir una nueva centralidad urbana? El entorno de Expo Chihuahua y Casa Redonda ofrece una oportunidad excepcional para hacerlo.
La propuesta no consiste solamente en embellecer los alrededores del centro de convenciones ni en añadir otro museo. Se trata de desarrollar un subcentro urbano complementario al Centro Histórico, capaz de reunir actividad empresarial, turismo de reuniones, cultura, vivienda, servicios, espacio público y memoria industrial. Expo Chihuahua y Casa Redonda serían sus dos núcleos: uno generaría economía y visitantes; el otro aportaría identidad y continuidad histórica.
Expo Chihuahua nació por iniciativa empresarial y comenzó a construirse en 1997 con una nave de exposiciones de 7,000 metros cuadrados. Posteriormente incorporó espacios para congresos y convenciones en 2004 y una nueva ampliación iniciada en 2014. Su propia misión reconoce al recinto como detonador del desarrollo económico y del turismo de reuniones (Expo Chihuahua, s. f.). El siguiente paso lógico no es pensar únicamente en más superficie interior, sino en la ciudad que puede formarse alrededor.
Un centro de convenciones aislado funciona por episodios: recibe miles de personas durante un congreso y pierde intensidad cuando termina el evento. Un subcentro, en cambio, mantiene actividad cotidiana porque combina empleos, hoteles, oficinas, restaurantes, vivienda, comercio, cultura y servicios. Las calles dejan de ser simples accesos y se convierten en lugares donde también permanecen residentes, trabajadores y visitantes.
No se pretende competir con el Centro Histórico ni trasladar sus funciones. Esta sería una centralidad complementaria, próxima y conectada con él. Su ámbito debería estudiarse desde la glorieta de Juárez y la avenida Tecnológico hasta Expo Chihuahua; desde el corredor de División del Norte y la antigua estación hasta el barrio del Santo Niño; y hacia la franja comprendida entre el Centro, la estación y el hospital. La delimitación definitiva tendría que surgir de un programa urbano específico, no de una línea arbitraria.
Expo Chihuahua sería el motor económico y funcional. A su alrededor pueden establecerse hoteles de distintas categorías, oficinas, centros de negocios, restaurantes, servicios para organizadores y expositores, espacios de trabajo compartido y comercio relacionado con congresos, industria y salud. El objetivo sería capturar en la zona una mayor parte de la actividad que hoy se dispersa por la ciudad y, al mismo tiempo, facilitar la experiencia de quienes asisten a un evento.
Casa Redonda desempeñaría un papel diferente. La reciente apertura del Museo de Arte Contemporáneo Águeda Lozano en la rehabilitada Quinta Touché incorpora una nueva sede para esta expresión artística (Gobierno Municipal de Chihuahua, 2026). Esto permite replantear Casa Redonda desde su singularidad: patrimonio ferroviario e industrial, memoria de los trabajadores, exposiciones de sitio, archivos, educación y actividades culturales vinculadas con la historia urbana.
Ya existe un antecedente de integración. En 2023 se anunció la conexión física entre Casa Redonda y Expo Chihuahua mediante un puente y la renovación de las áreas exteriores con elementos ferroviarios (Gobierno del Estado de Chihuahua, 2023). Esa intervención debe entenderse como el comienzo de una relación urbana más amplia. Conectar dos edificios es valioso; conectarlos con el barrio, la estación y el resto de la ciudad es lo verdaderamente transformador.
El subcentro tendría que incorporar Avena Número 1, el templo del Santo Niño, las viviendas vernáculas, la antigua estación y los murales de Leandro Carreón. No forman un conjunto homogéneo, pero precisamente ahí reside su riqueza: expresan la historia productiva, ferroviaria, religiosa y doméstica de Chihuahua.
Avena Número 1 permanece como un testimonio de la arquitectura industrial y de una actividad económica que marcó al sector, aunque su abandono prolongado ha puesto en riesgo el inmueble (Sánchez, 2026). Su recuperación podría admitir usos culturales, gastronómicos, creativos o empresariales compatibles con su carácter. El templo del Santo Niño y las viviendas tradicionales aportarían la escala humana que generalmente falta alrededor de los grandes recintos.
División del Norte funcionaría como corredor patrimonial hasta la estación ferroviaria, mientras la avenida Tecnológico, desde la glorieta de Juárez, podría convertirse en el acceso metropolitano al distrito. Para ello no basta colocar señalización: se requieren banquetas continuas, sombra, cruces seguros, iluminación, transporte público, arbolado, ciclovías donde resulten viables y una secuencia legible de espacios públicos.
Parte de las viviendas podría reutilizarse como cafés, restaurantes, pequeños hoteles, galerías, despachos, talleres y servicios para Expo Chihuahua. Esta adaptación permitiría conservar inmuebles y generar ingresos, pero no debería sustituir indiscriminadamente el uso habitacional. Un distrito compuesto únicamente por negocios se vacía por las noches y eleva la presión sobre quienes ya viven ahí.
La estrategia necesita combinar nuevos usos con protección residencial: incentivos para rehabilitar, reglas para conservar fachadas y volumetrías valiosas, apoyos para propietarios, vivienda en los nuevos desarrollos y mecanismos que eviten el desplazamiento. La mezcla debe incluir hoteles y oficinas, pero también habitantes permanentes, comercio cotidiano y servicios de barrio.
La zona entre la estación y el hospital ofrece oportunidades para desarrollos complementarios de mayor intensidad. Allí podrían localizarse hoteles, oficinas, consultorios y edificios mixtos, siempre que las alturas, estacionamientos, accesos y transiciones hacia las viviendas se regulen mediante un proyecto urbano integral. No se trata de llenar cada terreno disponible, sino de construir continuidad entre sectores que hoy funcionan como fragmentos.
Expo Guadalajara muestra la capacidad de un recinto ferial para generar un ecosistema de hospedaje, oficinas, comercio y servicios. En 2025 reportó 491 eventos, 2.2 millones de visitantes y una derrama económica de 59,000 millones de pesos. En 2026 se anunció además un Distrito Urbano Expo orientado a mejorar movilidad, conectividad peatonal y espacio público, así como a detonar desarrollos turísticos, comerciales y habitacionales (Romo, 2026).
Chihuahua no debe copiar esas dimensiones ni suponer que ambos mercados son equivalentes. La enseñanza útil es el método: el éxito no se mide solamente por los metros cuadrados rentados dentro del recinto, sino por el empleo, la inversión y la vida urbana producidos en su entorno. Nuestro caso incluso posee una ventaja diferencial: el patrimonio ferroviario y la identidad del Santo Niño pueden evitar que el distrito termine convertido en un paisaje genérico de hoteles y estacionamientos.
El primer paso sería formular un plan parcial, que incluya inventario de predios, inmuebles patrimoniales, vivienda, actividad económica, infraestructura y movilidad. El PDU 2040 ofrece el marco general de centros y subcentros, pero esta zona requiere reglas detalladas de usos mixtos, alturas, conservación, estacionamiento compartido, imagen urbana y captación de plusvalías para financiar espacio público (IMPLAN, 2024).
Después habría que acordar una gestión común entre Municipio, Gobierno del Estado, Expo Chihuahua, autoridades culturales, propietarios, empresarios y vecinos. Un subcentro no surge de una sola obra ni de una administración: necesita una cartera gradual de proyectos, responsabilidades definidas, inversión pública y privada, y medición de resultados.
Las piezas ya existen: Expo Chihuahua, Casa Redonda, Avena Número 1, el templo del Santo Niño, la estación, los murales, las viviendas tradicionales y los corredores que las conectan. El proyecto pendiente no es construir otro edificio emblemático. Es conseguir que el patrimonio genere identidad, que las convenciones produzcan ciudad y que este conjunto comience a funcionar como una verdadera centralidad para quienes lo visitan, trabajan y viven en él.